Marisol/Pepa Flores: que la dejen en paz, que la dejen tranquila


Sé que quedaría más elegante contar que crecí intelectualmente con películas de Bergman, Buñuel o Fassbender. Sin embargo, mi educación sentimental está ligada a Rocío Dúrcal, Antonio Molina, Paquita Rico, Joselito, Carmen Sevilla, Juanito Valderrama, Sara Montiel, Lola Flores o Marisol, que eran los protagonistas del cine que se consumía en casa cuando era niño.

Gracias a ello aprendí las emociones más primarias, me enamoré de Andalucía, entendí lo que era el divismo y no crecí con los prejuicios de los que creen que algo es más sublime cuanto más ininteligible. Que Hitchcock, Cukor, Truffaut o Chabrol no están reñidos con el cine que se hacía en una España oprimida por una dictadura, unos valores arcaicos y represores, y una gran carencia de medios materiales.

Una falta de respeto

En estos días se están aireando capítulos de la biografía de Pepa Flores que ya no vienen al caso. Por mucho que algunos quieran encontrarle cierto paralelismo con el movimiento #metoo para dignificar lo que para mí no es más que un nuevo ejemplo de carroña periodística.

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No estoy leyendo los artículos que se están publicando y me entero a trompicones del estercolero en el que algunos intentan arañar unas décimas de audiencia o unos clicks más. Así que solo voy a escribir de la artista en términos morales, porque Marisol ha demostrado, no ahora sino siempre, tener una dignidad de la que todos deberíamos aprender.

No aporto nada nuevo, pero no está de mal recordarlo, que Pepa Flores lleva muchos años retirada, apartada del mundanal ruido y del personaje que sigue en el imaginario colectivo sin caer en el olvido. Porque los mitos nunca mueren ni se difuminan.

Al parecer le han extendido cheques en blanco (o con cifras mareantes), ha recibido ofertas que otros no hubieran sabido rechazar y le han puesto sobre la mesa proyectos de mucha enjundia. Pese a todo, ella no ha querido volver con la frente marchita. Ni para recuperar un lugar que dejó por elección ni para cosechar éxitos que no desea ni necesita.

Un ejemplo de coherencia

La actriz y cantante se ha mostrado firme, no ha escuchado los cantos de sirena ni ha sucumbido a las tentaciones. Ha sido fiel a sus convicciones, coherente y consecuente con la decisión que tomó hace décadas.

disco de marisolCada cierto tiempo hay quien revive su delicada y dolorosa historia personal. De hecho, ahora rebuscan entre los detalles más escabrosos de su biografía que, a mi entender, evidencian una gran falta de respeto, no a la artista, sino a la persona.

Con su silencio, Pepa nos está dando una nueva lección. Mientras, los voceros de las desgracias ajenas, los morbosos y los sedientos de sangre asisten a un banquete yermo, porque falta la invitada más importante: ella.

La lealtad, un valor imprescindible

Yo, que soy muy hablador, he valorado mucho el silencio y los silencios, la discreción y la prudencia. También a los que miden sus palabras, a los que no ponen precio a los secretos propios o ajenos, a los que saben administrar su intimidad y a los leales a los demás y a sí mismos.

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Por suerte, para los que admiramos a Marisol o a Pepa Flores nos quedan sus películas y sus discos. No solo eso, los recuerdos que llevan asociados. También el candor que rezumaba su mirada azul, la sensualidad de su voz rasgada y un poco masculina en sus años adultos, y el misterio que sigue emanando esta mujer que vive casi en el anonimato en Málaga y un poco también en nuestros corazones.

Como cantaba Rosario Flores, ella podría decir (pero no lo hará): «Que me dejen en paz, que me dejen tranquila, que me dejen sentir, que yo vivo mi vida».

 

 

 


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