Amaia Romero: las axilas y el problema con el sonido eclipsaron lo principal

Amaia Romero foto Goya

La gala de la última edición de los Goya fue una de las mejores que recuerdo, junto con una presentada por Rosa María Sardá hace ya unos cuantos lustros. Andreu Buenafuente y Silvia Abril fueron unos maestros de ceremonias bien compenetrados, ágiles, chispeantes y naturales dentro de un encorsetado guión. Libres y atados, un oxímoron de manual. También la música contribuyó a dar lustre a la gala gracias, sobre todo, a la impresionante deconstrucción de ‘Me quedo contigo’ de Los Chunguitos, algo que ellos aplaudieron virtualmente a Rosalía través de Twitter.

Había muchas expectativas en torno a Amaia Romero y, aunque no decepcionó, su actuación palideció frente a la intérprete de ‘Malamente’. Rosalía es una artista tan disruptiva y con un nivel de perfección en cada una de sus apariciones, que sin aparente esfuerzo consigue que sean icónicas. La exconcursnate de ‘Operación Triunfo’, por su parte, es una artista con gran talento, una voz versátil y cuenta con algo difícil de conseguir, el cariño del público, que espera impaciente de una vez que lance su disco para sacar conclusiones. Aún así, no se encuentran en momentos vitales comparables y sus trayectorias van a ser muy diferentes.

Lo que sí dio titulares

La presencia de Amaia en los Goya estuvo marcada por varias circunstancias que han evitado que se hable de lo fundamental: su música. En la que más se ha incidido en los medios es que no se depiló los axilas, lo que generó titulares minutos después de que apareciera en el photocall. Después, su encuentro fortuito con Pedro Almodóvar, que volvió a estar brillante no solo en el homenaje a ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’ sino también ante las preguntas de los periodistas (sobre todo evaluando a los políticos como hipotéticos protagonistas de alguna de sus películas). Y por último, su salida al escenario para avisar de que había habido un problema técnico, que después explicó su discográfica mediante un comunicado. Más que nada para aclarar que no fue un despiste, que fue la conclusión primera que se sacó. No vaya a ser que acabemos convirtiéndola en la Carmen Sevilla de la música.

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Su situación es mucho más liviana que cuando Madonna rodó por las escaleras de los Brits Awards, se levantó y continuó con la coreografía en el punto en el que se encontraba la canción. Eso se llama profesionalidad, conseguida con décadas de trabajo y no se me ocurre un ejemplo mejor para ilustrar cómo debe encararse una situación de estas características.

La actuación de Amaia

Amaia Romero no defraudó en su cometido, pero la lástima es que no se aprovechó la situación para dar un empujón más, para que los que siguen mirándola con condescendencia y paternalismo vean de una vez que es una artista muy completa, no una concursante de un ‘talent’ que intenta ser famosa. Posiblemente tendremos mil ocasiones más para comprobar lo grande que puede llegar a ser, porque aún nos encontramos en la fase de crisálida. De la información que disponemos hasta ahora es que se inclina por los festivales, como marco para desplegar sus cualidades, y que no tiene ninguna prisa por irrumpir en las listas de ventas ni en las radiofórmulas. O incluso puede que ni siquiera ese sea su objetivo.

Renovación artística

La conclusión positiva que podemos sacar de todo esto es que nuestro ‘star system’ musical está en evolución, que están emergiendo nuevas figuras destinadas a decir mucho dentro y fuera de nuestras fronteras. La gran noticia es que no son clichés, productos al uso e intercambiables, como ya he dicho aquí anteriormente («jamás duró una flor dos primaveras·, escribió Manuel Alejandro, y eso les va a ocurrir a la mayoría de artistas convencionales). Porque no es lo mismo tener éxito que ser un éxito. Lo primero te hace vulnerable, porque puede llegar un día que se desvanezca como una mariposa muerta entre los dedos, y lo segundo es lo que te garantiza que seguirás, que has llegado para quedarte. Creo que Amaia Romero está en la segunda categoría. Lo digo por intuición, es evidente, porque aún está dando sus primeros pasos y su futuro sigue siendo incierto.

Rosalía, todos nos quedamos contigo

Foto Rosalía Goya

Ayer estuve trabajando hasta las tres de la madrugada por la 33 edición de los Goya, que miraba por el rabillo del ojo mientras sacaba adelante la tarea que tenía encomendada. Por eso no pude disfrutar en todo su esplendor y como se merecía de la actuación de Rosalía hasta que llegué a casa y vi con detenimiento el vídeo en Twtter.

