Maluma, del machismo a la homofobia


La mejor manera de no pensar es poner etiquetas a las cosas. Así no se tiene que pensar. A Maluma le persigue desde hace años la de machista. El cantante colombiano tiene que hacer frente a este estigma en cada una de sus entrevistas, pero, visto lo visto, se ríe de los clichés y sigue con su vida. Es lo mejor que se puede hacer. No dejar que te ganen los que te estigmatizan por hacer lo que tú sí te atreves a poner en práctica. O tienen conductas que son dignas no solo de persecución social sino también judicial.

Disfrutar del cuerpo

En las canciones de Maluma y en sus videoclips lo que se hace es una exaltación del hedonismo. ¡Qué alegría! ¿Por qué no disfrutar de tres mujeres a la vez si ellas lo desean? ¿Por qué no dejarse cosificar si es tu voluntad? Las relaciones sexuales son la máxima expresión de la libertad. No dejar que te dominen si es lo que te gusta te privará del gozo. O ser dominante si es lo que te place. Lo contrario es guionizar algo que es instintivo, espontáneo e imaginativo.

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#MalaMia Lanzamiento mundial este viernes 10 de agosto

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Bajo otra de las etiquetas, la del feminismo, se demoniza situaciones como las que escenifica el cantante colombiano. Porque como dijo el ahora demonizado Woody Allen, si el sexo no es sucio no tiene ningún interés. Y si lo que te gusta es que sea romántico, aséptico o exclusivamente con fines reproductores estás en tu derecho también.

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Ataque homófobo

Maluma, la quinta esencia del macho, se ríe de los códigos que algunos atribuyen a la masculinidad en sus redes sociales. Tanto que ha recibido todo tipo de insultos homófobos por su el último look que ha lucido durante unas vacaciones en Colombia. Lo que evidencia que las líneas de la estigmatización y de la discriminación son muy delgadas. Obvio es que los extremos se tocan.

Estos días en los que ha llegado al poder en Brasil un presidente excluyente y claramente antigay, se necesitan más hombres como Maluma. Que rompan asociaciones tan perversas como que el azul les pertenece a los niños y el rosa a las niñas. Camisas de fuerza que encorsetan ya desde la infancia y que no contribuyen a crear personas sino a individuos de lo que antes se llamaba ‘el sexo opuesto’, que no se ven como complementarios sino como enemigos. O como mínimo, individuos sobre los que hay que tener recelos porque son de otro género.

Azul y rosa

Ojalá cunda el ejemplo también de Caetano Veloso que se ha vestido de rosa para luchar contra los peligros del nuevo milenio que están enraizando en Brasil, el país del que es el mejor embajador. Riesgos que asumimos con nuestros votos y que no contribuyen a crear un mundo mejor. Así que ya sea de azul, para que te llamen Marimar, como han hecho los machistas congénitos con Maluma, o de rosa, hay que dar la cara y demostrarles que no les tenemos miedo. Que sepan que estamos vigilantes y que no lo vamos a consentir. El sexo y las cosas buenas de la vida son para gozarlas.

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Juan Del Mar.

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«Pobre es el hombre cuyos placeres dependen del permiso de los otros», ya lo dijo Madonna, que de estas cosas sabe. Y por fortuna las nuevas generaciones son más libres en estos sentidos. Buscan el placer como fin en sí mismo, que no tiene nada de malo. El cuerpo es para gastarlo, como decía Bibiana Fernández. Triste sería llegar a anciano como nuevo.