Eurovisión: a ver si se nos cae la venda de una vez

Foto escenario Festival Eurovisión 2019.

Fui eurofan cuando la palabra no se había inventado y dejé de serlo cuando me di cuenta de que Eurovisión tiene la misma premisa que ‘El ángel exterminador’, una de las mejores películas de la etapa mexicana de Luis Buñuel, en la que un grupo de personas están en una fiesta y cada vez que intentan salir de la casa hay algo que se lo impide. De tal forma que entran en una espiral de degradación física y moral, al ser incapaces de escapar de un bucle como el del festival que tanto amé y al que miro con indiferencia, porque jamás duró una flor dos primaveras.

Una buena metáfora para una delegación, la española, que es capaz de mandar a pseudoadolescentes que hacen gallos bajo la sombra del tongo y de tablas de surf virtuales, chikilicuatres que se ríen del certamen, puestas en escena propias de fiesta de fin de curso, estilismos de segundo mundo y efectos de magia que convierten a Juan Tamariz en un alumno aventajado de David Copperfield.

Dos ‘top ten’

Todos los años seguimos un protocolo idéntico. Se elige a un representante, generalmente con polémica, porque Eurovisión no somos todos. O mejor dicho, no todos somos la misma Eurovisión. Luego se nos pasa la bajona y nos entra una especie de síndrome de Estocolmo con nuestro representante. Lo que nos parecía fatal, empieza a ser resultón y cuando llega el gran día estamos convencidos de que o vamos a ganar o como poco quedar entre los diez primeros. Algo que, por cierto, solo han conseguido Pastora Soler y Ruth Lorenzo en los últimos diez años. En síntesis, como esa noche de ligue en la que te vas bajando el listón. O como Aldonza Lorenzo se convertía en Dulcinea del Toboso en las ensoñaciones de Don Quijote. Apreciar belleza en la fealdad de las cosas (o algo parecido).

Las eternas candidatas

Ya digo que cada año es el mismo ritual y el resultado suele ser casi idéntico. Acabamos en la parte baja de la tabla y con la sensación de que no volveremos a ganar. Luego, ya resacosos y con un optimismo antropológico que emerge sin venir a cuento empiezan las teorías conspiratorias, las hipótesis descabelladas, los planes para hacerlo mejor al año siguiente, las quinielas de artistas. Que si Marta Sánchez, que no quiere ir. Que si Mónica Naranjo, que tampoco. Que vuelva Ruth Lorenzo. Y así ad infinitum.

Este año Miki va a quedar fatal. Ya os lo digo yo. No por demérito suyo sino porque su propuesta es como si ambientáramos una boda con una marcha fúnebre y en un funeral sonara una canción de Abba. Que no sería ni la primera vez ni la última, pero que no esperen oro de lo que es hojalata. ‘La venda’ no está mal para una medio tajada a las cinco de la mañana en un pub o en una despedida de soltera en la que ya ha actuado el stripper y las orejas de conejo de las diademas de las invitadas están lacias como las posibilidades de llevarse algo decente a casa con quien amanecer.

La actuación de Madonna

Seguramente acabaré viendo la gran final, porque es más difícil salir de la costumbre que de las drogas, pero ni la estrategia de folclórica antigua de Madonna con su actuación (que si firmo, que si no firmo) ni las actuaciones «Cirque du Soleil» de algunos representantes que he visto de soslayo me seducen más que una película iraní de los 90. Aún así, Eurovisión siempre es una siesta.

[LEE MÁS: Madonna somos todos (o lo seremos algún día)]

Mientras tanto, me pondré el nuevo disco de Salvador Sobral, que él sí sabe cantar. Y con gusto.

El absurdo de querer boicotear Eurovisión

Foto Madonna

Se aproxima el Festival de Eurovisión y me froto las manos ante la presencia de Madonna estrenando su nuevo disco. Mis expectativas no son muy altas, pero para mí ella es religión. Quizás este sea el único aliciente para mí este año, ya que nuestro representante, Miki, y su tema de verbena ‘La venda’ me da más pereza que las obras completas de Faulkner ordenadas en orden alfabético. Aún así, volverá a estar pegado frente al televisor, como cada año desde mi ya remota infancia.

