Janet Jackson, machacada viva y resucitada

Foto Janet Jackson

Ser familiar de un mito es una siempre una suerte y de eso puede presumir Janet Jackson. Te permite disfrutar de alguien excepcional que no está al alcance del resto de la humanidad y ser parte de su vida. Por eso, cuando en muchas entrevistas se han empeñado en que Lolita Flores tenía que afirmar que la sombra de su madre, Lola Flores, había sido demasiado alargada para ella, siempre contestaba que hubiera estado encantada de haber sido un volante de su bata de cola el resto de su vida con tal de tenerla a su lado.

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La hermana de Michael Jackson ha sido comparada hasta la saciedad con él e incluso se le ha acusado de ser una imitación, aunque los hechos son muy tenaces y ella demostró que podía tener una carrera por sí misma, mucho más notable que la de otros artistas en los que las casas discográficas se han gastado millones de euros, pero no han sobrevivido al paso del tiempo y de las modas.

Claro que se pueden encontrar muchas similitudes con el intérprete de ‘Thriller’, son hermanos: en el timbre de voz, en la manera de cantar, en la de bailar… Hasta Camarón de la Isla y José Mercé tienen muchos elementos en común como artistas (hasta si nos ponemos, un cierto parecido físico) y no son familia. La clave estriba en cómo combinas esos elementos y te conviertes en alguien genuino. Por eso Janet Jackson ha sobrevivido a la criba de los gustos cambiantes, las filias, las fobias y hasta los complots para acabar con ella.

Su nuevo hit

Janet Jackson ha vuelto a lo grande con 52 años con un tema pegadizo, ‘Made for Now’, junto a Daddy Yankee. Y por si hay alguna duda en el aire, en los MTV que se celebraron en Bilbao demostró que la que tuvo, retuvo, con una coreografía espectacular que, como es lógico, a nivel mediático quedó eclipsada por Rosalía, que es la artista del momento.

La cantante estadounidense ha podido con todo, con la depresión, con el racismo, con los problemas de sobrepeso y, sobre todo, con un país que le dio la espalda porque, por un accidente o por lo que fuera, enseñó un pezón con un piercing en su actuación en la Superbowl de 2004 junto a Justin Timberlake. Él pudo seguir con su carrera como si tal cosa, pero a ella no se le perdonó. Hasta ahora…

El boicot

A partir de ese momento, sus canciones desaparecieron de las emisoras de radio y le hicieron el vacío. Recientemente, además, trascendía que un ejecutivo de la CBS se había dedicado con todas sus energías a hundirle la vida a la artista. Que digo yo que no hay que estar muy bien de lo tuyo para levantarte de la cama pensando en cómo machacar a alguien.

Lo importante es que no lo consiguió y que Janet sigue aquí, que ha escapado también de un matrimonio que le hacía muy infeliz y que parece ser que era como una cárcel, y que ha encontrado en la maternidad y en la música dos motivos más que suficientes para poder seguir diciendo que la vida es bella.

Su lucha personal

Janet Jackson, de quien me hice fan en mi adolescencia gracias a un maravilloso disco, ‘Rhythm Nation’, nunca se ha victimizado ni ha convertido sus dramas en un ‘reality’. Tampoco ha intentado rentabilizar las etiquetas ni se ha erigido en causa de nada ni en ejemplo para nadie. Por eso es por lo que su mensaje es creíble y sigue vigente.

En un mercado musical saturado de estrellas intercambiables, su regreso es la clara demostración de que el talento se acaba imponiendo a los productos de marketing.

¡Viva tú!

Pastora Soler, la Rocío Jurado que pudo haber sido y no es

Fotografía Pastora Soler

Si por algo me gusta envejecer es porque voy acumulando vivencias que echan raíces en mi cerebro y van formando un laberinto de pensamientos que se nutren unos a otros. Por eso, cuando estoy escribiendo un artículo ya tengo en mente el siguiente.

