Los mediocres son muy peligrosos: cómo combatirlos


La virtud está siempre en el término medio. Entre ser gastoso o tacaño, entre la prudencia excesiva y las decisiones demasiado osadas, entre la apatía y la euforia sin control. Los mediocres, los seres más peligrosos con los que te puedes cruzar, no son equidistantes entre los inteligentes y los necios, los bondadosos y los malvados. Son mucho peor que ellos.

A poco que nos paremos a pensar, los individuos más brillantes no son los que ocupan las posiciones de mayor poder. No pondré ejemplos de presidentes del Gobierno o directores de empresas (a cada uno de vosotros se os deben de ocurrir unos cuantos) que se han aferrado como garrapatas rabiosas a su puesto y antes de caer han hecho una escabechina entre sus subordinados.

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Son individuos que no tienen otro talento que olfatear su oportunidad y convertirse en parásitos de otros que están dispuestos a poner su inteligencia a su servicio. Quizás por falta de ambición. Tal vez por empatía. Quién sabe si porque no son lo suficientemente listos para percatarse de que están siendo esquilmados.

Ladrones de logros ajenos

Los mediocres saben cómo atacar la autoestima de los que les superan en la faceta que sea, halagar a los que pueden reportarles beneficios y son vendedores de humo profesionales que tienen la habilidad de capitalizar los logros ajenos.

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Nunca me cansaré de repetir que los mejores jefes que he tenido han sido los más inteligentes, los brillantes, los que sabían delegar y los que eran líderes de manera natural.

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Los mediocres, por el contrario, estaban prestos a meter el dedo en el ojo, a buscar pequeños errores para desestabilizarte, a dañarte para dejarte sin capacidad de respuesta. Solían seguir la tan manida y poco eficaz teoría del palo y la zanahoria: alternar el premio y el castigo, los golpes con las promesas de beneficios posteriores o palmaditas en la espalda para salir ganando a través de uno de los puntos más débiles de la naturaleza humana, la vanidad.

La mediocridad lleva asociados los defectos que más desprecio: la carencia de empatía, la ambición malentendida, la mezquindad, la envidia, la desconfianza… Y todos ellos mezclados son un cóctel difícil de beber.

Divide y vencedores

Otra de las estrategias más comunes que despliegan es la de ‘divide y vencerás’. Suelen ser gente criticona, que rebusca en lo peor de las esencias del ser humano para sembrar semillas insidiosas. De esta forma, provocando el enfrentamiento entre iguales, el recelo, el agravio comparativo, ganan ellos siempre.

Por suerte, me rodea gente muy valiosa, con cualidades excelentes, y forman un puzzle afectivo e intelectual que me ha hecho mejor persona. De unos he aprendido a ser menos rígido, de otros a saber perdonarme, de algunos a poner un pátina de humor en todo lo que me acontece… Y gracias a todos son la mejor versión de mí mismo que he podido conseguir hasta ahora.

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Por eso os aconsejo que huyáis de los mediocres y si tenéis que soportarlos porque de ellos depende, por ejemplo, vuestro sueldo, que no caigáis en sus trampas, no os dejéis envenenar y, sobre todo, no les deis un poder que no les corresponde.

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Es importante que no sean capaces de prever vuestras reacciones, que noten la indiferencia y dejar sin efecto sus estrategias, que suelen ser previsibles. Se necesita paciencia, templanza y sangre fría. La misma que ellos tienen. Si aplicáis esta receta es probable que tengáis éxito.