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La cantante fue, de lejos, lo mejor de una noche en la que se rindió homenaje a Chicho Ibáñez Serrador, gracias a quien viví los mejores momentos televisivos de mi infancia y adolescencia, y reapareció Amaia Romero, con una actuación muy por debajo de lo que hubiera esperado de ella. Quizás porque anoche la sombra de Rosalía fue demasiado alargada. La llama de su espectacular vestido rojo arrasó con todo lo demás.

Una película inolvidable

La cantante interpretó una versión hipnótica de ‘Me quedo contigo’, una delicada y al mismo tiempo muy arrebatada canción de Los Chunguitos que está muy ligada a mi memoria sentimental gracias a la película ‘Las noches salvajes’ del francés Cyril Collard, que fallecía en 1993 víctima del sida sin saber que iba a convertirse en el gran triunfador de los César ese año. Un reconocimiento póstumo que pareció una broma sarcástica como el billete de lotería premiado de Max Estrella en la obra ‘Luces de bohemia’ de Valle Inclán, que le hubiera evitado morir en la más extrema miseria.

Fui a ver ‘Las noches salvajes’ a una de las salas más emblemáticas del cine de autor de Madrid, al Alphaville, que ahora se llama Golem por aquello de la globalización., Allí fue donde se forjaron, al igual que en los Renoir, mi criterio cinematográfico y también muchos de los sueños que no acabé por cumplir. Eso sí, se me hicieron realidad otras cosas que ni me hubiera planteado, porque la vida es caprichosa como un gato con el lomo erizado. Me acompañaba mi amigo Claudio y ambos quedamos fascinados por el magnetismo de Cyril, un hombre fuerte, sensual y muy masculino, que para nada parecía herido de muerte. Ni afectado anímicamente por ser el protagonista de una historia tan autobiográfica. Para eso era actor y director.

Las palabras de Almodóvar

Solo la he visto una vez, aquella vez, porque no quiero que la realidad estropee el recuerdo. Como ayer dijo Almodóvar en la gala de los Goya, el tiempo suele ser muy cruel con el cine y muy pocas películas permanecen. Prefiero quedarme con la huella emocional que me dejó y de vez en cuando encontrarme al azar en algún cajón la cinta de cassette de la banda sonora, que me compré en Nimes cuando fui a visitar a un compañero de familia de acogida en los típicos cursos de verano en el Reino Unido para aprender inglés. Como es obvio, en aquel entonces ni teníamos Amazon ni llegaban a nuestro país ciertos discos o libros, que tenías que comprar en sus países de origen, lo que le daba un toque romántico a cada adquisición, que cuidabas como si fuera el capó de un Rolls Royce.

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El propio Cyril interpretaba algunas de las canciones, pero siempre me emocionaba al llegar a la de Los Chunguitos con la que ayer hizo magia Rosalía. Los que la acusan de absurdeces como la apropiación cultural o la definen como un producto de marketing deben de tener la sensibilidad atrofiada y la piel dormida. Los que no se emocionaron como yo, casi hasta las lágrimas. Casi, porque no es cuestión ponerse a llorar en tu puesto de trabajo.

Amaia Romero, el salto cualitativo respecto a sus compañeros

Actuar en los Goya como Amaia Romero no es cualquier cosa. Como tampoco lo es en los Oscar. De acuerdo, estamos en España y la dimensión de estos premios es mucho menor, pero es lo que hay. Son los galardones más importantes de nuestro cine y ya han alcanzado 33 ediciones, dirán algunos, la edad de Cristo, pero es un indicativo de que están más que consolidados.

Respecto a su presencia en esta ceremonia hay que hacer una pequeña reflexión. Por eso, debemos establecer una distinción entre buscar el estrellato y ser estrella. A veces una cosa puede ser consecuencia de lo primero, pero en otras está al margen de la voluntad de cada uno. Es lo que los americanos llaman ‘star quality’, o lo que es lo mismo, emanar una luz de manera natural, espontánea, innata. Muchos de los concursantes de los ‘talent’, no solo de ‘Operación Triunfo’, conocen un éxito fulgurante y trabajan con ahínco para mantenerlo, pero suelen acabar disueltos como azucarillo en café amargo.

