Marta Sánchez, la Isabel Pantoja del pop: siempre metida en líos

No sé si de bueno me paso a tonto o es que soy de los que pienso que la maldad engendra maldad. Ayer, que no suelo, me tragué la gala de ‘Operación Triunfo’, sobre todo porque quería ver a Marta Sánchez, en su ‘come-back’ con Carlos Baute, después de diez años con sus desencuentros. Y salvo que mis conexiones neuronales no funcionaran adecuadamente, vi una actuación correcta. No fue la Superbowl de Madonna, pero no se merecía la tomatina digital que han recibido.

Así que, una vez que acabó, entré en Twitter y puse que Martísima canta como los ángeles de Charlie (porque es así). Se ve que o no estoy bien de oído o mi hipermetropía me impide no solo ver sino también pensar sin claridad, pero resulta que no, que la mencionada red social ardía pero por lo contrario.

Hay vídeos en Youtube diciendo que la actuación fue bochornosa, artículos que se empeñan en que Carlos Baute le hizo un zasca, que si se veía tensión entre ellos… El apocalipsis pop. Después de ver a la mayoría de los concursantes, a los que no sigo (ya digo que vi el programa por casualidad), la ex solista de Olé Olé es María Callas a su lado y  Carlos Baute, Frank Sinatra.

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Marta se ha convertido en una especie de Isabel Pantoja, a quien miran con lupa porque parece que hablar mal de ella es ‘cool’ y da ‘clicks’. Como siempre me gusta buscar una explicación a lo que pasa, he llegado a la conclusión de que es una incomprendida, que sus intenciones no acaban de ser entendidas por el público o que ella, tal vez, no expresa adecuadamente lo que piensa.

El himno de España

Me pasó con lo del himno de España. Un gesto que a mí me dio sarpullidos (eso es cosa mía), pero no podemos reclamar libertad de expresión para unos y para otros no. Faltaría más que Martísima no pueda ponerse, porque le sale de su melena rubia, en plan Pemán y venirse arriba de patriotismo. Como Madonna (segunda vez que la cito, juro que sin mala intención), que se envolvía a su bandera y mandaba a los estadounidenses a votar, o como Marujita Díaz sacando pecho por las esencias caducas de nuestro país.

Momentazos televisivos

Le pasó también en ‘Tu cara me suena’, donde no acabó de encajar con el sentido del humor de Ángel Llàcer, y en Argentina en ‘Bailando por un sueño’ (una especie de ‘Mira quién baila’), donde protagonizó una ‘espantá’ muy a lo Curro Romero que supuso su expulsión del concurso. Que algo de culpa tendría, no diré yo que no, pero una mala tarde (o unas cuantas) la tiene cualquiera.

Marta, le pese a quien le pese, es nuestra reina del pop (que no se ofendan las demás)  y ha sobrevivido a terremotos artísticos que para otras hubiera supuesto el fin de su carrera. Tiene además ese punto de vida antigua, que también comparte con Mónica Naranjo, que es de agradecer. Tanta corrección política es aburridísima. Y sigue siendo personaje. No necesita un disco nuevo para sobrevivir. Ni vive entre los escombros de su realidad, como cantaba la pantera de Figueras.

Un reportaje complicado

Tengo que admitir que hace unos años cuando trabajaba para una  revista del corazón fui a hacerle un posado a su casa y resultó complicadísimo: discrepaba con los criterios del fotógrafo, se empeñó en un estilismo que emulaba a Victoria Beckham que no resultaba apropiado para las circunstancias de la entrevista y conseguir un buen titular fue como ir a picar a la mina. Pero yo, como Antonio Molina, siempre he sido un minero, del periodismo.

Marta no es un billete de 500 euros, por lo tanto, no tiene que gustarle a todo el mundo. Sin embargo, nadie le puede negar su tesón, la constante lucha contra el estereotipo y los prejuicios, y su virtuosismo vocal. Por eso, siempre la tendré en buena estima como artista. Aunque pienso que su repertorio, como le pasaba a Rocío Jurado, está muy por debajo de su talento. Aunque algún día, tal vez, lo remedie, y se descuelgue con un discazo.

Respeto por los artistas

Ojalá viviéramos en un país como México, donde a sus artistas, por muy endiosados que estuvieran. como María Félix o Juan Gabriel, les tenían y les tienen devoción. Tengo muy claro que a Sara Montiel no se la respetó lo suficiente ni se tuvo en cuenta su legado en los últimos años de su vida, que Fernando Rey, un actor universal, se fue por la puerta de atrás, pese a ser una figura clave de Buñuel y haber intervenido, entre otras películas, en la emblemática ‘The French Connection’, y Ángela Molina, su coprotagonista en ‘Ese obscuro objeto del deseo’, debería tener el estatus de una Catherine Deneuve, pero no es así.

Así que hago un llamamiento (y si hace falta abro un change.org): dejemos a Marta Sánchez en paz. Desde aquí, como decía María Teresa Campos (otra grande) en ‘¡Qué tiempo tan feliz!’, un aplauso de cariño…