Olfatear a los impostores


Decía Zsa Zsa Gabor que cuando iba algún invitado a su mansión de Los Ángeles y sus perros no se acercaban o se mostraban hostiles no volvía a invitarlos. La actriz húngara, famosa por su historial sentimental, no por su filmografía, era consciente de que sus mascotas sabían olfatear a los impostores, porque se fiaban de su instinto.

¿No os ha pasado alguna vez que alguien os parecía encantador pero no os acababais de fiar del todo? A mí en muchas ocasiones. Y en la mayoría de los casos ese indicio, es resquemor tenía una base sólida. Esa persona no era lo que parecía.

Fíate de la intuición

El instinto, la intuición es mucho mejor guía que la razón, porque nuestro intelecto está mediatizado por muchísimas ideas preconcebidas e incluso por prejuicios que nos llevan a tomar decisiones equivocadas. Sin embargo, si nos dejamos llevar por ese pequeño pellizco tendremos muchas más posibilidades de acertar.

Recuerdo una ocasión en la que me presentaron a alguien con una pátina de santurrón y con pretensiones de filántropo. Era amigo de un amigo y desde el minuto uno supe que era un impostor, que bajo su retórica altruista se escondía alguien que no era de fiar. Unos meses después acababa en la cárcel por haber estado estafando a ancianos durante años.

Otro ejemplo

En otra, alguien a quien le precedía fama de buena persona me revolvió el estómago nada más verlo. Tanto que no podía estar bajo el mismo techo sin sentir que no había metros cuadrados suficientes para los dos. Por sus hechos no tardé en descubrir que no era como lo pintaban.  Era una persona mezquina, insegura, acomplejada y, por lo tanto, peligrosa.

Todos somos susceptibles de que opinen de nosotros cosas terribles, habrá quien alguna vez se haya sentido agraviado por nosotros o a quien no le gustemos nada. Es normal, no se puede complacer a todo el mundo. Y seguro que habrá a quien también le daremos repelús. Ellos, por supuesto, tendrán razón, porque no estaremos hechos para ellos.