Así que anoche, mientras terminaba uno sobre Lolita Flores ya había decidido que en cuanto encontrara un rato dedicaría unas líneas Pastora Soler, a quien he entrevistado en un par de ocasiones y a quien he visto como espectador en momentos cruciales de su carrera: su primera intervención en televisión en unos premios Fotogramas de Plata o en la presentación de algunos de sus discos.

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Pilar, que es su verdadero nombre, es un descubrimiento de uno de los ‘reyes Midas’ del mundo del espectáculo español, Luis Sanz, mentor de Rocío Dúrcal, que vio en la rebautizada Pastora el futuro de la copla. Es más, hubo quien se aventuró a decir que era la heredera natural de Rocío Jurado. Por su portentosa voz, que fluye de su garganta sin aparente esfuerzo, y su capacidad innata en un género que, si no tratas con delicadeza, puede llevar a la sobreactuación o incluso a la parodia.

Entre la copla y el flamenco

Es tal su versatilidad que, al igual que ‘la más grande’, se desenvuelve con soltura en diversos palos del flamenco. Por eso en su repertorio nunca falta ‘Qué no daría yo’, uno de los títulos más emblemáticos de la intérprete de Chipiona.

Así, sus primeros años los pasó Pastora recreando las coplas que habían sido la banda sonora de su infancia, como ‘Triniá’, que cantaba con especial maestría, para luego adentrarse en el mundo del pop y, en los últimos años, convertirse en una baladista que nada tiene que envidiar a Céline Dion, como ya evidenció en su portentosa actuación en el festival de Eurovisión.

Hace cosa de un año asistí en el Teatro Real de Madrid a la presentación de su último disco, ‘La calma’, donde, acompañada por un piano y a pulmón interpretó algunas de sus canciones. En la primera fila, su padre, delicado de salud, veía con orgullo cómo su hija estaba ya más que consagrada como la gran artista que siempre soñó ser.

Una artista versátil

Lo fácil para ella hubiera sido seguir el camino que parecía tener marcado, intentar, como tantas otras, abrirse camino en el complicado mundo de la copla, pero su ruta era otra. Y es ahora, que ya ha recogido muchos de los frutos (porque aún llegará más lejos), cuando puede desplegar en un concierto las mil y una Pastoras que hay dentro de ella.

Sus fans la quieren en todos sus registros, popera, romántica, flamenca, coplera, porque, después de todo, lo que más importa no es tanto lo que se cante sino la impronta que se le da. Pastora tiene los límites que ella se quiera poner y estoy de acuerdo con Camilo Sesto cuando en la presentación de su nuevo disco hace unos días afirmó que había tenido la suerte de contar colaborar en él con las mejores voces de España: Mónica Naranjo, Marta Sánchez, Ruth Lorenzo y Pastora.

Lolita Flores: el triunfo de la verdad, su verdad

Cuando yo tenía cuatro años, Lolita lanzó ‘Amor amor‘. Han pasado cuatro décadas y ni soy la misma persona ni ella tampoco. En mi infancia, cuando mis gustos eran viscerales e intuitivos, porque no tenía cultura de ningún tipo ni me había formado un criterio sobre las cosas, me fascinaban su madre y su manera hipnótica de estar en un escenario, pero ella me pasaba inadvertida. Era lógico, porque, ante un torbellino de colores, cuya bata de cola hacía sombra a cualquiera que se pusiera a su lado, resultaba difícil destacar.

Los años fueron pasando y, aunque la fascinación por La Faraona no mermó, sí fui tomando consciencia de que sus tres hijos eran grandes artistas también. Ya se encargaba ella misma de decirlo en las entrevistas y era criticada a veces por eso, pero no era amor de madre sino sabiduría de una mujer que había actuado con los más grandes y había estado siempre rodeada de talento. El tiempo le dio la razón a Lola Flores, porque los tres triunfaron, aunque sus ‘timings’ fueron muy distintos.

