La mala educación no es una película de Almodóvar


Igual que a un criminal se le descubre por un pequeño desliz, a un corrupto por un traje a medida, la mala educación no es una película de Almodóvar (una de las peores, para mi gusto) sino un síntoma de que algo no va bien.

La mala educación nada tiene que ver con la formación intelectual, ni con el linaje. Tampoco con los ceros (a la derecha) en la cuenta corriente ni con los másters cursados o regalados, por ser vos quién sois.

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La buena educación, por el contrario, entronca con el respeto por el otro, con la empatía, con la consideración. A veces incluso con la bondad, porque hay individuos con modales exquisitos que son más perversos que Hannibal Lecter.

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De entrada, si alguien se acerca a mí con una sonrisa, con respeto y con prudencia captará mi atención. Sin embargo, las malas formas, la impaciencia, la soberbia hacen que pase página, que te suba la ventanilla del coche y eche a correr.

Los niños bien educados

Siempre me han maravillado los niños que piden las cosas ‘por favor’, que no dan un ruido en un restaurante, que esperan con paciencia a que sus mayores acaben sus cosas de adultos. Es algo menos frecuente de lo que me gustaría, pero los casos contrarios, en los que los bebés lloran o los pequeños se ponen hostigosos suelo ser condescendiente, al igual que con un perro que ladra o un anciano cascarrabias.

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Hay gestos que hoy en día, porque han cambiado nuestra manera de entender las cosas, son considerados machistas o patriarcales: ceder a una mujer el asiento, abrir la puerta de un coche, halagar a alguien porque está muy guapo-a. Detalles que deberían ser en ambas direcciones: de hombre a mujer y viceversa.

¿Gestos machistas?

Yo, sin embargo, considero que si alguien te deja pasar en una calle estrecha porque vas con prisa es porque se está poniendo en tu piel, si alguien de tu entorno te piropea, sin connotaciones sexuales, es un acto de civismo que puede elevar tu autoestima, y si te invitan a cenar es porque están siendo generoso contigo.

El problema viene si detrás de esos actos hay una pretensión de dominación, de intentarte hacer sentir vulnerable o de llevarte a un terreno que no quieres pisar. Un día la pobre Paula Echevarría dijo que ella no era machista ni feminista. Lo primero lo comparto, lo segundo no. Lo que ocurre es que igual tengo una idea del feminismo que no se corresponde con la de con los que se manejan mejor en el exabrupto que en la conciliación.

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Yo espero que, llegado a una edad, se levanten para que me pueda sentar y descansar, me ayuden a subir una escalera si lo necesito, y me presten un poquito de atención cuando para la mayoría haya dejado de ser interesante. Si eso ocurre, estaré muy agradecido y feliz de que haya triunfado la buena educación.

Ojalá.