José Manuel Parada ha hecho tanto por el cine español como Buñuel (o casi)


Ya me veo teniendo que salir a la calle con guardaespaldas por decir esto, pero así es: José Manuel Parada ha hecho más por el cine español que la mitad de directores vivos y muertos. Por supuesto, no más que Buñuel, que es el mayor genio que tuvimos y tendremos, por eso lo del ‘casi’.

Esta frase la dije ayer espontáneamente en una cena en el restaurante Ramsés de Madrid, donde nos reunimos un grupo de periodistas capitaneados por Santiago Alveriú, creador de los premios Yago (y nominado este año al Goya al mejor actor revelación por ‘Selfie’), para decidir a quién se lo damos este año en la categoría de honor.

Estos galardones reconocen desde hace cinco años a los eternamente olvidados por los Goya y ya los han recibido, entre otros, el irrepetible Chiquito de la Calzada, por quien brindamos ayer con un copazo de Hendrick’s (que son los patrocinadores), Ángela Molina o Mariano Ozores.

Un premio muy merecido

Os avanzo que ya tenemos veredicto y que no se puede desvelar todavía, pero os vais a tener que sentar cuando se haga público su nombre. Como decía, me vino anoche José Manuel Parada a mi mente, siempre dispersa, pero despierta, porque a él se le podría aplicar la frase que le dijo Rocío Jurado a Lola Flores en un homenaje que le hicieron a La Faraona poco antes de morir: «España entera te debe la gloria del arte de España».

Majos, que no es ironía. ¿Qué hubiera sido de ese cine español tan denostado sin él? Pues habría muerto apolillado en el baúl de los recuerdos de Karina, cuya película ‘En un mundo nuevo’ también pasó por el emblemático ‘Cine de barrio’, del que fue artífice el periodista gallego y que ahora está en manos de la no suficientemente ponderada ‘encantada de la vida’, Concha Velasco.

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José Manuel Parada, a quien hace unos días vi fugazmente en ‘Sálvame’ (creo que iba a hablar de Pepa Flores, pero me puse a leer ‘El ojo del cielo’, la espléndida novela pasiega de Manuel Gutiérrez Aragón), no ha tenido el reconocimiento público que se merece por esta labor que a priori parecía una quimera.

Hubo una época en la que yo iba a su programa para entrevistar a sus invitados para la publicación para la que trabajaba, porque por allí pasó todo el ‘who is who’ de nuestro ‘star system’ y se pusieron al piano de Pablo Sebastian a cantar canciones de Manuel Alejandro, de Augusto Algueró o del que que viniera al caso.

Una respuesta muy lógica

Aunque fui varias veces a Prado del Rey, donde se grababa el espacio, mi trato con el periodista fue poco frecuente y no hace tanto, cuando murió Marujita Díaz, me pidieron, con poco tacto, que le llamara por teléfono por si me ayudaba a localizar a la sobrina de ‘chim-pum’. Él, con mucha lógica, me respondió sin alzar la voz que agradecía mucho que después de tantos años sin que la publicación mostrara interés por su persona le pidiera ese favor.

«Te entiendo, José Manuel». Colgó. Colgué. Fin de la conversación.

Así que ahora, imbuido por el espíritu de los premios Yago, quiero hacerle este pequeño homenaje a José Manuel, a quien ya seguía de adolescente en la radio en ‘La noche de las sábanas blancas’. Gracias a él se dignificó, se contextualizó y se puso en valor una cinematografía a la que se había tratado muy mal. Él supo envolver cada película, mimarla, quitarle el polvo de tantos años arrumbada en un desván, y conseguir audiencias que muchos, que siguen vinculados a cadenas públicas y privadas, no han tenido en sus vidas.

José Manuel, never forget.