El pelazo de Antonio Flores

Yo, que siempre tuve un pelo feísimo (ahora que estoy calvo no lo echo para nada de menos), me quedaba fascinado con la larga y sedosa melena negro azabache de Antonio Flores, que se mecía mientras cantaba el que acabó convirtiéndose en el himno de la familia, ‘No dudaría’, y Rosario aparecía en algunas películas que no me atrevía a alquilar en el videoclub, porque no eran para todos los públicos. Me acuerdo en especial de ‘Calé’, que rodó junto a Mónica Randall, y ‘Colegas’, en la que también intervenía Antonio, que vi muchos años más tarde.

Lolita era para mí un personaje de revistas del corazón, que ojeaba en el dentista o en casa de algún familiar (sin saber que acabaría trabajando más de veinte años para una de ellas), pero su figura como artista quedaba desdibujaba por esa faceta que le dio de comer en las vacas flacas. Algo que le perjudicó a nivel artístico porque en aquel entonces nuestro umbral para juzgar y escandalizarse era mucho más bajo que ahora: sus exclusivas eran como películas Walt Disney al lado de lo que se emite hoy en televisión y que consumimos con naturalidad.

Rosario, de actriz a cantante

De repente, Rosario sacó un disco, ‘De ley’, que compré en una cassette sin saber muy bien lo que esperar y cuando me quise dar cuenta la había machacado de tanto escucharla y tuve que adquirir una segunda copia, en esta ocasión en vinilo. Por suerte, a su madre, que falleció tres años más tarde, le dio tiempo a verla convertida en una estrella, porque la cantante era, según sus propias palabras, «como yo con veinte años».

Junto a Lina Morgan

Y a todo esto, su hermana mayor seguía ahí, sacando discos que no acababan de despuntar y trabajando en televisión, con su madre, y más tarde en ‘Hostal Royal Manzanares’ con Lina Morgan, donde se autoparodiaba y su personaje, Juncal, afirmaba que Lolita era mucho más sosa que su hermana Rosario. En el fondo era el sentir de muchos, que no acababan de ubicarla, y ella, con sentido del humor, asumía que, tal vez, tenía que seguir peleando para que llegase su momento.

Años más tarde, fui a hacerle un reportaje a ‘El Lerele’, con un fotógrafo que no atravesaba su mejor momento económico y por quien ella había aceptado posar para la revista para la que entonces trabajaba porque quería ayudarle con lo que cobrara por hacerlo. El dinero íntegro fue para él. Un gesto de generosidad como los que tenía su madre, porque, como dijo no hace tanto Juanito ‘El golosina’, «a su lado no se pasaban penas».

Y llegó su momento

Yo iba un poco asustado, porque tenía la sensación de que la artista tenía un carácter muy fuerte y me iba a dejar cuajado si alguna pregunta no le gustaba. Así se lo dije, nada más llegar, y Lolita Flores, que estaba muy resfriada y nos recibió en bata, me tranquilizó, divertida, preguntándome que si creía que tal como estaba me veía capaz de ‘comerse a nadie’.

Lolita ya había grabado ‘Somos novios’ junto a Armando Manzanero y estaba preparando el disco con el que comenzó un camino de no retorno hacia el éxito, ‘Lola, Lolita, Lola’, que incluía el emblemático ‘Sarandonga’, una canción de Compay Segundo que ya había versionado antes su padre, El Pescaílla.

La música, su primera profesión

Tras la muerte de su madre y la tan ponderada entrevista que concedió a ‘Informe Semanal’, Lolita Flores había pasado a tener voz, entidad y a ser escuchada, de repente ya no era ‘un volante de la bata de cola de Lola Flores’, sino alguien que merecía, como poco, una oportunidad. Logró varios discos de oro seguidos y no paró de trabajar desde entonces.