Grandes de la música

Se me ocurren muchos ejemplos de cantantes que han arrasado, pero nunca han sido estrellas, porque una vez que no han conseguido un ‘hit’ su fama ha caído en picado, con la fuerza de las cataratas del Niágara ante la mirada de una Marilyn Monroe vestida de rojo. Otras no han necesitado un disco para estar vigente, como es el caso de las grandes, Barbra Streisand, Céline Dion, Madonna… Y de los grandes, Paul McCartney, Elton John, Tony Bennett.

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Sin haber llegado a este estatus todavía porque es muy joven, Amaia Romero, a sus 20 años, está labrándose un camino sin seguir con las pautas habituales de la maquinaria de las multinacionales: lanzamiento de disco, televisiones, radios, giras programadas… Sin comunicar ni uno solo de sus movimientos, va apareciendo como cabeza de cartel de festivales, se planta en los Goya… y del disco, nadie lo sabe.

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Los ‘haters’ de Alfred y Cepeda

Ahora que las estrategias de marketing ya no son lo que eran, quienes encuentran caminos distintos son los que suelen triunfar. A veces es algo tan sencillo como empatizar con el personaje, compartir sus valores y movilizar, como si de un electorado se tratase, a un ejército de fans que traten de levantar a su artista. Lo estamos viendo con Alfred García o con Cepeda, que son defendidos como si de la unidad de la patria se tratara, de los ataques de los ‘haters’.

El caso de Amaia Romero es mucho más marciano, porque no está haciendo ningún tipo de concesión a la galería y tiene a cierta prensa detrás tratando de construir un relato de alguien difícil, que va de la mano de su hermano, que sería quien estaría moviendo los hilos, y con un abogado vigilante por si le quieren meter una cláusula de tapadillo.

Las buenas y malas noticias

Hay una máxima que sigo en mi día a día y que siempre me ha funcionado: los hechos consumados. Son más elocuentes que las palabras, así que solo basta con observar lo que está ocurriendo y sacar conclusiones. Siempre puede haber quien le busque tres pies al gato porque las malas noticias vuelan como halcón detrás de una paloma, pero las buenas escuecen y a veces no interesa que se divulguen.

Amaia Romero: ni que fuera ella ‘Gran Hermano’

Foto Amaia Romero Zara

Estamos faltos de personajes. Está claro. Yo mismo lo veo en las portadas de las tradicionales revistas de los miércoles, que repiten una y otra vez a los individuos que proliferan en los programas de Tele 5, lo que explica también la caída de ventas del sector. Esta falta de noticias con empaque que veíamos en los años 80 cuando Estefanía de Mónaco cambiaba de novio como de biquini o cada frase de Isabel Preysler había que esculpirla en piedra, nos lleva a intentar de manera infructuosa nuevas caras con las que captar audiencias.

Amaia Romero, que sigue sin abrir la boca, es un claro ejemplo de cómo se puede diseccionar a una cantante en busca de la nada. Porque la exconcursante de ‘Operación Triunfo’ está demostrando que no tiene interés ninguno en que se habla de ella. Aún así, una foto en un supermercado o una camiseta de Zara de 8 euros pueden dar para un titular y ya si nos ponemos, también es noticiable que no ha dejado de respirar o que no se le cae el pelo.

Necesitamos estrellas

Aún así, que se informe de Amaia Romero tiene su punto costumbrista y no hace daño a nadie, es algo insustancial que lo mismo que aparece desaparecerá. Lo grave del momento informativo actual es que no hay personajes que den grandes titulares ni sean capaces de dejarte pensando. Nuestro ‘star system’ está huérfano de estrellas políticamente incorrectas, de divas como las del Hollywood dorado o, sin ser tan exigentes, de alguien medianamente interesante.

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La gracia de Amaia Romero es que va por libre y también, a su modo, es una forma de subversión, porque lo que se esperaba de ella era lo contrario. Recuerdo cuando a Rosa López, la ganadora de la primera edición la tuvieron del tingo al tango hasta que se le rompió la voz. Por cierto que ella también ha su modo fue desarrollando un grado de rebeldía que otros han querido convertir en carencia de éxito, pero no es así. Tras terminar su relación contractual con su última casa discográfica, ha fichado por un Canal Sur y a a seguir cantando, que, al final, es su máximo propósito.

