Anne Igartiburu, el triunfo de elegancia frente a la exhibición


En mi casa se ven las Campanadas en TVE (mi madre idolatra a Anne Igartiburu), pero desde que las presenta Cristina Pedroche en Antena 3, hacemos ‘zapping’ para ver cómo es el vestido que lleva debajo de la capa. Este año, un biquini claramente inspirado en YSL. Una opción tan válida como otra cualquiera. Que tendría más lógica si el copresentador apareciera también en pantalón corto o en bermudas con palmeras. En ese plan… Aunque se ve que es una opción que todavía no contemplan.

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Si a ella y a los programadores de su cadena les apetece pasear sus 30 primaveras con un modelo de Tot-Hom del que se seguirá hablando mucho tiempo, nadie se lo impide. Faltaría más… Ya hace mucho que se ha demostrado que es una jugada rentable. Además, tiene a la sociedad polarizada entre los que creen que hace un flaco favor a las mujeres y los que aplauden que haga lo que se le ponga en la peineta. Yo estoy con los segundos.

Cada quien se representa a sí mismo y es responsable de sus actos. No una presentadora de televisión, con mejor o peor gusto para elegir sus estilismos. Porque ese es el pero que le pongo, que no coincido en sus elecciones para Nochevieja. Como tampoco me gustó el vestido que se puso Ruth Lorenzo para dar las Campanadas desde Canarias. O la capa española que solía lucir Ramón García. Yo soy de otro palo, dadme una Nieves Álvarez, una Isabel Preysler, una Carolina de Mónaco… Que no pasa nada, que Kim Kardashian también tiene derecho a vivir.

Modelazo de Caprile

Cristina Pedroche ha convertido ya en un clásico lo de echar toda la carne al asador. Será notición el día que se ponga un vestido de noche como los que luce Anne Igartiburu, en esta ocasión de nuevo de Lorenzo Caprile, todo un maestro de la costura, o un esmokin de Avellenada como el que se marcó Lara Álvarez. Si se produjera ese escenario, podríamos juzgar a las tres presentadoras en igualdad de condiciones. De momento, la mujer del chef Dabiz Muñoz rompe la baraja año tras año y en esta ocasión ha hecho una pirueta aún más complicada: escoger un traje de baño.

Las cualidades de Pedroche

Con atuendos de esas características resulta muy complicado que calen los alegatos a favor de la causa que sea, la libertad de la mujer, la lucha contra el maltrato o el ecologismo. Es como si Javier Marías o Mario Vargas Llosa dieran una conferencia con un tocado de flores y frutas de los que llevaba Carmen Miranda. Saldría la gente espantada o muerta de la risa. Entiendo que la Nochevieja es un momento festivo, pero a mí me da hasta pena ver pasar ese frío a la estrella de Antena 3. Contemplarla convertida en una Mama Chicho ‘millennial’ me parece que está muy por debajo de las cualidades que muestra en ‘Zapeando’, pero ya digo que se lo pagarán muy bien y posiblemente sirva para apuntalar su presencia en la cadena. O voy más allá: igual es lo que más le apetece del mundo.

Por eso, no me queda más remedio, otro año más, que rendirme a la inteligencia de Anne Igartiburu. Siempre acaba líder de audiencia, sin que se le descoloque un mechón del moño. Son ya 14 los años consecutivos que lleva presentando este espacio y, al menos que yo recuerde, lo de menos ha sido siempre su vestido. En esta edición, muy acertado y que, salvando las distancias, a mí me hacía pensar en el DelPozo que llevó a su visita de Estados a París la reina Letizia, que ya lo había lucido también en alguna ocasión anterior.

Estrellas sin programas

Anne Igartiburu es todo un ejemplo de cómo sin hacer ruido se puede tener una carrera sólida en televisión. Sin necesidad de jugárselo todo a su cuerpo, que también lo tiene, o a polémicas estériles, que acaban siendo caviar para hoy y mendrugos de pan para mañana. Son muchas las mujeres que han sido víctimas del ‘ageism’ en la pequeña pantalla (que ya ha dejado de serlo). Un día, cuando te quieres dar cuenta, te preguntas: ¿Qué pasó con…? Los hombres, por el contrario, lo tienen más fácil, no les toca salir luciendo abdominales y enseñando pierna, y cuando se les caen las carnes, ‘c’et fini’. Pueden pasear su decadencia física sin que nadie repare en ella.

Pueden estar calvos, gordos, desfondados, que no les va a faltar trabajo. Sin embargo, no puede decirse lo mismo de ellas, a las que el mercado arrincona llegada cierta edad. Casi ninguna de las que se dio en llamar ‘chicas Hermida’, todas estupendas profesionales, tiene un programa de televisión propio, tampoco Isabel Gemio, que consiguió unas audiencias difícilmente repetibles, la propia Julia Otero, grande entre las grandes se merece desde hace siglos un buen ‘prime-time’.

Carreras longevas

El machismo en el mundo de la imagen es tan evidente como los trajes de Cristina Pedroche en Nochevieja. Hay excepciones como Mercedes MIlá o María Teresa Campos, pero en sus carreras el atractivo físico ha sido lo de menos y, cada una a su modo, lo ha tenido. Otra cuestión es cómo hagas uso de él, porque Anne Igartiburu nunca ha pretendido convertirse en objeto de deseo ni es ‘influencer’ ni se rige por las modas, unos códigos tan cambiantes, que al final siempre te pillan a contrapié.

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En cualquier caso, hay distintas maneras de encarar una carrera, como si fueran los cien metros lisos, dándolo todo, haciendo caja y replegándote a tus aposentos, o como una maratón que terminas cuando ya estás desfondado y lo que te apetece es sentarte a ver la vida pasar. Cada quién elige, si es que le dejan. Otra variable que también hay que tener en cuenta es que la vida improvisa por uno y que empiezas por un camino comarcal y acabas en una autopista. Dicho con un ejemplo concreto que un día estás gritando ‘Viva la vida’ y a la semana siguiente estás tratando de poner orden en un grupo de tronistas (y viceversa).