Pablo López: por qué él sí llega y otros no


Hace unos tres años entrevisté a Pablo López. Estaba de promoción de su disco ‘El mundo y los amantes inocentes’. Ya iba para arriba como un Spuntnik, definición que hizo el entrañable ‘papuchi’ (el doctor Iglesias Puga) de la carrera musical de su nieto Julio Iglesias jr. Iba un poco desencaminado el hombre, que para eso había sido ginecólogo y no mánager, pero siempre he pensado que era una buena metáfora para cualquiera que triunfa.

Quedé con Pablo en una cafetería cerca de la Plaza Mayor y venía acompañado por una representante de su casa discográfica. Todavía podía permitirse el lujo de ir por la calle sin que se le echaran al cuello, aunque ya había llegado para quedarse. Lo que más me llamó la atención es la naturalidad con la que hablaba de sus logros. Como quien respira. La conversación era apacible, sin estridencias y, por supuesto, no me dio ningún titular para que se pararan las máquinas.

Sus vivencias

Aún así, en los quince minutos que estuvimos charlando (no me gustan las entrevistas que parecen interrogatorios y los periodistas incisivos suelen sacar menos información de la que creen), me desveló muchas cosas de su vida personal, de las que también habló en el mismo tono. Sin dramatizar, pero tampoco convirtiendo los acontecimientos más duros (que los había) en algo trivial. No contando nada que no quisiera que se supiera, pero sin las reservas de tantos famosos que se sentaban frente a mí porque trabajaba para una revista del corazón.

Y, aunque iba representando a un medio al que lo que más le importaba era su faceta personal, llevaba muy bien hechos los deberes. Había escuchado unas cuantas veces el disco y me había quedado enganchado en una canción, ‘Lo saben mis zapatos’. Me la ponía en loop y se lo dije. Dio la casualidad que también era su favorita, así que él se fue tan contento a su casa y yo para la mía. Porque en esa época los personajes con los que me tocaba tratar me interesaban tanto como las obras completas de Paulo Coelho. Nada.

Las disculpas de Risto Mejide

Ahora Pablo López es una ‘superstar’. Hasta Risto Mejide le tuvo que pedir disculpas por haberle machacado a su paso por ‘Operación Triunfo’. Justicia poética. Y es el ‘coach’ más natural de ‘La Voz’. Aunque ya he dicho anteriormente que mi debilidad es Paulina Rubio. Un amor tan irracional como un chiste malo que te hace reír hasta quedarte baldado. Por eso no entiendo tanta inquina contra ella en las redes sociales, porque está fabulosa en su papel.

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Pablo funciona en televisión porque transmite verdad. No es impostado, no está pendiente de los monitores, como he visto a hacer a otros cantantes, más preocupados por su apariencia física que por su labor en el programa en el que participaban. Se deja llevar y tampoco pretende ser gracioso, ni parecerlo. La misma sencillez que me cautivó en la entrevista y que captan las cámaras. Porque ante un objetivo no se puede mentir.

Su vida privada

Por eso Marilyn Monroe era magia y otras actrices con una gran perfección técnica nunca llegaron a nada. Puede que tuviera que repetir mil veces una toma, pero la buena, como decía Billy Wilder, era magia. Lo mismo que presentadores a los que les han dado las oportunidades del milenio y nunca han salido de la medianía. O cantantes con tres pianos en la garganta y menos emoción que la violetera de la Puerta del Sol de Madrid.

Pablo López lo tiene.