Lady Gaga, la estrella indiscutible de 2018


Hace mucho tiempo que decidí no escribir de política, salvo que me paguen, así que no voy a comentar nada de los pactos a los que se están llegando a Andalucía. Echaría espumarajos por la boca y no es plan acabar en urgencias. Así que, aunque de refilón, he incumplido la promesa que me hice a mí mismo. Como decía el gran periodista Hilario López Millán señalándose la lengua: «A esta quien la para». O como en la fábula del escorpión y la rana: no lo he podido evitar, está en mi naturaleza.

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Así que como últimamente están pasando cosas que no me gustan, para no perder la línea argumental, voy a dedicarle mis mejores palabras a alguien que nunca me ha generado ningún tipo de sentimiento, Ni remotamente. Ya lo he desvelado en el título: Lady Gaga. No me han interesado sus discos, que he escuchado, para poder juzgarlos, ni sus actuaciones me han conmovido. Como el otro día me dijo alguien, toca más palos que la baraja española: que si hago un homenaje a Madonna (los malvados hablaban incluso de plagio), que si ahora voy de ‘crooner’ con Tony Bennett, que si exploro mi lado ‘country’, que me hago actriz…

Su éxito como actriz

Lo siento por sus detractores, que yo no me tengo entre uno de ellos, pero todo lo hace bien. Aunque a mí me remueva menos que Mónica Hoyos al borde de un ataque de nervios. Lo mismo hasta le dan un Oscar por ‘A Star Is Born‘, que igual la veo cuando la estrene Antena 3 en ‘El peliculón’ o en un AVE a Málaga cuando retome mis viajes a Torremolinos en busca de casa (aprovecharé para ir al cementerio a llevarle unas flores a Marifé de Triana, esa sí que era una grande). Si ya me aburrió la versión de Barbra Streisand y la de Janet Gaynor tampoco me entusiasmó, no voy a tropezar tres veces con la misma historia.

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Entiendo la devoción que le tienen los ‘little monsters’ y también la animadversión de los talifanes de Madonna, pero ya digo que a mí me es indiferente que se ponga un filete en la cabeza, que salga de un ‘cocoon’ o que cante el himno de Estados Unidos como nuestra Marta Sánchez, que además se ha metido a letrista. Ahora, no esperéis que hable mal de una artista con tantos recursos y tan valiente, porque eso no. Decía una abuela mía a la que no llegué a conocer: «Hay que darle crédito a quien lo merece».

A la espera de los Oscar

Lo siento por Katy Perry, por Beyoncé, por Miley Cyrus, por Nicky Minaj, que se puso hecha una hidra por no llegar al número 1 en Billboard. O por Taylor Swift, cuyo éxito escapa a mi comprensión. 2018 ha sido el año de Lady Gaga. Y 2019 también, me temo. Aunque yo, por justicia poética, querría que ganara el Oscar Glenn Close, quien ha sobrevivido a la espantosa permanente de ‘Atracción fatal‘ y a Meryl Streep, que haría bien hasta de Bin Laden.

Si lo logra la cantante, habrá que hablar con Almodóvar, con Lars Von Trier o con Luca Guadagnino para que le hagan una película a Madonna y que se lo lleve ella en 2020. Un ‘remake’ de ‘Sangre y arena’, por ejemplo, en el que cantara copla. Qué menos, ¿no? Otra opción es que por su nuevo disco le den 10 ó 15 Grammys, porque va a mezclar tantos géneros que podrá competir en casi todas las categorías.