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Que monísima por favor 🤧💕💙 📍Barcelona

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Me encantaría saber qué piensa Amaia de la trascendencia que le damos que vaya al Mercadona o le de 8 euros a Amancio Ortega por una prenda de vestir. A mí me daría mucha risa.

Céline Dion: delgadísima, rica y enloquecida

Céline Dion en París.

Hay un vídeo en Youtube de una señora que llama a televisión para afearle a Lola Flores que hubiera estado con tantos hombres, según ella iba a contar en unas memorias. La Faraona, que no le tenía miedo ni a un toro de Mihura, le respondió con mucha sorna y sentido común: «A lo mejor a usted le hubiera gustado hacer esa vida, pero no ha podido porque no era Lola Flores».

Algo similar está ocurriendo con Céline Dion, a quien critican su extrema delgadez y también los looks que ha lucido en la Semana de la Moda de París. Se han atrevido incluso a decir que sería anoréxica. No no hace falta que ella lo desmienta: siempre ha sido flaquísima. Y, salvo cataclismo, será así hasta el final de sus días.

No hace falta más que revisionar su actuación en el festival de Eurovisión en 1988. Sus piernas eran dos alambres y la blazer que llevaba sobre una especie de tutú le quedaba grande. Las críticas, ya se sabe, llegan en la mayoría de los casos por envidia. Y ella no tiene la culpa de ser multimillonaria, tener tipazo y millones de fans en todo el mundo que pagan el carísimo precio de las entradas de sus conciertos. Porque ella lo vale. Hace años que dejó de estar de moda, pero sigue vigente. Algo que se puede decir de muy pocos artistas de su generación. O incluso más jóvenes.

Una familia humilde

Por si alguien aún no conoce su biografía, Céline proviene de una familia humilde en la que eran casi veinte hermanos. Es la encarnación de la Cenicienta en toda la expresión del cuento. Hasta su transformación exterior le ha permitido convertirse en una mujer atractiva de 50 años. Con cuerpazo que se puede poner unos modelos que en otras se verían ridículos. Ya sufrió en sus propias carnes una especie de ‘bullying’ mediático difuso a lo largo de los años, en los que se la tachaba de hortera y se afeaba retóricamente su físico. Aún así, lo encajó con estoicismo o indiferencia. Nunca lo sabremos. Ahora ha llegado su momento…

Céline Dion llegó a París con maletas repletas de alta costura y la clara intención de pasarlo bien. Ya ha tenido que vivir en muy poco tiempo la larguísima lucha contra el cáncer de su marido y la muerte de su hermano por la misma enfermedad, así que ha encontrado en la moda el divertimento que otros descubren haciendo crucigramas. A algunos les parecerá ostentoso y no la encontrarán elegante. A mí me parece que hace lo que se le antoja que es un lujo que a todos nos gustaría permitirnos.

Como si de Carrie Bradshaw en ‘Sexo en Nueva York’ se tratase, ha hecho desde hace ya unos años una clara apuesta por el más es más. Y ella puede con los estilismos que le ha plantado Law Roach o el mismo Pepe Muñoz, el amigo fiel y guapo que toda mujer soltera o viuda, como es el caso, tiene que tener para que la acompañe a los desfiles o a las fiestas. La cantante canadiense, que sigue trabajando muy duro, dando más conciertos al año que la mayoría de las cantantes de su dimensión, ha decidido que la vida es una fiesta, como escribió Heminwgay. Y lo está pasando como nunca.

La ‘locura’ de Céline Dion

Céline Dion se ha vuelto loquísima y no me puede gustar más esa actitud. Si tiene que aplaudir en un desfile, lo hace, si se le saltan las lágrimas, llora sin ocultarlo y si le da por ponerse un zapato a modo de teléfono, hace una llamada imaginaria de larga distancia. Ojalá todos tuviéramos el mismo espíritu lúdico y su sentido del humor cuando nos vienen mal dadas. Porque es esa misma manera de encarar algo tan banal y si se quiere, frívolo y efímero, como una Semana de la moda lo que los cronistas de las cabeceras más prestigiosas del mundo lo que están aplaudiendo: que ella no finge, es genuina.

Y en cuanto a su delgadez, que la disfrute, porque está perfectamente sana. Criticarla por eso es del mismo mal gusto que afear a alguien por sobrepeso. Si Céline Dion padeciera algún trastorno alimentario habría perdido hasta la voz y ella sigue llegando a las notas más altas en cada uno de sus recitales de Las Vegas.

