El rencor destruye: cómo superarlo


Hay pocos sentimientos tan destructivos y peligrosos como el rencor. Nubla el entendimiento, mediatiza nuestros comportamientos y nos deja un pozo de infelicidad que salpica como ácido corrosivo.

Son muchas las familias que se han destruido por herencias ridículas, por envidias maceradas a lo largo de los años o por supuestas injusticias, que vistas con la perspectiva del tiempo son fruslerías. Sin embargo, no se ha dado a torcer ese brazo mental que ha impedido disfrutar de otro millón de situaciones que se hubieran propiciado si se hubiera generado un clima de concordia, en lugar de estar echando sal a la herida.

La envidia

Los rencorosos no son conscientes de que los que más sufren son ellos no los que son objeto de su rencor,  que en muchas ocasiones son ajenos a ese sentimiento devastador emparentado con la envidia. Suelen ser personas resentidas, que se sienten atacados por los demás y que se creen en posesión de un criterio universal sobre lo que está bien y mal.

Superarlo es como hacer una dieta detox o ingresar en un ‘rehab’: te quedas nuevo. Y hay varias maneras de hacerlo, pero dos que son muy eficaces. Una es el perdón, pero no siempre se puede optar por este camino porque, quizás, el agravio es demasiado grande como para pasar página.

Apartarla de tu lado

En ese caso, lo conveniente es apartarte de esa persona que te ha traicionado,  porque seguramente no merezca tu cariño. Nunca he sido partidario de poner la otra mejilla, es una actitud vital que envilece, perpetúa a los miserables en su posición de poder y debilita emocionalmente al agraviado.

No es muy inteligente seguir manteniendo relaciones dañinas, porque no es lo mismo un desliz, una equivocación o un malentendido que un rasgo de carácter o moral. El amor y la amistad, aunque se sustentan gracias a los recuerdos de los grandes momentos, también se deterioran o pueden destruirse. Sostener una relación solo por lo que fue es uno de los errores más comunes que cometemos y que deberíamos aprender a diagnosticar antes de que sea tarde.

La sutileza

Apartar de tu lado a la persona que no te conviene no debe ser algo brusco sino paulatino, sutil y sin buscar la confrontación, porque entonces volveríamos a estar en situaciones mentales de ‘vendetta’.  Debe ser un paso desde el convencimiento de que ya no te hace bien su presencia y que su ausencia no te va a perjudicar.  Además, hueco que ocupa una persona tóxica, lugar que no queda para otra que puede ser mucho más enriquecedora para ti.

En cuanto al perdón, no debe ser solo una fórmula retórica o un acto reflejo sin convicción. Si el daño es tan profundo que va a quedar latente como ‘un Terminator’, lo mejor es que recurras a la opción anterior, porque cualquier pequeño gesto del otro puede ser un resorte que haga saltar de nuevo los reproches y las recriminaciones.

Perdono, pero no olvido

El perdón no es necesariamente sinónimo de olvido, porque lo que te ha hecho daño podría, en efecto, disolverse como un azucarillo en la boca de un caballo, pero puede también quedarse archivado, sin más, igual que un libro abandonado en desván, en el que podemos reparar años más tarde sin hacer aprecio.

Se trata más bien de decidir que no se tienen cuentas pendientes, que la relación vuelve a ser fluida y de aceptar al otro con sus diferencias y sus defectos. Esa es también la esencia del crecimiento personal, rodearnos de gente que nos complemente, no de clones nuestros.