Meghan Markle: la nueva villana de la Casa Real inglesa


Mientras el Reino Unido vive uno de los momentos más delicados de su historia reciente, cierta prensa inglesa abre a cinco columnas casi a diario con chascarrillos sobre Meghan Markle. Un detalle que me hace sentirme bien, como aquella frase hecha de ‘mal de muchos consuelo de tontos’.  No solo en España estamos pendientes de lo superfluo al mismo tiempo que desmantelan el Estado del Bienestar como en un anuncio de fuet de Casa Tarradellas. También allí viven como si fuera un ‘reality’ la vida de sus ‘royals’ mientras se les van achicando los confines de su desarrollo personal, social y profesional.

Me cae bien Meghan. Igual que su marido,  el príncipe Harry, los malotes de la Casa Windsor, en la que la reina Isabel II ni ha pestañeado con los sucesivos escándalos familiares que han dado de comer a los tabloides desde tiempos inmemoriales ni siquiera por Diana de Gales, que le sigue teniendo metido un dedo en el ojo incluso después de muerta. 

Momentos bochornosos

Guardar las apariencias es una de las premisas básicas de familias de este tipo, a las que el servicio les lava los trapos sucios en casa. Aunque en el caso del Reino Unido, los periodistas son capaces de sacar de la papelera del baño un ‘tampax’ con la cara del príncipe Carlos y de tener infiltrados en palacio que les desvelan si a la condesa de Sussex le gustan las tostadas con mantequilla o con mermelada de naranja amarga.

A Meghan Markle, como ocurrió en España, con la reina Letizia desde que interrumpió a Felipe el día que anunciaron su compromiso, le están dando estopa pues es el eslabón más débil de una Casa Real que se sigue sustentando por el fuerte valor simbólico que se han ganado en momentos dramáticos como la Segunda Guerra Mundial. No por nada que merezca ser subrayado en las últimas décadas, en las que han seguido caminando entre los escándalos como Lady Di se paseaba entre las minas antipersonas.

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La Paula Echevarría inglesa

La actriz estadounidense está viviendo su propio ‘Princesa por sorpresa’ o su ‘Lost In Translation’. La han sacado de un plató de televisión para que ponga cara de angelito en los países de la Commonwealth, para que hable de trapitos de bebé con su cuñada, Kate Middleton, que tiene pinta de ser más aburrida que una película iraní de los 90, y para que se coma el pavo sin rechistar estas Navidades en Sandringham mientras la abuela de su nieto le mira de reojo el escote por si le faltan centímetros de tela.

Que dimita en cascada el personal que trabaja para ella tal vez signifique que es como el cabello encrespado, que se resiste a ser domada. Porque, amigas, vivimos en 2018, y por mucho que las revistamos de boato, las costumbres y usos sociales por los que se rigen las monarquías son anacrónicos. Meghan es la Paula Echevarría inglesa, y en nada se parece, por ejemplo, a la reina Sofía de España, que ha aguantado el chaparrón de las amigas entrañables de su marido o tener a su yerno en la cárcel, como si fuera Ortega Cano o Isabel Pantoja, sin que se le borre su gesto de Gioconda de señora del barrio de Salamanca. 

¿Se separarán pronto?

Tal vez a Meghan Markle no le habían informado bien de dónde se estaba metiendo y acabe separándose de Harry en menos de lo que esperamos, pero ya está bien de culparle hasta de haber matado a Manolete.  Qué alegría que tengamos nueva villana en Palacio, porque el mundo necesita más mujeres disruptivas que mosquitas muertas, a las que solo les dan la opción de lucir espectaculares a la sombra de sus maridos y opinar lo justo. 

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The Duchess of Sussex yesterday attended a meeting with The Association of Commonwealth Universities (ACU) at King’s College London. Her Royal Highness joined university leaders, academics and international scholarship students as they discussed the role of higher education in addressing issues such as human trafficking, modern slavery, gender equality, peace and reconciliation, and climate change. In a speech during the Royal Visit to Fiji in October, The Duchess announced two ACU Gender Grants for the University of the South Pacific and Fiji National University, to fund new learning initiatives aimed at empowering female university staff and promoting gender equality.

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Al final va a resultar que Meghan Markle es feminista y todo. Ojalá. Y las monarquías necesitan más figuras como ella si no quieren acabar convertidas en naturalezas muertas. Porque los tiempos cambian que es una barbaridad. Ya ves…