Amaia Romero, sí

Portada El relámpago Amaia Montero

La vida no admite guiones. Ni fórmulas. Sí así fuera, todos nos bañaríamos en una infinity-pool de champán, nos traerían a casa la ropa de todas las tiendas de la Rue Saint Honoré de París y no nos acordaríamos de todo el santoral de la A a la Z cada mañana cuando suena el despertador. Sobre todo si tenemos esa suerte de que contamos con un motivo para despertarnos cada mañana y disponemos de medios para llenar nuestras neveras y llevar una vida si no de primerísimo mundo, de algo que se le parezca.

Por eso siempre he defendido la actitud de Amaia Romero de no plegarse a lo que otros esperaban de ella. Porque si hubiera hecho eso, ya habría publicado un disco hace unos meses, posiblemente con algún productor de moda, que dentro de un tiempo estaría arrumbado en el rincón de las canciones inservibles. Sin embargo, ella ha ido a su rollo, al tran-tran, y no se ha puesto a contar billetes de quinientos euros imaginarios antes de irse a dormir.

Se cometen tantos errores por aplicar fórmulas de éxito, por meterse en negocios que sobre el papel no entrañan ningún riesgo o simplemente por dejarnos guiar por lo que otros creen que puede ser bueno para nosotros, que me atrevo a afirmar que el cementerio está lleno de fracasados que se creyeron que un día iban a triunfar. Porque alguien se lo hizo creer o porque apostó a caballo ganador. Y a veces hay que hacerlo a perdedor, porque los milagros existen.

No pondré ejemplos de concursantes que pasaron por el mismo formato que a ella le convirtió en estrella. Tampoco de eurivisivos y wannabes que defendieron canciones de usar a tirar con la convicción del que cree tejer filigranas en los pentagramas y estaban cantando literalmente mierdas. Todos sabemos de quiénes hablamos y a poco que nos paremos a pensar caeremos en la cuenta que algunos llegaron, pero que otros solo asomaron la patita y después cayeron en el abismo del olvido y la indiferencia.

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Tras escuchar ‘El relámpago’ de Amaia Romero solo diré lo que ya manifesté en Twitter hace unos días, suena a ella. Mucho más de lo que se puede decir de otros artistas que llevan años siendo fotocopias desvaídas de otros ídolos que también han caído por querer ser a su vez sucedáneos de otras estrellas emergentes.

Y qué mejor que acabar con la más emblemática frase de la Agrado de ‘Todo sobre mi madre’: «Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma». Pero se puede. Aquí tenemos un ejemplo. Enhorabuena.

Como a Amaia Romero, tampoco me gusta la canción de Eurovisión

Foto Amaia Romero

Tenemos la piel tan fina que no nos podemos pronunciar sobre casi nada. Decir lo que piensas suele suponer que tus interlocutores se enfaden o que te ataquen por ejercer una virtud tan en desuso, la sinceridad.

Como si de una religión verdadera se tratara, tienes que abrazar un pensamiento único para que no te tachen de insolidario o retuerzan tus palabras hasta el punto de dotarles del significado opuesto al que era tu intención. Y guardar silencio tampoco me parece una opción, porque faltaría más que no pudiéramos ejercer nuestra libertad de expresión, siempre que el límite esté en no ofender a los destinatarios de nuestras palabras.

La libertad de Amaia Romero

Hace unos días, Amaia Romero aconsejó a Miki que fuera a Eurovisón tranquilo, ya que tendrá muchas otras oportunidades en su carrera para desempeñarse como artista. Hubo quien lo interpretó como un menosprecio a un certamen en el que lo dio todo, pero en el que no estuvo todo lo arropada por TVE como hubiera sido necesario. Gente, por otra parte, que se frota las manos ante los conflictos y que posiblemente viven instalados en un nido de avispas. Porque tampoco alcanzo a entender qué ganan con la crispación y la ira.