Amaia Romero, cuando sus deseos son órdenes

Amaia Romero Instagram

Esta semana escribía sobre el disco de Ana Guerra, ‘Reflexión’, que no es ni bueno ni malo ni todo lo contrario. Lo mismo me ocurrió con el de Miriam Rodríguez, de quien ya no recuerdo ninguna de las canciones. Sin embargo, el de Alfred García, que está compuesto y producido por él, me dejó una huella algo más duradera. Hablo en pasado, porque se publican tantas cosas que no me da tiempo a fidelizar ninguna. Aún tengo el cola el nuevo de los Backstreet Boys, al que le daré una oportunidad solo por nostalgia y lo nuevo de Santana, ‘In Search of Mona Lisa’, que escucho mientras escribo estas líneas.

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Dicho esto para llegar a la conclusión de que se produce tanta música que, o haces algo especial, o corres el peligro de morir sepultado por los lanzamientos de la semana siguiente. O incluso de la misma. Del disco de Ana Guerra solo me acuerdo de ‘Lo malo’ porque es una canción que triunfó lo suyo durante meses, pero sería incapaz de tararear nada más y no sé cuál será su recorrido comercial, pero no se lo auguro demasiado largo, porque tenemos ya encima los meses en los que las grandes estrellas lanzan sus nuevos trabajos.

Amaia Romero, casi anónima

Por eso entiendo divinamente el camino de Amaia Romero, de quien con tanta asiduidad escribo, porque no lo puedo evitar, es un personaje que me fascina. No tiene ni 20 años, no hace nada por ser famosa, no se pavonea por los ‘photocalls’ y cada día se generan no sé cuántos titulares sobre ella. Sin que abra la boca. Tal vez si lo hiciera, si hubiera lanzado un disco a prisa y corriendo ya estaríamos hablando de otra cosa. El misterio es algo con lo que ha acabado el consumo masivo de productos audiovisuales y las redes sociales. Tenemos una necesidad ansiosa de inmediatez que nos incapacita para paladear las experiencias y ralentizar nuestras vivencias.

Me parece bien que Amaia Romero haya optado por dejarse ver en festivales, donde el público va con vocación, en lugar de hacer programas de televisión cuyos efectos duran menos que una pompa de jabón en el aire. No sé si a vosotros os pasa, pero desde que tengo música en streaming, plataformas de televisión en streaming, prensa online, tiendo a olvidarme de lo que consumo en cuestión de minutos. Son demasiados los estímulos y pocos los que anidan en mi mente o en mi corazón. Así que dentro de varias décadas seguramente que tendré sensaciones más vívidas de lo que pasó en los 80 y en los 90, que en esta época en la que nuestros pensamientos discurren por autopistas virtuales.

De Mariah Carey a Ariana Grande

Ayer mismo volvía a la música retro como banda sonora mientras me dedicaba a organizar mi día. Quizás porque son canciones que amo o con las que he amado, a las que les dediqué su tiempo y que pulsan las teclas de mis sentimientos. Sin embargo, en los últimos meses no he conseguido retener ni una sola melodía del último disco de Mariah Carey, que, por cierto, está muy bien producido y merecía más suerte de la que ha tenido, no me he enganchado a ninguna canción de Ariana Grande y, salvo, lo nuevo de James Blake (su canción con Rosalía es delicada como un encaje de Bruselas, no os la perdáis), no he regresado a ningún lanzamiento de los últimos meses.

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gracias @palomawool 💜✨

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Espero que, como digo en el titular, los deseos de Amaia Romero sean órdenes. Que en efecto esté haciendo el disco que le guste y que no actúe en escenarios que no quiere pisar. Elegir siempre es un lujo y como no es habitual que nos dejen hacerlo, si ella puede que no pierda la oportunidad.

Chenoa vuelve a ser humana (y me alegro)

Foto de Chenoa

Cuando un artista vuelve a su verdadera vocación es una alegría inmensa. Como cuando has estudiado una carrera y no encuentras trabajo de lo tuyo y un día te pones a ganarte los garbanzos (o el caviar) con aquello a lo que siempre has querido dedicarte. Así que celebro que Chenoa regrese a la música el 1 de febrero con su nuevo sencillo, ‘A mi manera’, que parafraseando a Frank Sinatra, es lo mismo que decir que ella se lo guisa y se lo come.