La música, sin embargo, se fue apartando de su vida, tras ‘Sigo caminando’, un disco producido por Javier Limón que no funcionó y que presentó en la sede de la SGAE de Madrid con la triste noticia de que El Fary acababa de fallecer esa misma mañana. Después llegó otro en directo, donde cantó con Malú, Pastora Soler y Melendi, entre otros. Y nunca más se supo, porque inexplicablemente, no tiene casa discográfica. Aunque eso sí, ella siempre será cantante.

Más tarde conseguiría su Goya por ‘Rencor’, que le entregó Javier Bardem en una noche de reivindicación contra la guerra de Irak en la que de tantos nervios casi le da un tabardillo. De repente, una industria en la que ella ha manifestado sentirse una intrusa, aunque ha demostrado de sobra que es una excelente actriz, le daba un reconocimiento mucho mayor que la canción, la otra profesión a la que le había dedicado casi toda su vida.

Éxito teatral

Hace unas semanas estuve en el Teatro de La Latina para verla convertida en una desgarradora ‘Fedra’, una obra que en su día ofrecieron a su madre, pero que Lola no llegó a hacer, así que de alguna manera también está cumpliendo los sueños de su progenitora, que se quedó con las ganas de haber puesto en escena ‘La rosa tatuada’ de Tennessee Williams.

Tras la función, gracias a mi amigo Manuel, que mantiene una relación de amistad con la artista desde hace algunos años, estuvimos hablando unos minutos sobre sus planes de futuro y el inminente nacimiento de su nieto, mientras repartía besos entre un público que ahora sí sabe apreciar su verdad, que ha acabado imponiéndose a las ideas preconcebidas que había sobre ella décadas atrás.

Su verdadero patrimonio

Lolita no tiene propiedades inmobiliarias, ni millones en el banco, pero sí un patrimonio mucho más importante que lo material, que va y viene: una familia unida y sólida, sin rencillas televisadas, unos hijos educados y responsables, y un nieto recién llegado.

Como artista cuenta con lo más importante, el favor del público, la mayor garantía de que el trabajo no le va a faltar. Y tampoco el cariño, que es una cosa que todos necesitamos, seas anónimo o tan famoso como ella desde el día que la parió su madre.

Mónica Naranjo: lo que hay que dejar claro sobre ella

Foto Mónica Naranjo

Ya de niño me encantaba inventarme castings para películas (sigo haciéndolo) y si tuviera que elegir una mujer que podría interpretar a Mónica Naranjo debería tener los poderes de resucitar a los muertos, porque la primera que me viene a la mente es María Félix, la Doña.

La actriz mexicana era tan de armas tomar que como no le gustaba un desnudo suyo que pintó Diego Rivera le pidió a un albañil que le hiciese un ‘vestido’ de yeso al retrato. Era tan diva que para acudir al plató del programa de Verónica Castro, máxima estrella en televisión y ahora protagonista de ‘Las casa de las flores’, exigió que se llevaran los muebles de su salón. Y así todo…

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Una joya emblemática

Podría escribirse una enciclopedia con sus frases controvertidas y su veneno, como el que simbolizaba la emblemática serpiente que Cartier hizo para ella con un puñado de joyas de las que estaba aburrida y que les llevó como materia prima para esa alhaja. ¿Atinaba la protagonista de ‘Doña Bárbara’? No siempre. ¿Se le iba la pinza a ‘María bonita’? Puede ser. Pero para opinar así, para que no crezca la hierba bajo tus pies, tienes que tener galones.

Se ha liado parda con Mónica Naranjo y sus declaraciones sobre ‘Operación Triunfo‘, formato con el que no quiso renovar para una segunda temporada. Era renunciar a un éxito seguro para aventurarse en otros proyectos que ya veremos cómo salen, pero ella es así, cuando no le gusta algo o se aburre, coge la puerta y se va.

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Ya lo hizo en ‘Tu cara me suena’ y lo hará mil veces. Fiarse de su intuición le ha funcionado. Las declaraciones en las que calificaba de ‘rancio’ el programa de Gestmusic era un ‘morder la mano que te da de comer’ en toda regla, pero sí es lo que piensa, ¿por qué no decirlo?

