Eurovisión y los eurofans no se merecen este maltrato


Hace muchos años que puedo decir que no soy eurofan, pero en mi infancia y mi adolescencia, cuando aún no se había inventado el término, lo era. El año empezaba y acababa para mí no el 31 de diciembre y el 1 de enero, ni con el ritual de las campanadas sino con el festival de Eurovisión.

Entiendo la preocupación que genera las decisiones equivocadas que un año tras otro se toman para elegir a nuestros candidatos. Porque para los eurofans este certamen musical lo es todo. Muchos de ellos se pasan ahorrando todo el año para poder verlo en directo y para ellos es casi una religión. Se saben los nombres y los resultados de los participantes de todas las ediciones, apoyan a los artistas a muerte y lo viven con tanta intensidad como los forofos del fútbol una final de la Champions. Con todo su derecho, por cierto. De hecho me siento más cercano a ellos que a los que solo saben hablar de un deporte que sirve para anestesiar a las masas y mantenerlas entretenidas mientras otros van convirtiendo nuestro mundo en un lugar peor para vivir

El fenómeno Rosa López

El año pasado Amaia Romero y Alfred García merecieron mejor suerte, pero siento que la televisión pública optó más por el revuelo mediático que por conseguir un óptimo resultado. Ya me habéis podido leer anteriormente que hubiera sido más acertado que fuera ella sola con la canción de Rozalén.  Se ajustaba más a su estilo y estaba a un nivel superior de la que se escogió, según mi parecer, para explotar el lado ‘reality’ de ‘Operación Triunfo’. Induciendo los votos en la dirección en la que salieron, quisieron hacer lo mismo que con Rosa López, pero la jugada salió mucho peor.

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La participación del año pasado

Respecto al año anterior me voy a ahorrar los calificativos porque con la elección de Manel Navarro eché espumarajos por la boca. No me gusta revivir las malas experiencias, así que, chitón. Por cierto que se deberían haber depurado responsabilidades, pero no se hizo.  Nos tenemos que remontar a artistas de mayor fuste como Pastora Soler o Ruth Lorenzo para encontrarnos con una posición digna. Casualmente las dos colaboran ahora en el último disco de Camilo Sesto, de quien un día escribiré como se merece.

Ahora da la sensación de que TVE no tiene el más mínimo interés en que ganemos. Y ante esa tesitura, considero que tal vez no sería mala opción, como han hecho otros países anteriormente, que no nos presentáramos hasta que nos los volviéramos a tomar en serio.

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Desconozco las cifras de beneficio que puede generar la organización de este concurso, pero imagino que serán elevadas. Además, tanto que hemos alardeado de marca España y hemos tenido a muchísimas personas viviendo gracias a ese absurdo concepto de marketing haciendo gestiones absurdas y viajando por el mundo a costa del Estado, una excelente manera de hacer ‘branding’ es trayendo para acá Eurovisión. Sería una campaña de publicidad espléndida para la ciudad en la que lo celebráramos. Como lo fue para Lisboa, gracias a que eligieron a un gran artista, Salvador Sobral, con una  canción excepcional. Como lo va a ser este año para Tel Aviv.

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La edición de este año

Por lo que he leído en Twitter hoy, que han trascendido las canciones candidatas,  no hay mucha esperanza en que lo hagamos bien de una vez. Así que no pienso prestarle más atención que ver la gran final en televisión. Es una cita que me conecta con mis años de inocencia, de descubrimiento y en los que se gestó la persona en la que me he convertido. Seguiré viéndola aunque sigamos maltratando a los nuestros o presentando candidatos que no sirven ni para una fiesta de fin de curso. Como ha pasado en algunas ocasiones que todos tenemos en la memoria.

Si tratáramos Eurovisión con el mismo respeto y cuidado como al fútbol o a los toros, una actividad que consiste en matar animales en directo con una larga agonía para los animales, nos iría mejor. También a los artistas que comprometen sus carreras por aceptar participar. Porque un mal resultado  te puede condenar al escarnio, el olvido y hasta la ruina económica. Como le ocurrió a Remedios Amaya, una de las grandes voces de nuestro país, a quien le deseo que ya esté bien de salud.

La gran olvidada

Por cierto, quiero aprovechar este artículo para reivindicar también a Anabel Conde. Quedó segunda, algo que ahora parece impensable. Una de las mejores actuaciones de todos los tiempos que TVE elimina de los resúmenes o especiales que se hacen sobre el certamen. Algo que me encantaría que me explicaran por qué.

Un país que no respeta a sus artistas no se respeta a sí mismo. Y una televisión pública que pagamos todos también debería cuidar a su audiencia. Se lo merecen los eurofans y los demás también.