Menos mal que hay feministas

Foto feminismo Virginia Wolf

Aunque no me gusta hablar de mi edad, porque es también una etiqueta, nací en 1973, en los estertores de una dictadura que algunos se dedican a blanquear y de la que son nostálgicos muchos que ni la conocieron ni la sufrieron.

Como es lógico, apenas tengo recuerdos de un país sin libertad, porque tuve la suerte de que se instauró la imperfecta democracia en la que ahora vivimos y que, con la ayuda de muchos, se está deteriorando hasta el punto de encontrarnos al borde de la fractura social. Sin embargo, mis padres y mis abuelos sí sufrieron sus consecuencias, por lo que me siento moralmente autorizado para afirmar que cualquier tiempo pasado fue mucho peor. Aún así no estamos en la mejor de las circunstancias, no solo en España sino también en el mundo, por lo que no considero que se trate de un fenómeno local sino más bien de un movimiento global de involución que aún no sabemos cómo terminará.

Aunque el propósito de estas líneas no es hacer un diagnóstico de nuestra situación, porque tampoco me siento capacitado para ello, he querido empezar con estos argumentos para recordar a todos aquellos que demonizan y denostan el término ‘feminista’ que muchos de los derechos que damos por hecho, y otros muchos que aún no se han conseguido, no se habrían logrado sin las personas que, generación tras generación, han abrazado esta bandera que parte de una premisa muy simple: buscar la igualdad entre hombres y mujeres.

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Hace ya unos meses que Paula Echevarría dijo que ella no era ni feminista ni machista, como si ambos términos fueran equidistantes de un término medio en el que estaría la virtud aristotélica. Poco después, su exmarido, David Bustamante, incurrió en el mismo error porque creía, tal vez, que se estaba ubicando en el lugar adecuado. Y como no me corresponde a mí instruir a nadie y menos a dos ‘celebrities’ que tienen que dar la cara día a día, no voy a profundizar más en estos dos ejemplos concretos.

La semana pasada, Tita Cervera, en ‘Salvados’ dijo que ella no era feminista sino femenina. Al día siguiente Isabel Rábago hizo suyo este planteamiento y colgó una fotografía en sus redes sociales con pose de ‘influencer’ con un argumentario similar por el que le llovieron críticas como en el diluvio universal. Y con razón.

Vivimos en una época de tanta indigencia intelectual que nos atrevemos a decir frases como sentencias de muerte sin conocer no nuestra propia historia, que a veces no nos da el ancho para tanto, sino nuestra identidad. Quizás aquellos que denostan el feminismo deberían saber que pueden hacerlo porque otros y otras se dejaron la piel para que así fuera. Incluso la vida.

Por eso más que nunca, ahora que nos manejamos en el ruido, los gritos y los insultos, todos debemos apoyar la causa feminista. Porque los que dividen, enfrentan y pisotean los principios más básicos de la convivencia son los que dicen luchar por tu libertad, por tus derechos, por la igualdad. Y te están mintiendo.

Tita Cervera, el lujo de vivir como quiere

Joan Collins hubiera sido hace unos años la intérprete perfecta para interpretar a Tita Cervera en un ‘biopic’. Sin tener la baronesa Thyssen las cualidades morales o, tal vez sería mejor decir, amorales, de Alexis Carrington, el pérfido personaje que la actriz británica encarnaba en la serie ‘Dinastía’. Siempre me imagino a Carmen maquinando para sacar adelante su vida. Asediada por los tiburones y los oportunistas que quieren sacar tajada, al igual que ocurría en la ‘soap opera’ de Aaron Spelling.

Anoche devoré ‘Noche en el museo’, la entrega de ‘Salvados’ dedicada a Tita Cervera. Se fue tantas veces por la tangente hasta el punto de que Jordi Évola parecía una escultura de Giacometti a la que le habían regalado unos ‘souvenirs’ de la tienda del museo Thyseen. Lo que es sacarle una pizca de información es algo que apenas vimos. A veces sus respuestas eran tan nihilistas como las de Tamara Falcó y otras tan contracorriente como las de Catherine Deneuve. Sobre todo cuando habló de los productores depredadores de Hollywood y estableció diferencias entre las agresiones sexuales a las mujeres y el cortejo que se pasa de la raya. Algo que muchas feministas, ella que se definió como femenina, tendrán a partir de ahora como arma arrojadiza contra ella.

Cercana y distante

Tita Cervera es una mujer cercana, nada protocolaria y muy simpática. Sin embargo, como lideresa de sí misma, no da muchas opciones a los que intentan hurgar en su pasado o meter el dedo en la llaga. La baronesa lleva toda la vida nadando en las aguas procelosas del glamour y del poder. Un entorno que curte más que una guerra de trincheras. Por eso no era de esperar ni que se abriese en canal. Ni que apareciera con la actitud contrita del que se pone de rodillas en un confesionario.

Hay muchas leyendas urbanas en torno a la que fuera Miss España, pero poca más información que los apuntes de Wikipedia y lo que ella ha querido que trascienda. De tal forma que si hay un personaje que necesita ser contado es ella. Nos faltarían una biografía autorizada y otra que no para hacer un retrato digo de colgar en alguno de sus museos. En la coleccionista de arte se dan cita a partes iguales la realidad y la ficción. Entremezcladas hasta tal punto que ya no se sabe si lo que se ve es lo que hay o lo que uno se imagina.

Sexy a los 75

La baronesa Thyssen no concretó ayer cuando se le preguntó por la literatura, la Biblia o de las garras de Hacienda. Su melena, esta vez mejor peinada de lo habitual, era un escudo antimisiles que se atusaba cada vez que Jordi Évole se acercaba a una línea roja. Y si no, abría aún más una petrificada sonrisa que era el equivalente a los carteles en los que reza ‘cuidado con el perro».

Aún así, pese a lo no dicho y a lo ni siquiera insinuado, fue un placer ver a Carmen Cervera en su esplendor. Luciendo ‘paillettes’ y encajes, rezumando un espíritu sexy que no ha logrado erradicar sus 75 años ni las cornadas que da la vida. Porque cuando ha tenido que bajarse al barro lo ha hecho, pero cuando se la tiene delante hay que llamarla de usted. No hay que perder nunca de vista lo poderosa y lo brava que es.