Antonia Dell’Atte, excesiva como las estrellas del neorrealismo


No lo puedo evitar. Cada vez que veo a Antonia Dell’Atte siento que me teletrasporto a una película de Vittorio de Sica o de Roberto Rossellini. La imagino en blanco y negro, en una casa encalada con paredes desportilladas, cuadros de santos en todas las estancias y un crucifijo sobre la cama, preparando un plato de pasta que se comerá a tragullones su marido cuando llegue de trabajar en el campo, con una camiseta blanca de tirantes manchada por el sudor y la barba de una semana.

Antonia Dell’Atte no ha sido actriz porque es un personaje en sí misma. Histriónica, con unas manos que dictan sentencias y unas miradas que pueden dejarte con las piernas temblando, ha sido modelo, ha trabajado en televisión y, sobre todo, famosa.

Programa culinario

No la he seguido en ‘MasterChef Celebrity’, donde ha sido una de las concursantes, porque no me gusta cocinar y nunca tendría la paciencia de aprender. No me salen bien ni los huevos fritos y, si me apuran, ni las tostadas, así que ver a un grupo de individuos peleando contra el tiempo para elaborar un plato no me parece el mejor plan de domingo. Con todos mis respetos para el formato, que es un éxito de audiencia.

A Antonia Dell’Atte la vi por primera vez en el estreno de ‘Kika’ de Pedro Almodóvar en la Gran Vía de Madrid. En aquel entonces era un estudiante llegado de Castilla La Mancha a quien tener en frente un famoso de cuerpo presente era un acontecimiento como el que espera un eclipse lunar que ocurre cada doscientos años. ¡Estaba fascinado!

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Allí, apostado con mi amigo Claudio, cuando llegó le dije (ahora jamás haría algo así): «Antonia, no te vayas nunca de España». Y se ve que me hizo caso, porque no se ha acabado de marchar y sigue siendo una ‘socialité’ que reparte a diestro y siniestro cada vez que comparece en un evento o en un programa de televisión.

Su salto a la fama en España

En aquel entonces conocía a Antonia por aquella mítica intervención en ‘La máquina de la verdad‘ de Julián Lago y estaba al tanto de que había trabajado con Armani, de quien a día de hoy, como Gina Lollobrigida, sigue luciendo modelos ‘vintage’.  Había algo en ella que me fascinaba, su manera de hablar, que convertía a Raffaella Carrá en académica de la lengua española , su cara inmensamente femenina, pero masculina al mismo tiempo, y su osadía de decir cosas sin filtro (o con uno que a mí se me escapaba).

Antonia, al menos por lo poco que he visto de ella en el programa culinario, parece seguir siendo fiel a sí misma y, con el poso que deja el paso del tiempo, en su rostro, en sus ademanes, está más Anna Magnani o Sophia Loren que nunca. And frankly, me parece una maravilla.

Genuina

En un mundo en el que las ‘celebrities’ son intercambiables, los estilistas van a los mismos ‘show-rooms’ y casi nadie sale de lo políticamente correcto por temor a ser linchado en las redes sociales, se agradece alguien tan genuino como la exmujer de Alessandro Lequio.

Así que desde aquí renuevo esa petición que le hice hace varias décadas: «Antonia, no te vayas nunca de España».