La necesidad de aparentar ante los demás puede salir caro


Todos necesitamos la aprobación de los que nos rodean, aunque digamos lo contrario. Y la conseguimos de muchas formas. A veces con nuestros logros profesionales, otras mediante gestos altruistas y, en el peor de los casos, alardeando de estatus. Sin embargo, esta última opción, aparentar ante los demás, puede salir caro.

En el mundo digital no hace falta profundizar mucho para encontrar infinidad de ejemplos de individuos cuyas vidas parecen idílicas, pero no lo son tanto. Nos hemos acostumbrado a ver en Instagram platos de comida sofisticados, puestas de sol espectaculares, ropa de firmas que no están a nuestro alcance, cajas de abdominales, hoteles para soñar… Imágenes cuya finalidad es proyectar éxito y construir una narrativa sobre nosotros mismos.

Un esfuerzo inutil

vida bella
MMckein / Pixabay

Son ejemplos en muchas ocasiones de distorsión de la realidad y un espejo de lo que intentamos proyectar en nuestro día a día con los que nos rodean.

Es en nuestro entorno cuando aparentar lo que uno no es se hace más difícil que en las redes sociales, porque exige un esfuerzo más continuado que elegir unas fotos tomadas con una clara intencionalidad. No es lo mismo posar unos minutos que estar en pose las 24 horas.

[LEE MÁS: Familiares y amigos tóxicos: sal huyendo]

Matrimonios que están quebrados de puertas hacia adentro, pero que mantienen una apariencia de felicidad, hijos que mantienen ocultos hábitos que les están destruyendo o padres que se sienten abandonados cuando han llegado a la tercera edad: son muchas las situaciones cotidianas de estas características que se tratan de ocultar una vez se cruza el umbral del hogar.

[LEE MÁS: La crueldad hacia los ancianos: un día lo seremos nosotros]

En estos casos se necesita elaborar un relato de normalidad, de status quo, para no sentirse señalado por tu comunidad, familiar, de amigos o de vecinos (cuanto más pequeño es tu entorno, más complicado resulta). Sentirse señalado es algo que se evita a toda costa, porque los ataques furibundos suelen llegar de los más próximos, pues saben pulsar las teclas que hieren nuestra sensibilidad. Por eso subrayo que es más fácil disimular en las grandes ciudades que en una localidad pequeña.

Administrar tus ingresos

village
Free-Photos / Pixabay

Otra circunstancia muy común es tratar de hacer ver que tu capacidad adquisitiva es superior a la de tus ingresos. Incurrirás entonces en gastos superfluos para hacer ver que la vida se hizo a tu medida e incluso puedes llegar a endeudarte para sustentar una ficción que los demás, por mucho que a ti te lo parezca, no acaban de creerse.

Aparentar a toda costa

He visto a tantos a mi alrededor alardear de éxitos que no lo eran y que, una vez descubiertos, han tenido que volver a su caparazón, que no recomiendo a nadie que base su bienestar en lo que piensen de él y mucho menos en cosas prescindibles como un coche nuevo cuando el que tienes está en buen uso, una casa más grande de lo que requieres o un viaje que tal vez no te puedes permitir.

El bienestar es algo subjetivo y depende de cómo nos valoremos a nosotros mismos. Me resulta inevitable pensar en Christina Onassis, una mujer que lo tenía todo y murió sola, posiblemente sumida en una tristeza endémica, en un hotel de Buenos Aires.

Por suerte, su hija, Athina Onassis, a quien le amenazaba la leyenda urbana de ‘pobre niña rica’, ha logrado salir adelante y no ser víctima de la alargada sombra de su familia y su progenitora.

crítica
johnhain / Pixabay

Dejar que lo que puedan pensar los demás determine o mediatice nuestros comportamientos es otorgarles unas potestades que no les corresponden, porque son nuestras.

Entre las apariencias y la realidad, apostad siempre por lo segundo. Es mucho más seguro y os ayudará a construir con unos cimientos más sólidos.

Tampoco perdáis de vista el corto, el medio y el largo plazo. Aparentar no da mucho de sí, ser lo serás siempre.