Amaia también dijo que ‘La venda’ no es una canción que le apasione, posiblemente porque está muy lejos de lo que ella es como artista y también de la música que consume, pero no por ello faltó al respeto ni a su intérprete ni a Adriá Salas, su compositor, e incluso le deseó suerte. Unas palabras que yo suscribo, aunque yo iría aún más allá, porque también tengo derecho a expresar mi opinión.

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La cara y la cruz

No me gusta nada ‘La venda’, pero eso no significa ni que sea una mala opción ni que siente cátedra con lo que digo. De igual manera que me ha parecido decepcionante el último disco de Estrella Morente o me ha chiflado lo nuevo de Dido, que ha resucitado artísticamente con su nuevo trabajo, ‘Still On My Mind’.

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Si no somos capaces de respetar las opiniones ajenas en cuestiones tan banales como estas, dudo mucho que estemos preparados para generar consensos en las materias importantes ni que sepamos abrir puertas y cerrar heridas con las personas que nos rodean. Ni que decir tiene que no albergo ninguna esperanza en que en las redes sociales no se falte al respeto, se insulte y se agreda con impunidad, como han hecho en numerosas ocasiones con Cepeda, por poner un ejemplo que todos podamos visualizar.

Elena Furiase, a la mentira se responde con verdad

Foto Elena Furiase

Estos días leía con cierto estupor y pena cómo algún medio publicaba que Elena Furiase no tenía trabajo y que estaba ‘desesperada’, como una gran amiga de la familia, Marta Sánchez. Y al igual que escribía aquí hace unos días sobre los artículos que se escriben sobre Amaia Romero, en los que parece que se desea que le vayan mal las cosas, me pregunto qué nos lleva a elaborar ese tipo de informaciones que no solo pueden causar dolor a las personas afectadas sino que también pueden convertirse en profecías que se cumplen a sí mismas.

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En el caso de Elena Furiase, es evidente que no está trabajando con Steven Spielberg ni con Pedro Almodóvar, pero es una mujer que se está abriendo camino como puede y con honestidad. Su propia madre confesaba en su programa de televisión ‘Lolita tiene un plan’ que se presentaba a muchos castings pero que no resultaban muy fructíferos. Sin embargo, señalar a alguien como si tuviera la letra escarlata por no estar en la cresta de la ola no es responsable ni ético.

¿Cómo medir el éxito?

Elena Furiase sí tiene trabajo, como ha demostrado ella misma en sus redes sociales. Y no todos tienen por qué ser Penélope Cruz o Javier Bardem. Hay muchas maneras dignas de ganarse la vida, pero si nos ponen palos en las ruedas es muy probable que nos resulte aún más difícil, porque pueden hacer creer a nuestros hipotéticos contratadores que no merecemos la pena o forjarnos una reputación que no se corresponda con la realidad.

El daño de las habladurías

Sufrir las habladurías no es algo que solo sufra la nieta de Lola Flores, pero la he elegido como ejemplo, porque quizás nos sirva para entender que nuestras opiniones o nuestras calumnias pueden hacer mucho daño. Siempre he desconfiado de las personas que no hacen otra cosa que criticar a los demás porque es bastante probable que lo que encierren sus afirmaciones sean la envidia, la propia frustración o simplemente una maldad que va buscando maneras de propagarse como un virus que necesita la sangre para replicarse. Por eso, en la era de las ‘fake news’ es muy relevante saber separar el grano de la paja, no contribuir a que la maldad gane y dar la espalda a la mala praxis profesional.

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Me encanta ver a Elena Furiase feliz, convertida en madre, disfrutando de su hijo y respondiendo con naturalidad a este tipo de comentarios que más allá de buscar la rentabilidad de un ‘clickbait’ que se desmonta con hechos consumados.

Amaia Romero y el mal Periodismo

Amaia Romero estudio grabación

A mediados de los 90, cuando empecé a ejercer el Periodismo internet no era una herramienta a mi alcance. Cada artículo que escribía obedecía a una serie de prácticas que parecen haberse perdido en una época en la que hay muchos más medios a nuestra disposición y en la que llegar hasta el epicentro de la realidad es mucho más sencillo.