Hace ya un tiempo que la cantautora (que es el término que hay que aplicarle) se autoedita la música, un camino que te da más libertad y del que nació ‘Soy humana’. Posiblemente su mejor trabajo. Ahora, tras haberse consagrado en la televisión, que está siendo el refugio de muchos músicos, le da a sus fans lo que esperan de ella: música. Lo que no significa que no estén encantados con su otra faceta ni ella misma no se sienta realizada, pero poner los tacones en un escenario ante miles de personas (o centenares si el recinto es pequeño) es otra cosa.

El caso de Lolita Flores

En ‘Tu cara me suena’ hay otro ejemplo de una cantante a la que la industria ha abandonado hace mucho tiempo y que, por suerte para ella, ha demostrado que vale para todo. Lolita Flores, sí, señores, una mujer que comenzó a cantar en los años 70 y que lleva una década sin nuevo material discográfico. En su caso, la faceta de actriz le ha dado unos reconocimientos que su profesión primigenia le ha escatimado, pero es un lujo que, por ese abandono, podamos disfrutarla en funciones como ‘La plaza del diamante’ o ‘Fedra’.

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Artistas a la fuga

La industria discográfica, al menos la de nuestro país, por su poca apertura de miras está perdiendo a artistas como Chenoa, que vuela libre, o a Miguel Poveda, que prefiere pagarse los discos de su bolsillo, musicar a Lorca o versionar a El Pescaílla, a seguir las directrices de unos señores que saben de números, pero no siempre de arte.

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Mónica Naranjo es otra artista que ha vivido en litigio con los directivos que le intentaban poner puertas al campo y al final ha acabado no solo sobreviviendo, actitud vital a la que lleva años cantando, sino trascendiendo lo efímero de un hit radiofónico.

Chenoa, por derecho

Todo el mundo sabe quién es Chenoa y eso es algo al alcance de muy pocos de esos artistas que hoy arrasan en las radiofórmulas, las plataformas de ‘streaming’ o en ‘Youtube’ y luego son arrinconados por los mismos que les encumbraron. No quiero acabar este artículo sin formular un deseo: entrevistarla algún día, porque cuando pasó por ‘Operación Triunfo’ pude hacerlo con todos sus compañeros, pero no recuerdo muy bien por qué ella ‘se me escapó’. Y nuestros caminos se han cruzado pero en la distancia, ella desde un escenario y yo entre el público. Algún día será… ¡Enhorabuena!

Ana Guerra, ‘Reflexión’: lo que se podía esperar de ella

Portada disco Ana Guerra

Poco a poco van llegando todos los discos de los concursantes de la primera edición de ‘Operación triunfo’ de esta nueva etapa en TVE. Mientas Amaia Romero sigue cocinando el suyo, ante el estupor de muchos que creen que se está equivocando al dilatarlo tanto, Ana Guerra publica por fin ‘Reflexión ‘, un trabajo que no sorprende, pero tampoco decepciona.

Tan es así, que este EP podría haberlo grabado Aitana Ocaña y no nos habría extrañado. Lo que no es ni bueno ni malo ni todo lo contrario. Igual que en la época de Scott, Aitken y Waterman, los productores más prolíficos de los 80 en el Reino Unido, Rick Astley sonaba igual que Kylie Minogue, o en los años en los que Emilio Estefan era el ‘rey Midas’ de la música latina, Jon Secada y Gloria Estefan podrían haberse intercambiado el repertorio y nadie habría salido perdiendo.

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El disco de Ana Guerra se mueve entre los ritmos urbanos que están marcando la década y canciones algo más maduras como ‘Despierta’, que precisamente podría haber formado parte de ‘Mi tierra’, el disco más emblemático de la gran artista cubana. Otras podría haberlas cantado Thalía y no nos habríamos extrañado, porque las modas se acaban imponiendo. Son corrientes que arrastran, olas que pueden tener un efecto ‘soufflé’ o darte una popularidad que después puedas metabolizar de otra manera.

