Quincy Jones, Bibiana Fernández, Mick Jagger: la vida es para gastarla hasta que no quede nada


Quincy Jones, el célebre productor que convirtió a Michael Jackson en la megastar que tan pronto perdería su brillo, calculó que vivir 80 años era el equivalente a 29.000 días y que iba a exprimirlos al máximo, no iba a desperdiciar ninguno. Y ahí sigue, aferrándose antes de doblar la servilleta definitivamente y decir: «La fiesta terminó·, como cantaba Paloma San Basilio.

 

Hombre hecho a sí mismo, hijo de la miseria y de una mujer con problemas mentales, ausente y una sombra que todavía le sigue persiguiendo, superó sus propias expectativas de resistencia y salió indemne de situaciones límite en las que, como en ‘Match Point’ la pelota acabó en su lado de la red en el último segundo.

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Excesivo en todos los aspectos, se bebió la vida, sometió a su cerebro y a su cuerpo a una presión que les hubiera podido hacer estallar (sobrevivió a un aneurisma contra todo pronóstico), pero como si todos los ángeles de la guarda de los Kennedy estuvieran trabajando para él, ha ido despidiendo a todos los de su generación, que han sido uno tras otro carne de necrológica, mientras él ha seguido construyendo una biografía que da para mucho más que ‘Quincy’, el documental de dos horas disponible en Netflix.

Bibiana Fernández, otro ejemplo

La vida es para gastarla, me decía una noche hace un par de años Bibiana Fernández en un acto promocional de Torremolinos, ciudad, por cierto, donde algún día podría acabar paseando mi tercera y mi cuarta edad hasta que también yo haya consumido los días que me queden y que también intentaré sean los máximos posibles.

«¡Qué pena habría sido llegar a los 62 y estar como nueva¡», me espetaba la actriz con una lógica aplastante. Los apologistas de la vida sana y saludable, que se privan de todo, que convierten su día a día en un catálogo de privaciones para conseguir objetivos tan espurios como tener un cuerpo perfecto, a veces se olvidan de algo tan básico como vivir.

Quincy Jones nunca ocultó haber sido todo un ‘fucker’, como Bibiana reconocía en Vanity Fair que se había metido tanto como para haberse muerto unas cuantas veces. Otros como Mick Jagger se han llevado a sí mismos al filo de lo imposible, mientras que Whitney Houston, Amy Winehouse, Prince o MIchael Jackson se quedaron por el camino de forma prematura.

Exprésate, no te reprimas

No hay una fórmula para asegurar la longevidad combinada con el hedonismo, bien o mal entendido, pero renunciar a los placeres demonizados por algunas religiones no han generado sino frustración, rictus amargados y envidia hacia el que se ha puesto reglas tan laxas que es casi como no tener ninguna. «Exprésate, no te reprimas» cantaba Madonna, otra mujer que ha encontrado en el placer carnal de los cuerpos jóvenes, de los que intenta inocularse el virus de la lozanía eterna, una manera de luchar contra el tiempo como otra cualqiera.

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Cada uno va eligiendo su camino, muchas veces sin ser conscientes de los pasos que va dando, pero siempre preferiré a los vividores, no en la acepción que estáis pensando, sino en la de los que la devoran hasta quedarse sin resuello, que  a los que huelen a sacristía, a los moralizantes y  a los que se quedan instalados en la queja porque no saben vivir.