Como sabe la gente que me lee de manera habitual, soy muy fan de Amaia Romero, más que por su música, de la que hasta el momento tenemos pocas muestras más allá de sus capacidades artísticas y unas cuantas canciones propias, por su actitud vital.

Noticias dañinas

No me puede gustar más que no escuche los cantos de sirena ni se pliegue a lo que otros esperan de ella. Algo que denota una gran autoestima, fuerza y seguridad en sí misma. Todo un ejemplo de empoderamiento en un mundo en el que quien más quien menos sucumbe a un cheque o a los símbolos externos de una fama que es muy promiscua. A las primeras de cambio te puede abandonar por un mejor postor.

Sin embargo, los encargados de narrar la realidad construyen relatos que en nada se corresponden con los hechos y que solo obedecen a la necesidad de conseguir un ‘clickbait’ que es pan para hoy y miseria para mañana. El mal Periodismo está matando a una profesión necesitada de noticias contrastadas, verificadas y honradas.

Ganadora de ‘Operación Triunfo’

Por eso, en nada contribuye publicar artículos afirmando que su fenómeno se desvanece o hacer juicios de valor como que podría sufrir la maldición del ganador de ‘Operación Triunfo’. Y utilizo su ejemplo, que es muy banal, en un mundo en el que ya no sabemos si lo que nos están contando es realidad o ficción, porque me parece muy didáctico para explicar el fenómeno que estamos viviendo en estos años.

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floreta meva!!🌷

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Mala práxis

En realidad que proliferen noticias de estas características sobre Amaia Romero es una anécdota en un océano de ‘fake news’ que nos está convirtiendo en personas desinformadas porque así lo han decidido otros con fines no precisamente altruistas. Creo que es vital recuperar la vieja práctica periodística de levantar los teléfonos para llamar a las discográficas, los mánagers o los promotores de los conciertos para cumplir con unos estándares mínimos de calidad y éticos. Porque sí no, compañeros, llegará un día que no tendremos donde escribir porque nadie nos va a creer.

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Por suerte para ella, la cantante no parece prestar atención a lo que se publica, porque lo que digan los demás está de más, pero hay otros muchos a los que se puede estar dañando con lo que se afirma sobre ellos. Quizás porque son más vanidosos, vulnerables o débiles.

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estoy grabandooo!!!

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Ser responsables para ejercer nuestra profesión es algo tan básico como respirar, pero parece que nos estamos olvidando de ello. Y quizás llegará un día en que no haya vuelta atrás. Restaurar nuestra credibilidad como gremio está en nuestra mano, pero teclear noticias falsas, calumniar o hacer juicios de valor perniciosos no va a contribuir a que así sea.

Amaia Romero y el significado de su gesto hacia Alfred García

Amaia Romero (Instragram)

Las redes sociales son como los tatuajes, con una ligera ventaja: podemos borrar el contenido con un solo click. Aún recuerdo el calvario que tuvo que pasar Melanie Griffith para quitarse el de Antonio Banderas y no quiero ni pensar si tu pareja tiene un nombre compuesto y le lo has decidido hacer a un cuerpo de letra enorme en una región delicada de tu cuerpo. La actriz estadounidense se lo borró en una etapa de desamor, pero seguramente que ahora no le importaría que siguiera ahí, porque cuando se cierran les heridas emergen de nuevo los rescoldos de las llamas del pasado.

Ayer, que era el Día de los Enamorados, se escribieron, ya os lo digo por adelantado, millones de mensajes que dentro de nada dejarán de tener sentido y que desaparecerán, porque ‘el invierno llega aunque tú no quieras’ cuando se rompe el amor. El desamor es como un catarro inoportuno, que aparece sigiloso hasta que se te instala en el centro del pecho. Otras es como un infarto, que de te deja tieso en el sitio. No tienes capacidad de reacción porque se ha desatado una tormenta perfecta y ya no hay quién, al borde del precipicio, pueda dar un paso atrás.

