Pastora Soler, la Rocío Jurado que pudo haber sido y no es


Si por algo me gusta envejecer es porque voy acumulando vivencias que echan raíces en mi cerebro y van formando un laberinto de pensamientos que se nutren unos a otros. Por eso, cuando estoy escribiendo un artículo ya tengo en mente el siguiente.

Así que anoche, mientras terminaba uno sobre Lolita Flores ya había decidido que en cuanto encontrara un rato dedicaría unas líneas Pastora Soler, a quien he entrevistado en un par de ocasiones y a quien he visto como espectador en momentos cruciales de su carrera: su primera intervención en televisión en unos premios Fotogramas de Plata o en la presentación de algunos de sus discos.

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Pilar, que es su verdadero nombre, es un descubrimiento de uno de los ‘reyes Midas’ del mundo del espectáculo español, Luis Sanz, mentor de Rocío Dúrcal, que vio en la rebautizada Pastora el futuro de la copla. Es más, hubo quien se aventuró a decir que era la heredera natural de Rocío Jurado. Por su portentosa voz, que fluye de su garganta sin aparente esfuerzo, y su capacidad innata en un género que, si no tratas con delicadeza, puede llevar a la sobreactuación o incluso a la parodia.

Entre la copla y el flamenco

Es tal su versatilidad que, al igual que ‘la más grande’, se desenvuelve con soltura en diversos palos del flamenco. Por eso en su repertorio nunca falta ‘Qué no daría yo’, uno de los títulos más emblemáticos de la intérprete de Chipiona.

Así, sus primeros años los pasó Pastora recreando las coplas que habían sido la banda sonora de su infancia, como ‘Triniá’, que cantaba con especial maestría, para luego adentrarse en el mundo del pop y, en los últimos años, convertirse en una baladista que nada tiene que envidiar a Céline Dion, como ya evidenció en su portentosa actuación en el festival de Eurovisión.

Hace cosa de un año asistí en el Teatro Real de Madrid a la presentación de su último disco, ‘La calma’, donde, acompañada por un piano y a pulmón interpretó algunas de sus canciones. En la primera fila, su padre, delicado de salud, veía con orgullo cómo su hija estaba ya más que consagrada como la gran artista que siempre soñó ser.

Una artista versátil

Lo fácil para ella hubiera sido seguir el camino que parecía tener marcado, intentar, como tantas otras, abrirse camino en el complicado mundo de la copla, pero su ruta era otra. Y es ahora, que ya ha recogido muchos de los frutos (porque aún llegará más lejos), cuando puede desplegar en un concierto las mil y una Pastoras que hay dentro de ella.

Sus fans la quieren en todos sus registros, popera, romántica, flamenca, coplera, porque, después de todo, lo que más importa no es tanto lo que se cante sino la impronta que se le da. Pastora tiene los límites que ella se quiera poner y estoy de acuerdo con Camilo Sesto cuando en la presentación de su nuevo disco hace unos días afirmó que había tenido la suerte de contar colaborar en él con las mejores voces de España: Mónica Naranjo, Marta Sánchez, Ruth Lorenzo y Pastora.