Alfred García, de nuevo cuestionado por lo de siempre


Es el día de la marmota. Y me gustaría no tener que escribir más sobre Alfred García en un tiempo, porque ya he dicho todo lo que pienso, pero los titulares ajenos me meten otra vez en la boca del lobo. De hecho, mi intención era comentar que anoche vi ‘La Voz’ y cualquiera de los concursantes cantaba mejor que casi todos los que han participado en la última edición de ‘Operación Triunfo’, pero se me han cruzado unos artículos llenos de veneno.

Resulta que les gusta mucho su disco a la princesa Leonor y la infanta Sofía y ya han proliferado algunos artículos alarmistas diciendo sandeces como que el catalanismo se mete en Zarzuela, como si fuera la gripe porcina. Si Alfred García fuera de Murcia, qué hermosa eres, o de Extremadura, esa región eternamente olvidada por los gobernantes, no pasaría nada. Ni sería noticia. Claro que ante afirmaciones de este calado, me pregunto si lo que están sugiriendo a los reyes es que sus hijas escuchen a José Manuel Soto o a Bertín Osborne, cuya españolidad no está en tela de juicio.

Respeto a los artistas

Como periodista no me queda más remedio que estar informado, pero hay días que me planteo que tal vez lo único que debería leer es ficción: ensancha mi visión del mundo, ya que soy muy hipermétrope, y me transporta a mundos mejores o incluso, peores, pero me hace crecer como persona. No me cansaré de repetir hasta que me duelan los dedos de teclear una y otra vez lo mismo que los artistas tienen derecho a pensar lo que se les antoje y que por lo que hay que juzgarles es por su obra. No es incompatible leer a Vargas Llosa y a García Márquez, ver películas de Clint Eastwood y de Ken Loach. Escritores y cineastas de ideologías antagónicas que, sin embargo, en los valores humanos, los que nos convierten en seres civilizados, estarían más que de acuerdo.

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1016: portada oficial. 16 canciones. 14 de diciembre.

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Estigmatizar a alguien como Alfred García con argumentos demagógicos y afirmaciones falsas tiene dos consecuencias que no se pueden pasar por alto. La primera es fomentar el odio hacia quien no comparte tus puntos de vista (lo mismo sí, porque la animadversión, en este caso, se basa en suposiciones). La segunda, más concreta y precisa: hundir la carrera a alguien. Que es lo que parecen intentar conseguir con afirmaciones de este tipo. Quiero creer que estos medios digitales tienen poca influencia y que los lectores disponen de suficientes neuronas como para desestimar artículos que son impropios del rigor y la ética profesional.

Víctima de ataques

No me gusta juzgar a compañeros, porque todos cometemos errores alguna vez, incluso de juicio, pero son publicaciones de este tipo las que están desprestigiando una profesión imprescindible para el buen funcionamiento de la democracia. Como dijo en una ocasión Bob Pop, tal vez estamos eligiendo mal los referentes para defender según qué causas, pero cuando alguien se propone hacer daño a otro deliberadamente, me da igual que haya salido de ‘Operación Triunfo’ o esté en el número uno de Billboard. Para mí no hay víctimas de primera o de segunda.

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Calas de alegría.

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Solo deseo que Alfred García no se desanime, que no le hagan mella estos ataques y que siga a lo suyo. Su derrota sería la victoria de los malos de la película. A mí me gustan los finales felices. Por último, un consejo: los malos sentimientos son perjudiciales para la salud.

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