Nuevos titulares en los medios

Amaia Romero ha decidido hace unos días dar en diferido el paso de borrar uno de los pocos vestigios de su ex, Alfred García, en las redes sociales (un vídeo, aunque sigue manteniendo una foto de ambos en IG), un gesto que en el mundo digital equivale a hacer una escritura ante notario o firmar un acta de defunción. Como es lógico, ha generado un torrente de artículos, porque a falta de música, buenas son tortas. El día llegará en que ese interés disminuya y no estemos los demás haciendo exégesis de pequeños ni buscándole los tres pies al gato al que cantaba Rosario Flores.

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La exconcursante de ‘Operación Triunfo’, una etiqueta, como la letra escarlata, que va a seguir llevando mucho tiempo, por mucho que demore el lanzamiento de su primer disco, apenas utiliza las redes sociales porque es una ‘outsider’. Se mueve al margen de los cauces más trillados y convive con la fama como los presentadores con la mosca de la tele. Hasta el mismísimo Narcís Rebollo, jefazo de su discográfica, Universal, ha dejado claro que no es de las que deja nada en lo que pueda estar involucrada en manos de los demás, y que malo será que para septiembre no tengamos fumata blanca.

Los motivos de Amaia Romero

Hacer ‘delete’ o ‘unfollow’ en Instagram es como quitar todos los portarretratos de tu casa porque no te apetece ver a un ser querido que ya no está o que ha dejado de serlo, pero no sabemos qué le ha llevado a Amaia a tardar tanto a dar este paso ni por qué lo ha hecho. Y que nadie espere que lo explique, porque no lo va a hacer…

Por mi manera de ser, yo habría mantenido ese vídeo, quizás porque soy poco nostálgico ni dado a recrearme en las imágenes del pasado. O porque soy de los que pienso que si quisiste mucho a alguien y cumplió su propósito en el pasado, debería prevalecer el recuerdo de lo bueno sobre lo malo. Nunca he entendido a los que despotrican sobre sus ex, solo porque ya no se aman (no es el caso de Alfred ni de Amaia). En mi caso, me resisto a renegar de etapas enteras de mi vida, a verlas en clave melodramática o salpicadas por el odio, que es una urticaria existencial que no te deja vivir.

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Su historia de amor

Como espectador, la historia de Amaia Romero y Alfred García fue bonita mientras duró y gracias a ‘Operación Triunfo’ va a perdurar en la memoria de los fanáticos del programa. Y quizás cuando pasen los años ellos también la recordarán con la ternura con la que atesoramos los recuerdos de nuestra juventud, una época en la que todo se sobredimensiona y se vive con mayor intensidad. Unos años en los que los errores se perdonan con más facilidad y los aciertos suelen ser fruto del azar más que del conocimiento o la intuición.

Amaia Romero: las axilas y el problema con el sonido eclipsaron lo principal

Amaia Romero foto Goya

La gala de la última edición de los Goya fue una de las mejores que recuerdo, junto con una presentada por Rosa María Sardá hace ya unos cuantos lustros. Andreu Buenafuente y Silvia Abril fueron unos maestros de ceremonias bien compenetrados, ágiles, chispeantes y naturales dentro de un encorsetado guión. Libres y atados, un oxímoron de manual. También la música contribuyó a dar lustre a la gala gracias, sobre todo, a la impresionante deconstrucción de ‘Me quedo contigo’ de Los Chunguitos, algo que ellos aplaudieron virtualmente a Rosalía través de Twitter.

Había muchas expectativas en torno a Amaia Romero y, aunque no decepcionó, su actuación palideció frente a la intérprete de ‘Malamente’. Rosalía es una artista tan disruptiva y con un nivel de perfección en cada una de sus apariciones, que sin aparente esfuerzo consigue que sean icónicas. La exconcursnate de ‘Operación Triunfo’, por su parte, es una artista con gran talento, una voz versátil y cuenta con algo difícil de conseguir, el cariño del público, que espera impaciente de una vez que lance su disco para sacar conclusiones. Aún así, no se encuentran en momentos vitales comparables y sus trayectorias van a ser muy diferentes.

