Cristina Pedroche: lo suyo no es empoderamiento ni feminismo


Estoy muy a favor de que la gente enseñe centímetros de piel, que el cuerpo no sea tabú. Como decía Carmen Orozco, el irrepetible personaje de Concha Velasco en la serie ‘Herederos‘: «Mi hijo no es homosexual, es sensible a la belleza’. Yo también soy sensible a la belleza, masculina o femenina. Me gusta ver gente guapa que tiene el ansia de la juventud, que rezuma joie de vivre, faldas menguantes, piernas crecientes, camisetas de tirantes, prendas ajustadas, etc.

Creo que no cultivamos lo suficiente los sentidos y que si lo hiciéramos, si nos dejáramos mas llevar por el tacto o por la vista, que por las neuras, los complejos y las obsesiones, seríamos capaces de sentir a través de las yemas de los dedos el placer palpitante del deseo, si miráramos más, no hasta el punto de ser voyeurs (o también, siempre que no se traspasen ciertos límites), sino que fuéramos capaces de prestar más la atención a lo que se nos ofrece de manera natural, en las redes sociales habría menos ‘haters’ y no consideraríamos que estamos en un valle de lágrimas.

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Cuenta atrás… #PedrocheCampanadas 🍇😜

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Libre, libre quiero ser

Dicho todo esto para reivindicar el derecho que tiene Cristina Pedroche a ponerse vestidos que muestran más que insinúan, que están al servicio de una anatomía que quiere lucirse, contonearse, pasar a ser parte del imaginario de una memoria colectiva ávida de nuevos mitos eróticos. Ser sexy y ejercerlo no es delito, señoras y señores.

No entiendo por qué se la ataca por ser libre, por jugar con la ropa y por trabajar con el atuendo que se le antoja. El problema viene cuando se quiere dar un paso más allá y disfrazarlo de empoderamiento o incluso de feminismo. Por ahí ya no paso.

Juncal Rivero, pionera

Durante décadas Juncal Rivero lució vestidos de ese tipo (igual algo más recatados) para presentar ‘Noche de fiesta’ y a nadie se le ocurrió pensar que la exmiss España fuera Flora Tristán o Clara Campoamor. Ni ella misma se puso de ejemplo de nada. Se limitaba a plantarse unos modelazos de grande soirée con el andamiaje de su impactante estructura ósea, a presentar con Silvia Gambino pases de modelos en calzoncillos, contadores de chistes en horas bajas o folclóricas a las que se les lanzaban claveles que, porque dios no lo quiso, podrían haberles sacado un ojo.

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Revestir de simbolismo algo que consiste simplemente en dar las campanadas en transparencias me parece dejar en mal lugar a mujeres que sí se dejan la piel, pero de otra manera, para luchar contra las desigualdades, la discriminación, los hechos vandálicos o, por quedarnos en televisión, simplemente por ejemplo demostrar que el deporte no es solo cosa de hombres, como han hecho durante décadas María Escario o Paloma del Río sin enarbolar banderas.

La opinión de Lara Álvarez

Cristina Pedroche es una presentadora simpática, guapa y divertida, con la que cierta audiencia se siente identificada, que se ha hecho un hueco con las cartas que ha decidido jugar y no se la debe criticar por ello. Igual que los tronistas tienen derecho a existir o los concursantes de ‘GH Vip’, faltaría más (sin querer decir yo con esto que juega ella en la misma liga, pero para entendernos). Sin embargo, dar trascendencia una y otra vez a los metros de tela que se va a plantar en las Campanadas, es matar moscas a cañonazos, es comparar los telemaratones con los voluntarios que se juegan la vida en países como República Centroafricana o Siria.

No me extraña que Lara Álvarez haya salido ya un tanto hastiada y haya dicho que ella va a ir con un esmokin de Avellaneda y, aunque también estamos acostumbrados a verla en bikini en ‘Supervivientes’, no quiera entrar en debates espurios ni en competiciones absurdas.

Y quizás la campanada la de este año Cristina Pedroche apareciendo cubierta hasta las cejas, pero mucho me temo que no será así. Al fin y al cabo, si el cuerpo te pide marcha, marcha le tienes que dar. Todo guay.