No hay que confiar en la bondad de los conocidos

Cuántas veces hemos bajado la guardia porque un consejo nos lo ha dado alguien muy cercano. Porque ese consejo nos lo daba un familiar, un amigo, alguien con quien teníamos una relación estrecha. Error. No hay que confiar en la bondad de los conocidos.

Cuando estamos rodeados de nuestro círculo nos relajamos y tomamos en consideración sus sugerencias porque pensamos que será en nuestro beneficio y no en nuestro detrimento. La lógica y el sentido común dicen que debería ser así, pero no siempre…

Sentimientos encontrados

Detectar las motivaciones de los actos es algo complejo, porque hay quienes albergan sentimientos contradictorios hacia nosotros. Supuestamente nos quieren y así lo sienten, pero al mismo tiempo no quieren que nos vaya mejor que a ellos, así que es probable que intenten disuadirnos sobre el mejor camino que debemos tomar.

Cuando hace unos veinte años decidí comprarme el piso en el que ahora vivo y que, afortunadamente, terminé de pagar hace un tiempo, hubo alguien muy cercano que me alertó sobre la decisión que iba a tomar: «Vas a estar muy agobiado durante años y puede que hasta lo pierdas».

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Pues bien, dos décadas más tarde, esa persona sigue viviendo de alquiler, lo que supone casi un 40% de su sueldo, y yo ha comprado otra casa más, en otra provincia, y un apartamento que previsiblemente adquiera en las próximas semanas. No soy millonario ni muchísimo menos, mi capacidad adquisitiva es discreta, pero gracias a esa decisión que tomé hace tanto tiempo he generado excedentes para otras hacerme con otras propiedades que me servirán como sitio de mi recreo en el futuro.

La experiencia de Alaska

Alaska me dijo en una de las varias ocasiones que fui a entrevistarla que en una época de vacas flacas, cuando comenzó su etapa de Fangoria, ella se iba a pinchar a Morocco, un emblemático local de Madrid, por cuatro durillos, y que había gente de su generación que le decía que por menos de 100.000 pesetas no se levantaba de la cama. Años después, allí seguían, en la cama, olvidados, mientras que ella había logrado revertir su situación estando en activo.

Creo que nadie mejor que uno mismo sabe lo que le conviene. Es fundamental asesorarse en cuestiones técnicas, por ejemplo, en las condiciones en las que se va a firmar una hipoteca, pero no debemos dejar que los demás decidan por nosotros. Primero, porque no es su responsabilidad, y después porque no están dentro de nuestra cabeza ni saben cuáles son nuestros deseos.

Cuidado en el ámbito laboral

Otro ejemplo: tenía una compañera de trabajo que siempre me impelía a ir a protestar a la jefa que tenía entonces,  que debíamos reclamar, que no debíamos aguantar, etc. Ella nunca lo hizo, yo tampoco, por supuesto, porque no me hubiera conducido a nada más que a agrandar mis problemas o mis diferencias con la persona de la que dependía mi sueldo.

Por eso, sin conoceros de nada, sí me permito aconsejaros que os fiéis de vuestro instinto, porque nadie mejor que vosotros sabe qué hacer con su vida.