Un dúo con Juan Magán

¿Significa esto que Ana Guerra no tiene personalidad? No, lo que evidencia es que cuesta mucho encontrar compositores genuinos o artistas que dejen una huella indeleble.. Un criterio que no podemos aplicarle a la cantante, porque está empezando y es muy pronto para sacar conclusiones. De momento, saca música divertida, alegre y sensual, que es lo que seguramente su público estará esperando de ella. Y yo me lo puse esta mañana para ir a trabajar y alegró la mañana. Eso sí, si cantas con Juan Magán, como media humanidad, no es esperable que suenes a Rufus Wainwright o a Leonard Cohen.

A Ana Guerra todavía le queda un largo trecho por recorrer, igual que Marta Sánchez no es hoy la sombra de solista de Olé Olé que reemplazó a Vicky Larraz (aunque sigue siendo una voz en busca de autor). Son muy pocos los que llegan a la cumbre desde el minuto uno y otros sacan una obra maestra y se agostan al cuarto de hora, como le ocurrió a Alannis Morissette o a Avril Lavigne. Por lo tanto, el tiempo, que es la medida de todas las cosas, nos dirá cuál es su techo. De momento, está ahí, ha llegado. Bienvenida.

Cepeda y Aitana Ocana, rumores y leyendas urbanas

Foto Cepeda Operación Triunfo

Tengo el ansia de la juventud (pronunciado con ‘t’) es el comienzo de ‘Sobreviviré’, la versión de ‘Fiume azzurro’ de Mina, que Mónica Naranjo convirtió en uno de sus mayores éxitos. Una frase que podría sintetizar muy bien lo que sentimos cuando somos adolescentes e incluso décadas más tarde. Incluso hay gente que hasta el día de su muerte. Por ese motivo, no es de extrañar que los que fueran concursantes de ‘Operación Triunfo’ tengan unas vidas sentimentales que no se corresponden con las de un matrimonio de mediana edad de clase media.

De esos que van a pasear del bracete vestidos de domingo, que leen los premios Planeta a la luz de una lámpara de pie con una tulipa con flecos y se crean su grupo de amigos con los dueños de otros perros con los que hablan de barbacoas, partidos de fútbol o alergias alimentarias. O de los que van a los centros comerciales a echar el día y ponen a comer a los niños en un McDonald’s y luego les meten en un multicines para que estén callados. O esos otros viven a gritos y no se soportan, pero no se separan porque no saben a dónde ir. Incluso de aquellos que se aman con locura, que no se han aburrido nunca el uno del otro, y se les paran los pulsos si se dejan de querer.

La vida según Bibiana Fernández

Que Aitana Ocaña y Cepeda se estén viendo a escondidas, como titulan algunos medios, podría ser o no ser, que a mí eso me da igual, pero tampoco sería de extrañar que tuvieran aventuras, que fueran, que vinieran, que se reconciliaran. Como dijo una vez Bibiana Fernández, la vida es para gastarla, sería muy triste llegar a viejos como nuevos. No tiene nada de malo dejarse llevar por la pasión, ser incoherente, arrepentirse, perdonar o enfadarse, tener muchos amantes o ser monógamo por vocación. Pero nos empeñamos en crear un molde en el que tenemos que encajar todos por igual. Y así no…

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Hay dos interpretaciones que se pueden hacer a todo lo que les está pasando. Por un lado está bien que susciten ese interés por sus vidas personales, porque eso significa que hay un público potencial que quiere leer sobre ellos y estar al tanto de lo que les pasa. De alguna forma es gasolina para espolear su popularidad. Por otro, no deben dejar que la fama les despiste de lo que les dará de comer en un futuro: su trabajo. Más que nada, porque lo que hoy se tiene mañana puede volar. Un buen ejercicio para comprobarlo es echar la vista atrás y hacer un ‘qué pasó con’ los que pasaron por este espacio de Gestmusic en ediciones anteriores.

Las carreras de Cepeda y Atiana

Creo que ambos lo están haciendo muy bien. Aitana triunfando como cantante y convirtiéndose en ‘influencer’, que es una manera muy rentable de explotar su imagen, y Cepeda dando alas a su primer disco que, no lo olvidemos, es de los que más éxito ha tenido de los que han pasado por el ‘talent’ de TVE. Igual que otros compañeros de concurso, que también se están batiendo el cobre y saliendo adelante.

Las ‘fake news’, nuevo género literario

Me divierte cada día hacer búsquedas en Google sobre según qué personajes y ver los titulares tan tremendistas que publican algunos medios digitales y cómo alimentan leyendas urbanas que ni ellos mismos se creen cuando las están escribiendo. Retorciendo palabras, como cantaba Alaska, y rebuscando argumentos sofistas para construir ficciones, que es lo que se ha dado en llamar ‘fake news’.

