Ni Amaia Romero, ni Aitana Ocaña, ni Alfred son el personaje de 2018


El mundo de la música no está en crisis como nos quieren hacer creer. Ni muchísimo menos. La industria se está adaptando a nuevos hábitos de consumo, como las plataformas de ‘streaming’, que se han generalizado y ya casi nadie ve como un problema pagar por lo que se consume. Es más, las descargas ilegales se han convertido en un engorro en comparación con los servicios que ofrecen Spotify. Tidal o Apple Music.

Al igual que ha ocurrido con la televisión, que se empieza a consumir masivamente en Netflix o HBO, la música se ha adaptado a tiempo a los cambios sociales, algo que no ha ocurrido, por ejemplo, el mundo del cine, ya que el coste de las entradas sigue estando muy por encima de la capacidad adquisitiva de los españoles. Al menos en Madrid, donde por el precio de una casi puedes pagarte la cuota mensual de las mencionadas plataformas de televisión que, además, están estrenando películas de tanto calado como ‘Roma’ de Alfonso Cuarón o el último fenómeno de Sandra Bullock, ‘A ciegas’, que se ha reproducido desde más de 45 millones de cuentas en el fin de semana de su lanzamiento.

Dos fenómenos sociales

Siempre es un buen momento cuando acaba un año echar la vista atrás y evaluar quiénes han sido los protagonistas de los últimos doce meses y no podemos perder de vista que en nuestro país ha habido dos fenómenos mediáticos espectaculares. El que a mí me interesa menos, ‘GH Vip’, porque ha cosechado unas audiencias propias de los años 90, y ‘Operación Triunfo’, que estrenaba segunda temporada con muchísimo menos éxito que la anterior, pero que seguía arrasando en las redes sociales. Y precisamente de ese formato han emergido una serie de nombres propios que han arrasado en este tiempo, en especial Aitana Ocaña, que lo ha petado, Ana Guerra, Alfred García y, sin tener todavía un disco en la calle, Amaia Romero, que es uno de los personajes de los que más se sigue hablando.

[LEE MÁS: ‘GH Vip’: cuando lo más bajo del ser humano te hace feliz]

[LEE MÁS: Amaia Romero, verdades y mentiras de una artista de solo 19 años]

Ver esta publicación en Instagram

🎏🎏🎏

Una publicación compartida de ROSALÍA (@rosalia.vt) el

El fenómeno Rosalía

Sin embargo, yo no diría que ninguno de ellos ha sido la máxima estrella musical de este 2018 que ya agoniza. Una vez más ha sido Pablo Alborán quien más éxito ha cosechado, no solo con su último disco, ‘Prometo’, que ya ha obtenido cinco discos de platino y sigue entre los más vendidos, sino por su gira, con la que ha llenado más auditorios que nadie. No me olvido del fenómeno Rosalía y la revolución que ha formado con su nuevo disco, que es el equivalente ‘millennial’ de ‘La leyenda del tiempo’ de Camarón de la isla, u ‘Omega’ de Enrique Morente, pero para mi no deja de ser una artista emergente, con unos logros espectaculares, pero aún muy lejos del cantante malagueño.

[LEE MÁS: A Pablo Alborán no le hicieron lo mismo que a Rosalía]

Una estrella sencilla

Pablo es una persona modesta, que no da un ruido, no protagoniza escándalos, no hace entrevistas grandilocuentes ni presume de sus logros, pero es la estrella más importante de nuestro país en esta última década. Su trayectoria, lejos de agotarse, va encontrando nuevos horizontes y su público crece. Ha logrado trascender el fenómeno fans, para ser alguien trasversal, que gusta a niños y ancianos. Ojalá surjan más casos como el suyo, porque, además, se aleja mucho de la vida ‘fake’ que se nos ofrece a través de Instagram, sigue redundando en la cultura del esfuerzo y el talento, y nadie puede negarle la categoría de artista. Otros, y no me refiero a los concursantes de ‘Operación Triunfo’ son poco más que cantantes de karaoke y su fama va languideciendo para dejar paso a otros sucedáneos que también estarán arriba un cuarto de hora.

Por todo lo expuesto, Pablo Alborán merece el aplauso de todos nosotros. Claro que también Rosalía, Aitana Ocaña, Amaia Romero, Rozalén, Vanesa Martín, Manolo García, Ana Belén… porque hay que tener muy claro que, como cantaba Alejandro Sanz, la música no se rtoca.