‘Dilema’: la adicción a las series basura


Cuando dejas de creer en muchas cosas. Cuando empiezas a desarrollar cierto grado de misantropía ante la estulticia de la gente. Ese el momento en el que te tienes que aferrar a algo. Y quizás tiras de tus ideales lejos de ayudarte a salir a flote te pueden hundir en una depresión o algo peor. Por eso las series basura son un refugio perfecto para escapar de ‘la puta realidat’. Por ese motivo, ‘Dilema’ es un ansiolítico perfecto. Sobre todo si estás al borde de un ataque de nervios. O si la desidia se ha apoderado de ti.

Netflix lleva un tiempo apostando más por la cantidad que por la calidad. Por el contrario, HBO, con un catálogo más reducido, nos regala, eso sí con cuentagotas, joyas como ‘Chernobyl’. O nos tiene siglos esperando la segunda temporada de ‘Big Little Lies’ con la que, seguro, será una interpretación inconmensurable de Meryl Streep, que se une a Nicole Kidman y Reese Witherspoon. Sin embargo, yo prefiero la primera plataforma a a la segunda. Porque, lo confieso, amo los subproductos. Y tienen para elegir… Me exigen poca concentración, me hacen reír, incentivan mi maldad y disipan la mala vibra.

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Casi tan mala o incluso peor que ‘You’ o ‘Dirty John’ es ‘Dilema’, la clara demostración de que la carrera de Renée Zellweger ha tocado fondo, pero puede hundirse aún más en la segunda temporada, si es que renuevan. Porque si ya son terribles e inverosímiles los de los diez primeros capítulos, es de imaginar que la cosa solo puede ir a peor. Y, por lo tanto, a mejor. La actriz, a quien siempre recordaremos por la nadería de Bridget Jones, se convierte en esta serie en un sucedáneo de Joan Collins en ‘Dinastía’, pero en lugar de pelear por yacimientos petrolíferos es una ‘killer’ de las finanzas que convierte la vida de los que la rodean en un avispero.

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Renée es tan buena actriz que defiende con convicción un personaje esperpéntico que a veces juega a ser Sharon Stone en ‘Instinto Básico’ y otras a Rebecca de Mornay en ‘La mano que mece la cuna’. Con unos filtros que ya los hubiera querido para sí misma Sara Montiel en los años 70, se come con patatas a un reparto tan mediocre que hasta los protagonistas de ‘Alta mar’, el último lanzamiento español de Netflix, parecen Lawrence Olivier y Vivien Leigh a su lado.

El paso del tiempo

Entre tanto actor anodino brilla fugazmente un apocalíptico Julian Sands, que evidencia que el tiempo también hace estragos entre los que una vez fueron el epítome del refinamiento. Este es el flagrante caso de este actor británico, al que adoré cuando tenía ‘el ansia de la juventut’ (perdonadme tanta referencia a Mónica Naranjo, pero cada uno llega hasta donde puede) en ‘Una habitación con vistas’.

Por lo demás, no solo de Bergman se vive. Afortunadamente. Siempre hay malos creadores dispuestos a conseguir que un día paupérrimo y sombrío se transforme en una puesta de sol y Judy Garland nos mande un arcoíris desde el más allá. Y actrices (y actores, de los que podría poner muchos ejemplos) que se van agostando dispuestos a desfigurarse a base de operaciones y pinchazos con tal de aferrarse a una lozanía que se nos escapa como agua entre los dedos. Mientras tanto, habrá que entretenerse y apartar nuestra mente de un mundo que evidencia que ni el pasado ni el presente ni el futuro serán mejores. Simplemente, diferentes.