Cómo relacionarse con un intransigente sin perder los papeles


La política o la religión son cuestiones sobre las que es mejor no discutir, salvo que sepas que tus interlocutores sean personas comprensivas, dialogantes y tolerantes con la diferencia. De lo contrario acabarás en medio de una discusión cuyas consecuencias pueden ser graves e incluso irreversibles. Vamos a ver las claves para hacer frente a alguien intransigente (o evitarlo)

Yo mismo tuve hace un tiempo una acalorada discusión con un amigo sobre la gestación subrogada, algo sobre lo que tenemos diferencias irreconciliables. Una cosa llevó a la otra y cuando nos quisimos dar cuenta pasamos seis meses sin dirigirnos la palabra. Por suerte, prevalecieron las cosas que nos unen y ahora ambos evitamos los asuntos que tenemos a flor de piel.

Aunque lo ideal sería que concibiéramos estas cuestiones como algo sobre lo que se puede charlar e incluso aprender sobre puntos de vista diferentes, en general las personas tendemos a comportarnos ante nuestro partido político, si es que somos fieles a uno, o nuestra religión, si somos creyentes, como si fuéramos forofos del fútbol.

Evita el conflicto

No aplicamos a estas ocasiones la razón que sí sabemos utilizar para casi todas las demandas que la vida nos pone por delante. Podemos perder los papeles por defender lo indefendible, con tanta virulencia que parecería que nos tienen a nómina.

Convendría en estos casos es escuchar sin intervenir más allá de con obviedades y en cuanto sea posible derivar la conversación hacia otros derroteros. No nos engañemos, ni tú vas a cambiar de opinión ni los demás tampoco.

Incluso aunque escuches aberraciones, falacias o mentiras lo mejor es no entrar al trapo porque entonces ya estarás perdido. La gente muy vehemente suele ser pésima para llegar a consensos, porque su mente funciona como si tuviera un listado de consignas o un argumentario que repetirán hasta la extenuación, con una técnica de disco rayado: digas lo que digas, ellos te espetarán lo mismo una y otra vez.

Quédate con lo mejor de ellos

Tú también podrías optar por exponer tus argumentos con tranquilidad, reposado, con hechos más que con opiniones, pero no servirá de nada. Se revolverán como culebras y recurrirán al ‘y tú más’ o incluso serán capaces de sacar de la chistera hechos no veraces con apariencia de serlo. Son sofistas muy hábiles para enredarte y que, al final, aunque tengas la razón serán ellos quienes se marcharán a casa con la sensación de que han hecho imperar su verdad.

Lo ideal es, como cantaba Rocío Jurado, «agua que no has de beber, déjala correr». Quédate con lo mejor de esas personas y disfruta de sus buenas cualidades, pero evita la confrontación en los asuntos en los que jamás os vais a entender.