Una y mil veces prefiero a un borde que a un tibio,  a un descarado que a un pusilánime. Cuando Mónica llegó a España después de haber triunfado en México, como antes de ser profetas en su tierra lo fueron allí Rocío Dúrcal con sus rancheras o Sara Montiel, te dejaba estupefacto por manifestar con aplomo que ella cantaba como nadie, componía como nadie y producía como nadie. Ahora le dirían empoderamiento, esa palabra que dentro de unos años habrá pasado de moda de tanto usarla, y en su momento parecía insolencia, descaro, vanidad.

El ansia de la juventud

Mónica, a quien en esa época entrevisté unas cuantas veces, era excesiva en sus gestos, trufaba su discurso de modismos mexicanos y argot español que estaba descubriendo y se echaba flores cada dos o tres frases. ¿Mentía? ¿Era una sobrada? A la vista de los acontecimientos, no.

Son muchos años los que lleva ya de carrera, tomando decisiones artísticas arriesgadas y diciendo lo que le sale de la peineta, como para pensar que, superada la barrera de los 40, le deba nada a nadie. Lo meritorio en su caso era que se permitía lujos verbales con poco más de 20, con la misma certidumbre del que ya lo ha visto casi todo.

Mónica peleó lo suyo para llegar, ha tenido baches humanos tremebundos, pero ella sigue ahí, con un nombre propio que no precisa de hits en radio-fórmulas ni discos nuevos cada dos años. Suscribo, como la pantera de Figueras, que para ser artista, como para la mayor parte de las profesiones, hacen falta disciplina, constancia y sacrificio. No todo consiste en ‘hacer Patakys’, dar entrevistas y salir a un escenario con la actitud del que se planta en un karaoke.

Por eso María Felix, fue, es y será. Por eso Mónica llevó, vio y triunfó.

Amaia Romero, la arriesgada (y acertada) estrategia para lanzar su disco

Los fans siempre somos y hemos sido impacientes, por eso entiendo tan bien la inquietud de los de Amaia Romero porque no acaba de sacar su primer disco. Cuando eres fanático (ahora se diría ‘follower’) esperas con ansiedad cualquier noticia de tu artista favorito y vives sus éxitos y sus fracasos como si fueran tuyos. Es más, te crees incluso capacitado para ser su mánager o para tomar decisiones sobre cualquier faceta de su carrera.

En mi adolescencia me hice muy fan de Vicky Larraz en su etapa en solitario (Leticia Dolera le hacía un divertido guiño en su opera prima ‘Requisitos para ser una persona normal). Me encontraba en esa época en la que reniegas de tu educación sentimental, de cualquier cosa que pueda provenir de los gustos de tus mayores. En mi caso, trataba de huir de las ‘folkies’ que ahora tanto adoro: Lola Flores, Carmen Sevilla, Marife de Triana… Entonces eran para mí lo opuesto a la modernez. ¡Qué equivocado estaba!

Mis ídolos de adolescencia

Su lugar lo ocuparon Vicky (por supuesto, en aquel entonces odiaba a Marta Sánchez, su sustituta en Olé Olé), Kylie Minogue y todos los artistas de la factoría Scott, Aitken y Waterman (Jason Donovan, Banarama, Rick Astley…). Necesitaba la aprobación de la manada de mi colegio que, sin embargo, tenía otros referentes: Radio Futura, Hombres G, Loquillo y los Trogloditas… Y por cierto, de nada sirvió, porque seguí siendo igual de impopular.

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Décadas más tarde estoy en la posición de ver desde la nostalgia (y la envidia: la juventud está infravalorada) a los fans que anhelan un disco de Amaia de España, ahora que Rosa (también de España) ha roto su contrato con Universal.

