Letizia, una reina que podría hacer mucho más


Hoy me he levantado ‘letizista’. Como si yo mismo fuera una reina, tumbado aún en mi cama con dosel, entre almohadones, me dispongo a escribir este artículo antes de salir pitando a un desayuno promocional de Turismo de la República Checa. Ya se sabe que la vida del periodista es ir del tingo al tango, unas veces te ponen de desayunar, otras de cenar y otras unas coas. Eso sí, hay etapas de sequía que lo que ganas no te da ni para llenar la nevera, que no ha sido mi caso, por suerte. Si me lee, la mujer de Felipe VI sabe de lo que hablo que para eso somos compañeros de profesión.

Doña Letizia, le voy a poner el doña para darle un toque de solemnidad al asunto, se ha convertido en uno de los maniquíes de la prensa internacional. Para entendernos, que la edición de Vogue Estados Unidos o un periódico internacional el otro día se rindieron a sus pies porque la ven elegantísima. Que razón no les falta, con esa cinturita que ole ole cuando se mece, como decía aquella sevillana, todo le queda bien y, le pese a quien le pese, elige sus ‘outfits’ con mucho criterio. Como también lo hace Penélope Cruz, pero ella sigue rodando películas y es lo que más trasciende a nivel mediático, porque la nominan a Globos de Oro y esas cosas.

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LA CUMBRE DEL G-20

Lo que uno se pregunta, a las ocho y media de la mañana, es por qué no se habla más de su labor, pues muy sencillo, porque desgraciadamente para la institución monárquica, no solo aquí sino en casi todos los países, las mujeres tienen una agenda propia que a veces es ornamental, otras testimonial y en la mayoría de las ocasiones para cuestiones de poco fuste, que para lo demás ya están los maridos. Como ya se vio en la cumbre del G-20, que mientras ellos manejaban los hilos del mundo ellas parecían ahí puestas por el ayuntamiento y las tenían poco menos que haciendo turismo por Buenos Aires. Aunque en sus casos, muchas de ellas (y de ellos, que también hay maridos de presidentas), siguen con su desempeño profesional.

A mí me gusta Doña Letizia, como me encanta Máxima de Holanda con su risa contagiosa, y me da mucha ternura, Masako de Japón, y sin ser yo monárquico acérrimo ni republicano convencido, porque no creo que la solución estribe en el modelo de Estado sino en las medidas que se tomen, creo que ellas son el ejemplo palpable que el feminismo sigue siendo tan necesario como siempre.

DEJAN SUS PROFESIONES

No debemos perder por alto que las mujeres de los reyes, osea, las reinas, dejan sus carreras profesionales y se ponen al servicio de la institución de aquella manera. Son una especie de ama de casa que no hace las tareas, porque para eso tienen servicio, y les ponen una agenda con eventos. Un poco aburridos la mayoría de las veces y otras más en plan brand ambassador de ONGs y cosas así .Porque si las cosas estuvieran montadas de otra manera, la nuera de la reina Sofía podía presentar el Telediario y luego volver a Zarzuela. Y aún le quedaría tiempo por las mañanas para ir a alguna audiencia y por la noche a algún concierto de clásica, unos monólogos o la cena de un aniversario de un periódico.

Cosas que los demás también hacemos a menor escala, compaginadas con nuestros trabajos. Pero no, si te haces princesa o reina, ya no haces series de televisión, como Meghan Markle, y la prensa se puede dedicar a destrozarte porque se filtra que eres mandona con el equipo de personas que ponen a trabajar para ti para que salgas mona todos los días en las fotos o te hagas una gira por la Commmnwealth en plan Madonna, con más actividades que un ‘resort’ de Riviera Maya.

Pero no, Letizia dejó de ser la gran periodista que podía haber devenido para ponerse a las órdenes de una institución que no la ha potenciado. Sin querer yo caer en el populismo, la leyenda de Lady Di no viene que muriera trágicamente sino de que se convirtió en un renglón suelto de los Windsor. Abrazó causas, hasta físicamente, como la lucha contra el sida, las minas antipersona y era percibida como alguien de carne y hueso. De ahí el apelativo ‘la princesa del pueblo’, que nosotros en plan castizo le pusimos a Belén Esteban.

EL BOLSO DE VICTORIA FEDERICAS

Mientras la gente siga viendo a la monarquía como un grupo de personas que por nacimiento viven, nunca mejor dicho, a cuerpo de rey, a Victoria Federica llevando bolsos de Chanel de cuatro mil euros sin haber trabajado en su vida, y la sociedad esté evolucionando a un empeoramiento paulatino de las condiciones de vida de la gente, consecuencia de una deliberada ingeniería social, resultará difícil que cale el mensaje de una institución a la que muchos perciben como distante, alejada de los problemas reales y sin ningún valor simbólico. Porque, en efecto, a los jóvenes les interesa cero lo que pueda pasar con ellos, a donde vayan o de dónde vengan. Es más, en todo caso les perciben como gente que vive mucho mejor que ellos sin hacer nada. Que sí hacen, pero no se valora.

Ya digo que a mí Letizia me gusta, que se la ha atacado injustamente muchas veces, porque no se han atrevido con otros miembros de su familia, pero si yo formara parte de su equipo de asesores me dedicaría a darle relieve. Que no sea como esos libros para niños en los que aparecen siluetas en sus páginas para luego rellenarlas de color. Porque creo que es una mujer valiosa, inteligente y capaz, y porque ella precisamente podría mejorar el nivel de ‘engagement’ con la institución. Y, además, tiene a su favor que es joven y podría ser el referente de muchas personas de su generación y de las que le preceden. Pero como a lo que me dedico es a juntar letras, escribo estos artículos que siguen la premisa de no decir nada que no pueda servir para mejorar el mundo.

Y ahora sí, me voy a la ducha a escuchar el nuevo disco de Miguel Poveda, que me alegra mucho la vida.

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