Lo que sí dio titulares

La presencia de Amaia en los Goya estuvo marcada por varias circunstancias que han evitado que se hable de lo fundamental: su música. En la que más se ha incidido en los medios es que no se depiló los axilas, lo que generó titulares minutos después de que apareciera en el photocall. Después, su encuentro fortuito con Pedro Almodóvar, que volvió a estar brillante no solo en el homenaje a ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’ sino también ante las preguntas de los periodistas (sobre todo evaluando a los políticos como hipotéticos protagonistas de alguna de sus películas). Y por último, su salida al escenario para avisar de que había habido un problema técnico, que después explicó su discográfica mediante un comunicado. Más que nada para aclarar que no fue un despiste, que fue la conclusión primera que se sacó. No vaya a ser que acabemos convirtiéndola en la Carmen Sevilla de la música.

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Su situación es mucho más liviana que cuando Madonna rodó por las escaleras de los Brits Awards, se levantó y continuó con la coreografía en el punto en el que se encontraba la canción. Eso se llama profesionalidad, conseguida con décadas de trabajo y no se me ocurre un ejemplo mejor para ilustrar cómo debe encararse una situación de estas características.

La actuación de Amaia

Amaia Romero no defraudó en su cometido, pero la lástima es que no se aprovechó la situación para dar un empujón más, para que los que siguen mirándola con condescendencia y paternalismo vean de una vez que es una artista muy completa, no una concursante de un ‘talent’ que intenta ser famosa. Posiblemente tendremos mil ocasiones más para comprobar lo grande que puede llegar a ser, porque aún nos encontramos en la fase de crisálida. De la información que disponemos hasta ahora es que se inclina por los festivales, como marco para desplegar sus cualidades, y que no tiene ninguna prisa por irrumpir en las listas de ventas ni en las radiofórmulas. O incluso puede que ni siquiera ese sea su objetivo.

Renovación artística

La conclusión positiva que podemos sacar de todo esto es que nuestro ‘star system’ musical está en evolución, que están emergiendo nuevas figuras destinadas a decir mucho dentro y fuera de nuestras fronteras. La gran noticia es que no son clichés, productos al uso e intercambiables, como ya he dicho aquí anteriormente («jamás duró una flor dos primaveras·, escribió Manuel Alejandro, y eso les va a ocurrir a la mayoría de artistas convencionales). Porque no es lo mismo tener éxito que ser un éxito. Lo primero te hace vulnerable, porque puede llegar un día que se desvanezca como una mariposa muerta entre los dedos, y lo segundo es lo que te garantiza que seguirás, que has llegado para quedarte. Creo que Amaia Romero está en la segunda categoría. Lo digo por intuición, es evidente, porque aún está dando sus primeros pasos y su futuro sigue siendo incierto.

Rosalía, todos nos quedamos contigo

Foto Rosalía Goya

Ayer estuve trabajando hasta las tres de la madrugada por la 33 edición de los Goya, que miraba por el rabillo del ojo mientras sacaba adelante la tarea que tenía encomendada. Por eso no pude disfrutar en todo su esplendor y como se merecía de la actuación de Rosalía hasta que llegué a casa y vi con detenimiento el vídeo en Twtter.

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La cantante fue, de lejos, lo mejor de una noche en la que se rindió homenaje a Chicho Ibáñez Serrador, gracias a quien viví los mejores momentos televisivos de mi infancia y adolescencia, y reapareció Amaia Romero, con una actuación muy por debajo de lo que hubiera esperado de ella. Quizás porque anoche la sombra de Rosalía fue demasiado alargada. La llama de su espectacular vestido rojo arrasó con todo lo demás.

