Isabel Pantoja, el misterio del último mito vivo


Isabel Pantoja es uno de los grandes misterios de la Humanidad. Y el pantojismo un fenómeno que habría que estudiar en las universidades, porque no conozco caso igual de fidelidad inquebrantable, devoción que frisa lo místico y entrega hacia una artista que es vapuleada a diario en los medios de comunicación. Ni fans a los que la realidad les estropee sus noticias.

La intérprete de ‘Se me enamora el alma’ es el último reducto de la canción española que nos queda y tiene esa pátina de Greta Garbo, que no sabemos nunca muy bien ni qué está tramando ni qué se trae entre manos. Cantora es como Manderlay, la casa de ‘Rebeca’, un lugar en el que el pasado pesa mucho y el presente se urde a espaldas de los cotillas vocacionales y los agoreros profesionales. Porque hay muchos que dicen estar al tanto de lo que ocurre intramuros, pero la verdad es que ignoramos casi todo.

Su biografía

Isabel es muy grande en lo suyo, pero no lo sería tanto si su personaje no tuviera dimensiones épicas: se quedó viuda y con un bebé con solo 27 años, regresó vestida como una zarina rusa en un concierto presidido por la reina Sofía, vivió su epifanía pública cuando besó en la gran pantalla a José Coronado, paseó los volantes de su vestido entre ecos del Rocío de la mano de Julián Muñoz, acabó en la cárcel por una sentencia que pareció ejemplarizante, y resucitó artística y moralmente en Aranjuez con su disco de Juan Gabriel.

Resumir la vida de una persona en un párrafo es una quimera, por lo que tratar de aprehender la esencia de Isabel Pantoja en un artículo es como querer demostrar la existencia de Dios con cuatro trucos de magia. Siempre nos moveremos en el terreno de la especulación, en una nebulosa pegajosa que nos impide verla con nitidez. Ni siquiera ella se ha contado como se merece, con los cañones de luz hacia su persona.

María Teresa Campos (captura)

Terelu Campos le propuso una entrevista que supusiera, además, la despedida profesional de su madre, María Teresa Campos, y desde aquí la animo a que lo haga. Una cumbre que ni la del G-20. España y América paralizadas. No sería para menos. Una oportunidad para que respondiera a lo de «por si hay una pregunta en el aire», pero de una vez por todas. Porque a veces no sirve aquello de que no hay más desprecio que no hacer aprecio. En su caso, por desgracia, seguirán hablando, sobre todo mal, haga lo que haga. Mencionar su nombre sale rentable. Es un hecho.

Críticas en televisión

Isabel, que es nombre de reina de la copla, tiene a tanta gente especulando sobre ella a diario que su propia vida parece una leyenda urbana. Porque ya no sabes a quién creer, si a los topos, a su sobrina Anabel Pantoja, contratada por, ‘Sálvame’, uno de los programas que más contribuyen a destruir su figura, a las ex-amigas resentidas a las que se les ha negado la entrada en la finca donde vivió su amor con Paquirri,  a ella misma o al propio sentido común.

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Isabel Pantoja es irreductible y cada vez que levanta el teléfono para intervenir en un programa, algo que últimamente hace a menudo, los audímetros empiezan a vibrar y, como si fueran un termómetro de mercurio, se disparan. Como hipnotizada, la audiencia se pega al televisor como las polillas a la luz. Te guste o no, es magnética.

Ideas para regalar

Nuevo disco

Por lo visto, está preparando nuevos conciertos y me han dicho que incluso un disco con canciones de José Luis Perales, quien le compuso ‘Marinero de luces’, pero con ella nunca se sabe. El destino siempre está moviendo los hilos y en su caso se sabe cómo empiezan las cosas, pero nunca cómo acaban. Que se lo digan a sus admiradores de América que se llevaron el disgusto del milenio cuando le impidieron viajar  a Estados Unidos y hubo que cancelarlos cuando estaban ya a punto de colgar el cartel de ‘no hay billetes’.

Lo que nadie le puede quitar es que es una gran artista y que su paso por la tierra está dejando una huella que dentro de varios milenios se estudiará ahora como las pinturas rupestres de Altamira. Los mitos nunca mueren. Y ella lo es.