Divas antagonistas

Las motivaciones de sus fans son las mismas que tenía yo entonces: que tu artista arrase, que machaque a su antagonista (siempre hay uno: Vicky-Marta, Paulina-Thalía, Céline-Mariah). Por lo que veo en redes, para muchos resulta incomprensible que no lleve ya meses pateándose España con sus canciones nuevas, como ya lo han hecho algunos de sus compañeros de concurso, Aitana, Ana Guerra, Cepeda, Agoney… Unos con mayor fortuna que otros, pero ya se puede decir que han dado el salto cualitativo de ser ‘triunfitos’ a convertirse en artistas discográficos.

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Amaia, por el contrario, no parece tener prisa ninguna y sigue a su ritmo sin desvelar gran cosa de qué podemos esperar de ella. Hay muchas maneras de medir el éxito: porque has ganado tres millones de euros en televisión como Rafa Mora, extronista y colaborador de ‘Sálvame’, cuyo valor intrínseco no voy a describir aquí porque no es necesario, o por realizar un trabajo con el que te identificas, te apasiona y te impele cada mañana a levantarte con ganas de más.

El peligro de un ‘talent show’

Salir de un concurso de las características de ‘Operación Triunfo’ o ‘La Voz’ ha tenido en algunos casos el mismo efecto que una cerilla: es como un fogonazo muy intenso, pero que acaba pronto.

Por eso, Amaia, tal vez por decisión propia, quizás muy bien asesorada, esté desligándose del formato que la convirtió en estrella de una manera sutil: dejando que el tiempo haga su trabajo. Para conseguir este efecto tiene como mejor arma sus cualidades artísticas, que son excepcionales, pues es capaz de reinventar un tema de Florence and the Machine o de convertirse en una mezcla perfecta de Rosalía y Ana Belén interpretando el ‘Zorongo gitano’ de Federico García Lorca.

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Quizás si hubiera publicado su primer disco en medio del fulgor mediático hubiera tenido más impacto en las listas de ventas, pero el producto hubiera sido mucho menos personal y menos cuidado en los detalles de lo que, seguramente, nos ofrecerá. Es muy probable que por las prisas se hubiera elegido peor el repertorio e incluso se hubieran tomado decisiones artísticas que hubieran podido predeterminar sus siguientes pasos en el camino equivocado.

El error de Eurovisión

En ciertas tesituras es mejor parar en seco y darse un tiempo para reposar las ideas y, en su caso, hasta la voz. También para desligarse del fracaso en Eurovisión. Algo de lo que ni Alfred ni ella son responsables, pues tanto TVE como el público, muy inducido en sus votos por la narrativa televisiva, optaron por el ruido mediático al jugar la carta de la pareja dentro y fuera de los escenarios en lugar de haber apostado por la canción ‘Al cantar’ de Roazalén, que era la más adecuada para su registro. Por cierto, que han grabado un dúo juntas que puede ser una bomba…

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Tiene a su favor un talento que le llevará muy lejos si lo encauza bien y la juventud. Todos los años del mundo por delante para acertar y equivocarse, y muy poco que perder. Al final he vuelto a caer en los tics de mi adolescencia: organizarle la carrera a Amaia. 

Ella sabrá…

 

A Pablo Alborán no le hicieron lo mismo que a Rosalía

Pablo Alborán en Latin Grammy.

Me imagino a los ‘haters’ de los artistas viviendo en pisos como el de Torrente: con envases de yogures tirados por los suelos y Superpops desvaídos en los sofás, telarañas deshabitadas, gatos amodorrados y el cadáver descompuesto de un canario en una jaula mientras en una televisión de culo gordo, con decodificador para TDT,  Eduardo Inda escupe odio a Podemos al borde de un tabardillo.

A estos especímenes, sin mayor logro en la vida que haber aprendido a tuitear con faltas de ortografía, el éxito masivo les molesta, aunque si eres hombre, como Pablo Alborán, tienes menos posibilidades de que te machaquen, como están intentando hacer con Rosalía.