Una película inolvidable

La cantante interpretó una versión hipnótica de ‘Me quedo contigo’, una delicada y al mismo tiempo muy arrebatada canción de Los Chunguitos que está muy ligada a mi memoria sentimental gracias a la película ‘Las noches salvajes’ del francés Cyril Collard, que fallecía en 1993 víctima del sida sin saber que iba a convertirse en el gran triunfador de los César ese año. Un reconocimiento póstumo que pareció una broma sarcástica como el billete de lotería premiado de Max Estrella en la obra ‘Luces de bohemia’ de Valle Inclán, que le hubiera evitado morir en la más extrema miseria.

Fui a ver ‘Las noches salvajes’ a una de las salas más emblemáticas del cine de autor de Madrid, al Alphaville, que ahora se llama Golem por aquello de la globalización., Allí fue donde se forjaron, al igual que en los Renoir, mi criterio cinematográfico y también muchos de los sueños que no acabé por cumplir. Eso sí, se me hicieron realidad otras cosas que ni me hubiera planteado, porque la vida es caprichosa como un gato con el lomo erizado. Me acompañaba mi amigo Claudio y ambos quedamos fascinados por el magnetismo de Cyril, un hombre fuerte, sensual y muy masculino, que para nada parecía herido de muerte. Ni afectado anímicamente por ser el protagonista de una historia tan autobiográfica. Para eso era actor y director.

Las palabras de Almodóvar

Solo la he visto una vez, aquella vez, porque no quiero que la realidad estropee el recuerdo. Como ayer dijo Almodóvar en la gala de los Goya, el tiempo suele ser muy cruel con el cine y muy pocas películas permanecen. Prefiero quedarme con la huella emocional que me dejó y de vez en cuando encontrarme al azar en algún cajón la cinta de cassette de la banda sonora, que me compré en Nimes cuando fui a visitar a un compañero de familia de acogida en los típicos cursos de verano en el Reino Unido para aprender inglés. Como es obvio, en aquel entonces ni teníamos Amazon ni llegaban a nuestro país ciertos discos o libros, que tenías que comprar en sus países de origen, lo que le daba un toque romántico a cada adquisición, que cuidabas como si fuera el capó de un Rolls Royce.

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El propio Cyril interpretaba algunas de las canciones, pero siempre me emocionaba al llegar a la de Los Chunguitos con la que ayer hizo magia Rosalía. Los que la acusan de absurdeces como la apropiación cultural o la definen como un producto de marketing deben de tener la sensibilidad atrofiada y la piel dormida. Los que no se emocionaron como yo, casi hasta las lágrimas. Casi, porque no es cuestión ponerse a llorar en tu puesto de trabajo.

Amaia Romero, el salto cualitativo respecto a sus compañeros

Actuar en los Goya como Amaia Romero no es cualquier cosa. Como tampoco lo es en los Oscar. De acuerdo, estamos en España y la dimensión de estos premios es mucho menor, pero es lo que hay. Son los galardones más importantes de nuestro cine y ya han alcanzado 33 ediciones, dirán algunos, la edad de Cristo, pero es un indicativo de que están más que consolidados.

Respecto a su presencia en esta ceremonia hay que hacer una pequeña reflexión. Por eso, debemos establecer una distinción entre buscar el estrellato y ser estrella. A veces una cosa puede ser consecuencia de lo primero, pero en otras está al margen de la voluntad de cada uno. Es lo que los americanos llaman ‘star quality’, o lo que es lo mismo, emanar una luz de manera natural, espontánea, innata. Muchos de los concursantes de los ‘talent’, no solo de ‘Operación Triunfo’, conocen un éxito fulgurante y trabajan con ahínco para mantenerlo, pero suelen acabar disueltos como azucarillo en café amargo.

Grandes de la música

Se me ocurren muchos ejemplos de cantantes que han arrasado, pero nunca han sido estrellas, porque una vez que no han conseguido un ‘hit’ su fama ha caído en picado, con la fuerza de las cataratas del Niágara ante la mirada de una Marilyn Monroe vestida de rojo. Otras no han necesitado un disco para estar vigente, como es el caso de las grandes, Barbra Streisand, Céline Dion, Madonna… Y de los grandes, Paul McCartney, Elton John, Tony Bennett.