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Un nuevo género literario ‘low cost’ está naciendo de manera involuntaria y es crear textos que parecen más sacados de la mente de una Corín Tellado pomoderna que de profesionales de la información con vocación y voluntad de contarle al mundo lo que pasa. Si a mí me divierte leer todas estas cosas no quiero imaginar la cara que pondrán sus protagonistas. Yo si fuera ellos lo tomaría con sentido del humor, que es el mejor tamiz para asimilar lo que nos pasa, lo bueno, porque si no nos convertiríamos en engreídos y vanidosos. Y lo malo, porque acabaríamos hundidos en nuestro propio fango.

Amaia Romero despeja las dudas (pero guarda silencio)

Foto Amaia Romero

El festival Warm Up Estrella de Levante que se celebra el próximo mayo en Murcia es el lugar que ha elegido Amaia Romero para presentar sus nuevas canciones. Una opción que es a la vez una declaración de intenciones. No sabemos si para entonces tendrá su primer disco en la calle ni siquiera si es el inicio de una gira o algo puntual, pero está claro que el camino que ha emprendido no es el habitual para los cantantes salidos de un ‘talent show’.

Un público distinto

Amaia Romero es un verso suelto de ‘Operación Triunfo’. En esa dicotomía entre ser artista ‘mainstream’ o ‘indie’, que es algo que nos sacamos de la manga los que escribimos sobre la cantante, porque ella sigue callada, que es la mejor opción, parece haberse decantado por la segunda. Ya digo que no hay que ser maximalistas ni caer en el topicazo que lo comercial está reñido con la calidad y que lo independiente es sinónimo de auténtico. Además, ambos mundos acaban tocándose y tanto unos y otros aspiran al mismo tipo de éxito, aunque no lo confiesen. La diferencia estriba en el tipo de público al que se pretende llegar. Siempre ha parecido más ‘cool’ el segundo, el que conoce a grupos fuera del circuito y se viste de una determinada manera, que el que se compra los discos de Bustamante.

Alaska saca disco

Es una buena estrategia no dejarse llevar por los cantos de sirena y generar un halo de misterio en torno a uno. Como espectador me aburre ver a un mismo artista repitiendo las mismas cosas una y otra vez en distintos medios durante un par de semanas. Por ejemplo, se avecina un aluvión de entrevistas a Alaska, porque saca disco, y, por lo que he visto en redes, están cocinando reportajes que, por el hecho de solaparse en el tiempo, serán redundantes, aunque, en su caso, no aburridos, porque si algo sabe hacer la cantante de Fangoria es dar titulares.

Aitana Ocaña, ‘influencer’

Amaia Romero está siendo también anómala al no explotar su Instagram ni haberse prestado a hacer ninguna campaña publicitaria, como es el caso de Aitana Ocaña, a quien están convirtiendo en una ‘influencer’ del estilo de Paula Echevarría, pero también arrasa con su música. Una visión inteligente del negocio, porque nunca se sabe cuándo el público puede darte la espalda. Los ídolos actuales son mucho más efímeros que los de hace treinta años, porque entonces se lanzaban menos discos y porque no existían las redes sociales, que fagocitan a los artistas como las serpientes devoran ratoncitos para seguir llevando una vida plácida en un terrario, ajenas a su condición de presas domésticas.

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Igual que la fórmula de la Coca Cola sigue siendo secreta, también las reglas de la vida son inaprensibles. Todo lo que se enseña en las escuelas de marketing, que han proliferado como caracoles en día de lluvia, son conocimientos teóricos que a la hora de ponerlos en práctica pueden ser útiles o no. Por eso, el ‘fansplaining’ tampoco sirve para nada. El estímulo-respuesta no es algo que funcione necesariamente. Más allá de la promoción está el producto y si no es bueno difícilmente perdurará. Y esta tampoco es una verdad incontrovertible. Los últimos discos de artistas ya consagradas como Katy Perry, Miley Cyrus o Mariah Carey, que recibía unas de las mejores críticas de su carrera, han sido un fracaso. Y tenían a su servicio grandes presupuestos para salir triunfantes, pero el público no los quiso. ¿Por qué? Nadie lo sabe.