Aitana Ocaña, la verdadera ganadora de ‘Operación Triunfo’


Que Amaia Romero es una artista excepcional es incuestionable. Las evidencias cantan (obvio en este caso). Que puede llegar lejos, no es ninguna novedad. Pero que Aitana Ocaña, de momento, es la gran estrella de la resurrección de ‘Operación Triunfo‘ no admite discusión. Lleva meses sonando en todas partes, encabezando listas, pegándose a la piel como la lluvia tibia de primavera (esto me ha quedado cursi, pero no lo voy a quitar) y poniendo una pizquita de ‘joie de vivre’ (esto también, será que tengo uno de esos días) a nuestra existencia.

A punto de acabar la segunda edición, que probablemente ganará Famous (casi todos los demás concursantes me parecen anodinos, estándar e intercambiables), todavía estamos asimilando el aluvión de lanzamientos de los otrora denominados ‘triunfitos’ (por suerte esta expresión está cayendo en desuso y yo la recuerdo aquí con el aprecio que tengo por lo ‘vintage’) que intentarán perdurar más allá del fulgor de este concurso.

Ecos del pasado

La semana pasada se publicaba el EP de Aitana Ocaña, ‘Tráiler’, cinco canciones y una remezcla de ‘Teléfono’, que a mí me teletrasporta al clásico de Mina ‘Se telefonando’, que compuso el mítico Ennio Morricone, una melodía como una espiral, que de vez en cuando escucho en bucle como si me encontrara en un laberinto de partituras. Me ha venido a la mente esta canción no por el estilo, que no tiene nada que ver con la de Atiana, sino por el teléfono como arma arrojadiza, como vehículo de amores y desamores, encuentros y desencuentros, susurros, gritos, llantos, sueños rotos y promesas cumplidas.

En un día en el que peno por los rincones de mi casa por el resultado electoral en Andalucía, tengo a Aitana Ocaña de banda sonora y me dan ganas de seguir viviendo. ¿No os parece maravilloso que alguien o alguien os suscite así? Pues a mí me pasa, que me pongo ‘Teléfono’ y me apetece tirar el mío por la ventana y desconectarme del mundo para cantar y bailar, para exorcizar los extremismos, el odio, el afán por dividir, los trileros sin escrúpulos, los políticos que gobiernan de espaldas a nosotros y la maldad, que como decía Alaska, siempre se vuelve.

 

Éxito seguro

Aitana Ocaña ha llegado y se quedará. Estoy seguro. Ojalá que su compañera Amaia Romero escape a esa especie de maldición que tienen los ganadores de este formato, híbrido entre ‘talent’ y ‘reality show’, que acaban teniendo menor repercusión que los que quedan en posiciones inferiores. Manuel Carrasco y Pablo López no se llevaron el primer premio y son grandes estrellas, pero no son los únicos.

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Espero también con ganas ese disco que está cocinando a fuego lento que preveo mucho menos festivo e introspectivo que las canciones de Aitana, pero que, seguro, también tocará las teclas de los mejores sentimientos del ser humano. De momento, a nivel mediático le han tomado la delantera Aitana, Cepeda, Agoney, Miriam (siento decir que su primer trabajo, ‘Cicatrices,’ me ha parecido muy por debajo de sus capacidades, lástima), Ana Guerra y hasta su ex, Alfred García.

La música no sé si afianzará las fieras, pero yo necesito banda sonora. Mata los silencios vacíos, adorna el lado gris de la vida, nos invita a levantarnos del sillón y es el mayor antídoto contra la apatía. Así que me echo a las calles con Aitana en mis auriculares, mientras en televisión siguen echándose las manos a la cabeza por los de Vox. ¿Y qué esperábamos?

Aitana, forever!