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Desde hace unos años no hay rincón por el que no transite mi existencia en el que no suene una canción de Pablo Alborán, cuya figura aparece aún más agigantada en anuncios por las calles de Madrid. Sin embargo, no oigo a nadie quejarse, cosa que me alegra, de que su música o su presencia sea más ubicua que un político en campaña electoral.

Una artista mediática

Por el contrario, basta hacer una sencilla búsqueda en ‘Google’ para encontrar artículos que más que hablar del poderío de Rosalía se centran en asuntos colaterales que en nada benefician a la artista. A la hora de escribir este artículo, los dos primeros que aparecen se titulan así: «Odiar a Rosalía es vulgar», «¿Estamos a un tra tra de cogerle manía a Rosalía?».

No es mi pretensión generar un antagonismo que no existe entre Pablo Alborán y la artífice de ‘Malamente’, un adverbio que ha llevado para quedarse, pero sí evidenciar que sigue habiendo machismo musical no solo entre la gente de la calle sino en la prensa, que es mucho más severa y cruel con ellas que con ellos. Y desde estas líneas no pido indulgencia con los malos artistas sino sensatez y ecuanimidad.

Artistas longevos

¿Alguien incide alguna vez en la edad de Mick Jagger, Bruce Springsteen o Joaquín Sabina para juzgar su trabajo? En todo caso, para subrayar que están hechos unos chavales, como aquella película de Paco Martínez Soria, pero nunca para insinuar que están al borde del ridículo (y en algún caso así es). Sin embargo, los 60 de una Madonna, tan sexual como siempre, escuecen, y nos falta sacar retóricamente del sarcófago a Cher.

Si me lee Pablo Alborán, se dirá que qué pinta en este artículo, pero la respuesta es simple: es quizás el último gran fenómeno de masas masculino que ha surgido en nuestro país, con permiso de otros como Manuel Carrasco o Pablo López, que también arrasan, pero en menor escala. Y tuvo tanta exposición mediática, si no mayor, que Rosalía. Con la diferencia de que en su caso no se creó artificialmente una corriente de opinión adversa y salvo momentos puntuales en los que los medios estuvieron desafortunados, los vientos han soplado a su favor.

Pero para no dejar solo a Pablo Alborán en esta comparación, aquí tenéis otros ejemplos, el ‘late bloomer’ Luis Fonsi y su ‘Despacito’, Enrique Iglesias y su ‘Duele el corazón’ o Maluma, a quien se le ataca por su supuesto machismo, pero no por su éxito.

Tomar distancia del éxito

Pablo se tuvo que quitar una temporada de en medio, posiblemente para desintoxicarse de los efectos psicológicos perversos de la fama y de la pérdida del anonimato, y no me extrañaría que Rosalía llegue un momento que tenga que desintonizarse.  Ahora el cantante andaluz llena auditorios como si estuvieran a punto de prohibirle  y consolida una carrera que parece no tener techo, pero no todo ha sido fácil para él. Que quede claro también.

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#latingrammy

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En una tesitura similar de crecimiento está Rosalía, aunque en una fase más preliminar, pero hay que ser muy fuerte para no verse afectado por algo que está al margen de lo que hacemos. ¿Tiene que pagarlo caro por recibir los parabienes de los críticos más sesudos y de que sea tan masiva que hasta Los Morancos hayan hecho ya hace unos meses una divertida parodia de su ‘Malamente’? ¿Es culpable de haber reinventado la estética de barrio y haberla convertido en algo ‘cool’? ¿Tiene que pedir perdón por tener talento?

La respuesta es obvia.

Ana Torroja, cuando ser jurado de televisión no es la mejor idea

Ana Torroja

Mi educación sentimental, como la célebre novela de Flaubert, está unida a Ana Torroja, con y sin Mecano. En mi adolescencia atronaba a los vecinos con sus canciones, que escuchaba con una cadena musical de esas que tenían un tocadiscos por encima y una doble pletina con las que copíábamos las cintas de casette y nos las pasábamos unos a otros cuando el presupuesto no nos daba para comprar más discos.