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Sin haber llegado a este estatus todavía porque es muy joven, Amaia Romero, a sus 20 años, está labrándose un camino sin seguir con las pautas habituales de la maquinaria de las multinacionales: lanzamiento de disco, televisiones, radios, giras programadas… Sin comunicar ni uno solo de sus movimientos, va apareciendo como cabeza de cartel de festivales, se planta en los Goya… y del disco, nadie lo sabe.

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Los ‘haters’ de Alfred y Cepeda

Ahora que las estrategias de marketing ya no son lo que eran, quienes encuentran caminos distintos son los que suelen triunfar. A veces es algo tan sencillo como empatizar con el personaje, compartir sus valores y movilizar, como si de un electorado se tratase, a un ejército de fans que traten de levantar a su artista. Lo estamos viendo con Alfred García o con Cepeda, que son defendidos como si de la unidad de la patria se tratara, de los ataques de los ‘haters’.

El caso de Amaia Romero es mucho más marciano, porque no está haciendo ningún tipo de concesión a la galería y tiene a cierta prensa detrás tratando de construir un relato de alguien difícil, que va de la mano de su hermano, que sería quien estaría moviendo los hilos, y con un abogado vigilante por si le quieren meter una cláusula de tapadillo.

Las buenas y malas noticias

Hay una máxima que sigo en mi día a día y que siempre me ha funcionado: los hechos consumados. Son más elocuentes que las palabras, así que solo basta con observar lo que está ocurriendo y sacar conclusiones. Siempre puede haber quien le busque tres pies al gato porque las malas noticias vuelan como halcón detrás de una paloma, pero las buenas escuecen y a veces no interesa que se divulguen.

Amaia Romero: ni que fuera ella ‘Gran Hermano’

Foto Amaia Romero Zara

Estamos faltos de personajes. Está claro. Yo mismo lo veo en las portadas de las tradicionales revistas de los miércoles, que repiten una y otra vez a los individuos que proliferan en los programas de Tele 5, lo que explica también la caída de ventas del sector. Esta falta de noticias con empaque que veíamos en los años 80 cuando Estefanía de Mónaco cambiaba de novio como de biquini o cada frase de Isabel Preysler había que esculpirla en piedra, nos lleva a intentar de manera infructuosa nuevas caras con las que captar audiencias.

Amaia Romero, que sigue sin abrir la boca, es un claro ejemplo de cómo se puede diseccionar a una cantante en busca de la nada. Porque la exconcursante de ‘Operación Triunfo’ está demostrando que no tiene interés ninguno en que se habla de ella. Aún así, una foto en un supermercado o una camiseta de Zara de 8 euros pueden dar para un titular y ya si nos ponemos, también es noticiable que no ha dejado de respirar o que no se le cae el pelo.

Necesitamos estrellas

Aún así, que se informe de Amaia Romero tiene su punto costumbrista y no hace daño a nadie, es algo insustancial que lo mismo que aparece desaparecerá. Lo grave del momento informativo actual es que no hay personajes que den grandes titulares ni sean capaces de dejarte pensando. Nuestro ‘star system’ está huérfano de estrellas políticamente incorrectas, de divas como las del Hollywood dorado o, sin ser tan exigentes, de alguien medianamente interesante.

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La gracia de Amaia Romero es que va por libre y también, a su modo, es una forma de subversión, porque lo que se esperaba de ella era lo contrario. Recuerdo cuando a Rosa López, la ganadora de la primera edición la tuvieron del tingo al tango hasta que se le rompió la voz. Por cierto que ella también ha su modo fue desarrollando un grado de rebeldía que otros han querido convertir en carencia de éxito, pero no es así. Tras terminar su relación contractual con su última casa discográfica, ha fichado por un Canal Sur y a a seguir cantando, que, al final, es su máximo propósito.

