Cómo desactivar a un adversario que quiere discutir


Hay gente que siempre gana en el conflicto, en la confrontación, en las escaramuzas. Están acostumbrados a bregarse en batallas que ni siquiera son dialécticas, en encontronazos en los que prima la ley del más fuerte. A través del grito, el insulto, el argumento ‘ad hominem’, descalificarte como persona cuando sabes que la razón no te acompaña. Así que hoy vamos a dar algunas claves para desactivar a un adversario que quiere discutir.

Es muy común en nuestro día a día ver políticos que se arrojan soflamas como cuchillos de faquir, que se enrocan en argumentarios más que en ideas y que repiten hasta la extenuación consignas que apelan a los sentimientos primarios y no al intelecto. En general son situaciones ‘win win’ porque las partes enfrentadas consiguen distraer a sus votantes de las cuestiones de calado, de las privaciones diarias y les meten en una dinámica de lucha por un espacio del ring político, pero no para empujar a sus representantes a que peleen por un mundo mejor.

No responder a los ataques

Lo mismo nos ocurre en nuestra vida cotidiana. Nos encontramos con personas que no van a estar dispuestas a dialogar porque no saben o no quieren hacerlo, a intercambiar ideas para llegar a un consenso, sino que esperarán de nosotros la gasolina para encender su fuego.

A veces serán discusiones como fines en sí mismas, individuos pendencieros que disfrutan con una reyerta, que no buscan otra cosa que entretenimiento. Otras serán con el propósito de alcanzar objetivos que nos pueden perjudicar. Y es en estos casos cuando hay que echarles el alto.

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La mejor manera de desactivarlos es no pisar su terreno.  Que se encuentren nuestro silencio, que vean que nosotros también somos tozudos para ignorarlos. De esta manera se encontrarán fuera de juego, porque lo que esperarán es que respondamos a sus ataques. Al no hacerlo serán predicadores en el desierto y sus argumentos baldíos se encontrarán sin eco, hueros, sin destinatario.

Luchar por lo que es tuyo

En el caso de que lo que esté en juego sea importante y no queramos que se nos imponga algo porque sí, debemos mantenernos firmes, evitar los gritos, recurrir a la templanza y buscar la forma de que sus proyectiles sean ineficaces. Para eso se requiere tener muy claro el margen que estamos dispuestos a ceder y no dejarnos embaucar por sus distintas estrategias, que pueden pasar de la ira a buscar compasión y provocar lástima. Suelen ser individuos hábiles y versátiles para transitar por distintas emociones en cuestión de minutos. Por eso, conviene estar muy alerta y no subirnos a su montaña rusa.

Aferrarnos a la razón, al sentido común y solo ser inflexibles si no hay otro camino son las opciones para al final salirnos con la nuestra.