María y Pablo de ‘OT’: el machismo es otra cosa


Hay asuntos sobre los que no me apetece escribir, porque a priori no me interesan o porque ya está todo dicho sobre ellos. Sin embargo, tengo que abrir el portátil cuando veo, por ejemplo, que en aras de la corrección política se está linchando a María y a su novio por su desinhibido comportamiento en la última gala de ‘OT’.

Que la actitud de Pablo me pareció de vergüenza ajena, porque mi manera de ser no encaja con vivir circunstancias así, de acuerdo. Que un programa de máxima audiencia en ‘prime time’ no es el lugar para decir lo que haces o dejas de hacer en la cama, pues depende. Lo paradójico es que ese el ADN de programas como ‘Sálvame’ y su edición de los sábados y no veo que la gente apague la televisión ni  a articulistas echando bilis contra gente que, además, exhibe sus miserias previo pago.

Machismo y feminista

Vivimos unos tiempos en los que las etiquetas ‘machismo’ y ‘feminismo’ se espetan como piedras contra María Magdalena. Es más, a la mínima de cambio te repudian por hacer un comentario que no encaja con el pensamiento único. Y en aras de esa supuesta lucha contra la discriminación estamos metiendo a la gente en cárceles mentales, en cubículos estrechos que nos impiden tener un pensamiento crítico. Pero no nos damos cuenta, como borregos que van a comulgar, estamos privándonos de  libertades cuando creemos estar consiguiéndolas.

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Estoy convencido de que a María no solo la expulsaron de ‘Operación Triunfo’ porque bien no canta sino porque la audiencia que está deseando ver cómo se hunden en la basura moral los concursantes de ‘GH Vip’ (programa contra el que no tengo nada en contra) no perdonó que un joventuezo con las hormonas alteradas y sin haber tenido sexo con su novia en un par de meses estuviera deseando llevarla a un rincón y empotrarla contra la pared. Y, además, tuviera el descaro y la poca elegancia de decirlo en público.

Ocurre lo mismo con Maluma, a quien se denosta por hacer apología de la diversión con diversas mujeres a la vez a las que objetiviza y que están encantadas de ser objetivizadas. Porque no es machista que a ti te guste que te dominen en la cama, que te insulten o te escupan, porque a ti eso te pone y también te gusta hacerlo a ti, sino que te sometan a ellas contra tu voluntad. Parece que para ser aceptado por la comunidad que dicta lo que está bien y lo que está mal, hay que follar de una determinada manera y con según con quién.

Conceptos equivocados

Foto María y Pablo de OT
María de ‘OT’ se abraza a su novio. (Captura)

Machismo no es que te digan que estás buena, porque a mí eso me parece gloria bendita, sino que tú no quieras que te lo digan y te lo espeten en la cara. Vivimos en una sociedad en la que la mujer es discriminada en muchos ámbitos, es víctima de injusticias lacerantes y de aberraciones, pero en cuanto tocamos el sexo o el hedonismo se nos olvida todo lo demás: saltamos como hienas contra el que rompe la convención de verbalizar lo que debería quedarse en privado.

Linchamiento en Twitter

Ya está bien de demonizar el placer y de ser tan cortos de miras. Salgamos a la calle a pelear porque cada día mueren mujeres a manos de sus parejas, porque hay niños abusados dentro del seno familiar, porque en los colegios el bullying se propaga como un virus letal. Pero no, se nos calienta la boca en Twitter contra un chaval que lo único que ha hecho es meter la pata y mientras tanto seguimos aceptando trabajos que frisan la esclavitud, leyes que cercenan nuestros derechos y tribunales que un día dictan una sentencia y al día siguiente la cambian porque no les viene bien a otros.

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Cuando no fijamos bien los objetivos no llegamos a las metas. Mientras estamos distraídos con el lenguaje inclusivo, con Leticia Dolera o con cuatro paparruchas dichas en un ‘talent-show’ no dedicaremos nuestras energías a lo crucial.

Y si nos ponemos así con un chaval pasado de rosca, quizás deberíamos plantearnos que si él es machista, nosotros somos unos abusones por atacarle con tanta crueldad. Porque desde ayer llevo leídas cosas tremendas, escritas, por otra parte, desde la seguridad de un teclado de ordenador o en el anonimato.