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Que monísima por favor 🤧💕💙 📍Barcelona

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Me encantaría saber qué piensa Amaia de la trascendencia que le damos que vaya al Mercadona o le de 8 euros a Amancio Ortega por una prenda de vestir. A mí me daría mucha risa.

Amaia Romero, cuando sus deseos son órdenes

Amaia Romero Instagram

Esta semana escribía sobre el disco de Ana Guerra, ‘Reflexión’, que no es ni bueno ni malo ni todo lo contrario. Lo mismo me ocurrió con el de Miriam Rodríguez, de quien ya no recuerdo ninguna de las canciones. Sin embargo, el de Alfred García, que está compuesto y producido por él, me dejó una huella algo más duradera. Hablo en pasado, porque se publican tantas cosas que no me da tiempo a fidelizar ninguna. Aún tengo el cola el nuevo de los Backstreet Boys, al que le daré una oportunidad solo por nostalgia y lo nuevo de Santana, ‘In Search of Mona Lisa’, que escucho mientras escribo estas líneas.

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Dicho esto para llegar a la conclusión de que se produce tanta música que, o haces algo especial, o corres el peligro de morir sepultado por los lanzamientos de la semana siguiente. O incluso de la misma. Del disco de Ana Guerra solo me acuerdo de ‘Lo malo’ porque es una canción que triunfó lo suyo durante meses, pero sería incapaz de tararear nada más y no sé cuál será su recorrido comercial, pero no se lo auguro demasiado largo, porque tenemos ya encima los meses en los que las grandes estrellas lanzan sus nuevos trabajos.

Amaia Romero, casi anónima

Por eso entiendo divinamente el camino de Amaia Romero, de quien con tanta asiduidad escribo, porque no lo puedo evitar, es un personaje que me fascina. No tiene ni 20 años, no hace nada por ser famosa, no se pavonea por los ‘photocalls’ y cada día se generan no sé cuántos titulares sobre ella. Sin que abra la boca. Tal vez si lo hiciera, si hubiera lanzado un disco a prisa y corriendo ya estaríamos hablando de otra cosa. El misterio es algo con lo que ha acabado el consumo masivo de productos audiovisuales y las redes sociales. Tenemos una necesidad ansiosa de inmediatez que nos incapacita para paladear las experiencias y ralentizar nuestras vivencias.

Me parece bien que Amaia Romero haya optado por dejarse ver en festivales, donde el público va con vocación, en lugar de hacer programas de televisión cuyos efectos duran menos que una pompa de jabón en el aire. No sé si a vosotros os pasa, pero desde que tengo música en streaming, plataformas de televisión en streaming, prensa online, tiendo a olvidarme de lo que consumo en cuestión de minutos. Son demasiados los estímulos y pocos los que anidan en mi mente o en mi corazón. Así que dentro de varias décadas seguramente que tendré sensaciones más vívidas de lo que pasó en los 80 y en los 90, que en esta época en la que nuestros pensamientos discurren por autopistas virtuales.

De Mariah Carey a Ariana Grande

Ayer mismo volvía a la música retro como banda sonora mientras me dedicaba a organizar mi día. Quizás porque son canciones que amo o con las que he amado, a las que les dediqué su tiempo y que pulsan las teclas de mis sentimientos. Sin embargo, en los últimos meses no he conseguido retener ni una sola melodía del último disco de Mariah Carey, que, por cierto, está muy bien producido y merecía más suerte de la que ha tenido, no me he enganchado a ninguna canción de Ariana Grande y, salvo, lo nuevo de James Blake (su canción con Rosalía es delicada como un encaje de Bruselas, no os la perdáis), no he regresado a ningún lanzamiento de los últimos meses.

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gracias @palomawool 💜✨

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Espero que, como digo en el titular, los deseos de Amaia Romero sean órdenes. Que en efecto esté haciendo el disco que le guste y que no actúe en escenarios que no quiere pisar. Elegir siempre es un lujo y como no es habitual que nos dejen hacerlo, si ella puede que no pierda la oportunidad.