Una época mucho más rudimentaria que la actual, en la que no te da tiempo a mimar lo que entonces se llamaba un LP cuando ya tienes otros quince para escuchar. En los 80 y 90 no, te comprabas ‘Descanso dominical’ de Mecano o ‘Like a Prayer’ de Madonna y lo machacabas hasta que la aguja tropezaba por los surcos de los vinilos. Por eso los ‘hits’ de entonces perduraban y los actuales caen como hojas de otoño barridas por el viento. ¿Quién se acordará dentro de dos años de ‘Despacito’? Luis Fonsi y sus fans. Poco más.

Los tiempos vuelan y las personas vamos quemando etapas mientras matamos tecnologías. Ana Torroja no oculta que tiene casi sesenta años y que gracias a su disciplina ha conseguido conservar sus cuerdas vocales. Ha sido una trabajadora constante que ha sacado petróleo de sus cualidades y ha sabido sobreponerse al dramático momento de desgajarte de un grupo que lo ha sido todo a emprender una carrera en solitario que, ahí están los resultados, ha sido notable.

El refugio de los cantantes

Son estos galones los que le han permitido conseguir un sobresueldo en televisión, como tantos artistas que tienen que pluriemplearse, para ganar lo que hace dos o tres décadas, ejerciendo de jurado en ‘Operación Triunfo’. Sin embargo, sus habilidades, a mi entender, están muy por debajo de la de otros cantantes que participan en formatos de entretenimiento similares.

[LEE MÁS: El verdadero problema de ‘Operación Triunfo’]

El problema de Ana Torroja es que se mueve en el registro de la sensatez, los aires docentes y la pausa, incluso el buenismo, y eso en televisión no funciona. Su mensaje lo transmite correctamente, lo que falla es el cómo. No te irrita como una Mónica Naranjo en plan Risto Mejide, no te hace partir de la risa como Lolita Flores con sus vetustas anécdotas ni te hace morir de ganas de abrazar y dejarte envolver por los rizos de su hermana Rosario, que es mucho más entrañable de lo que podíamos imaginar.

Ana Torroja es un mito de la música, que está envejeciendo con dignidad sobre el escenario, que no se ha convertido en una parodia de sí misma (pese a algunos errores capilares, a mi entender que no soy ni peluquero ni estilista), como otros compañeros de profesión, a los que el público ha expulsado con el sarcasmo o el olvido.

Agradecido a Ana Torroja

Jurado de 'Operación Triunfo'
El jurado de ‘Operación Triunfo’. (Captura de TVE)

Y como para mí siempre estará vigente, haga lo que haga, porque le debo muchos ratos de soñar, de pensar en el hombre en el que acabaría convirtiéndome y de revulsivo cuando me fallaba la autoestima, le voy a perdonar que en la televisión no alcance la excelencia que en la música.

 

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Hace unos días reivindicaba aquí a Marta Sánchez, quien cuenta con una de las mejores voces y más entrenadas de España (aunque sigue siendo un personaje en busca de autor: su repertorio es muy mejorable). Ana tiene un menor rango vocal, no descubro la pólvora al decirlo, pero su timbre de voz y su coloratura son tan únicos que no ha salido ni saldrá otros como los suyos. Ni de lejos.

Ana Torroja.
Ana Torroja, exsolista de ‘Mecano’ (Captura de TVE)

Como Chavela Vargas, que casi no cantaba ni falta que le hacía, como Lola Flores, que decía que mandaran a Eurovisión  a Rocío Jurado, a ella no, que no era una buena cantante (lo afirmaba La Faraona, no yo, que no estoy de acuerdo), o como Leonard Cohen, que susurraba maravillas, Ana Torroja nunca será Montserrat Caballé ni Céline Dion, ni lo pretende. Ella es grande en lo suyo.