Lolita Flores tiene más dinero que Rihanna: una de ‘fake news’…


Y vas un día y te levantas con 250 millones de dólares de repente. Eso es lo que le ha pasado a Lolita Flores, que han publicado una ‘fake news’ delirante sobre su patrimonio.  Según el autor del texto, la artista había ganado más que Rihanna o que Charlize Theron y ríete tú de Penélope Cruz.

Si no fuera porque es patético me produciría risa, pero que se dé salida a patrañas como estas es mucho más serio de lo que a primera vista pudiera parecer. Estamos dando por válidas y veraces tantas cosas que cada vez es más complicado discernir entre la realidad y la imaginación.  Por eso la gente se forja ideas erróneas, desarrolla odios basados en mentiras interesadas e incluso decide su voto bajo premisas manipuladas.

Mala literatura

Podría decirse que el periodismo se está convirtiendo en literatura, pero de la mala. No como García Márquez, que era capaz de hacer un gran reportaje periodístico como ‘Relato de un náufrago‘ y convertirlo en arte. Nunca he creído en la objetividad en la profesión a la que me dedico, porque siempre se narran las cosas desde una perspectiva personal, por lo que es inevitable ser subjetivo. La elección de los hechos que contamos, los datos que aportamos y los que nos guardamos, los adjetivos que escatimamos o regalamos cuando escribimos un texto hacen que la visión de los hechos sea siempre, en parte, interesada, pero debe ser también honrada.

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Creo en la honestidad profesional y en la diligencia para elaborar una información, en el pundonor y el amor por el trabajo bien hecho. Si alguien es capaz de publicar una calumnia así sobre una mujer que tuvo que deshacerse de su casa en La Moraleja para irse a vivir de alquiler, a mucha honra, como ella dice, qué no serán capaces de perpetrar con tal de manipularnos o de escamotearnos la verdad para mantenernos callados y sumisos.

El rigor profesional

Soy periodista por vocación y llevo más de veinte años ganándome la vida con mi profesión. La mayor parte de ellos dedicados a un género denostado por muchos, el corazón, pero también he sido crítico de cine, he escrito columnas de opinión o he hecho reportajes sobre cuestiones de gran calado social. A todos ellos les he puesto el mismo rigor y empeño. La misma voluntad de dar a los lectores lo que se merecen. Y aunque a veces me han puerto cortapisas, he peleado directa o indirectamente por no traicionarme a mí mismo. 

Tengo la suerte de dedicarme a un oficio que amo, por la que me formo cada día, escribo incluso en tardes como hoy en los que estoy destruido tras una noche de cena de empresa, porque creo en el poder de la palabra, en el enriquecimiento de la sociedad a través de las ideas y mis dedos buscan el teclado del ordenador como las polillas a la luz. Por eso me gustaría saber qué se le pasaba por la cabeza a quien escribía esa desinformación de Lolita Flores y qué se traerán entre manos los que mienten a sabiendas y los que pervierten una profesión imprescindible para el buen funcionamiento de la democracia.