Dana Internacional, un hito

Hay un gran movimiento desde hace meses que nace de la comunidad LGTBI para que se boicotee este certamen porque se celebra en Israel, pero parte de una contradicción primigenia: ¿por qué no querer que se tenga lugar allí, una vez que lo han ganado el año anterior, y se le permite participar? Nadie protestó, por cierto, cuando Dana International, se convirtió en la primera transexual en ganar este certamen representando a este país que tanto se demoniza. A veces con razón. A veces sin ella.

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Today in Tel Aviv, the Semi-Final Allocation Draw for the 2019 Eurovision Song Contest has taken place. Find out below which of the two Semi-Finals your country will perform and vote in. Tap the link on our profile to find out more about the latest participants! #DareToDream #Eurovision #ESC2019 BIG FIVE + HOST COUNTRY Spain, France and Israel will vote in the first Semi-Final. Germany, Italy and the United Kingdom will vote in the second Semi-Final. FIRST SEMI-FINAL FIRST HALF Slovenia Belarus Czech Republic Montenegro Cyprus Serbia Finland Poland Hungary FIRST SEMI-FINAL SECOND HALF Estonia Portugal San Marino Iceland Georgia Australia Belgium Ukraine Greece SECOND SEMI-FINAL FIRST HALF Switzerland Sweden Ireland Austria Moldova Latvia Romania Denmark Armenia SECOND SEMI-FINAL SECOND HALF Albania Azerbaijan F.Y.R. Macedonia Norway Russia The Netherlands Croatia Lithuania Malta

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Si miramos el listado de países que forman parte de este concurso de canciones, que no es otra cosa, hay muchos en los que se vulneran sistemáticamente los derechos humanos y con democracias de baja intensidad, por decirlo finamente. Por esta misma regla de tres, tendríamos que hacer una purga en las competiciones de cualquier tipo y solo permitir que participaran aquellos que cumplen ciertos estándares, ‘and frankly’, como diría Ana Botella, hasta Estados Unidos no pasaría esta criba.

Tel Aviv, La Meca gay

Por supuesto que no comparto las atrocidades que ha perpetrado el estado israelí con la connivencia o la pasividad de la comunidad internacional, pero igual que miles de homosexuales viajan todos los años a Tel Aviv a darse un homenaje, no veo por qué hay que emprenderla contra un certamen que disfrutan millones de personas cada año desde cualquier rincón del mundo. Por otra parte, los ciudadanos de a pie no tienen por qué pagar las consecuencias de las acciones de sus gobernantes.

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T O P …………..,

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Veamos Eurovisión en paz

Creo que hay maneras mucho más congruentes de protestar o de mostrar nuestra conciencia cívica que clamar contra acontecimientos como este y no hace falta irse a Israel para ponerlas en práctica. Si eligiéramos mejor nuestras causas y dosificáramos nuestras energías mejor nos iría. Comenzando por lo básico, yendo a votar.

Así que, por favor os lo pido, dejadnos ver Eurovisión en paz y no lo desnaturalicemos. Que es, insisto, un concurso musical, no una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU.

El valiente gesto de Alfred García

Foto Alfred García y Miki Eurovisión

Como en ‘Melinda y Melinda’, una de las películas menos celebradas pero no por ello peor de Woody Allen, se narraban los mismos acontecimientos desde dos puntos de vista. Uno en tono de comedia y el otro de drama. Porque la realidad se puede ver desde tantos ángulos y prismas, que se puede llegar a conclusiones antagónicas desde distintos caminos. Y a planteamientos similares desde puntos de vistas contrapuestos.

Por eso, después de escribir un artículo explicando por qué me parecía bien la ausencia de Amaia Romero en la gala de la elección de nuestro representante en Eurovisión no puedo dejar cojo el relato y no contar la otra parte de la historia. El papel de Alfred García…

Un recuerdo emocionante

El exconcursante de ‘Operación Triunfo’ sí decidió acudir y rememorar su paso por Eurovisión de lo que él sí ha hablado siempre con orgullo. A mi entender se siente mucho más identificado con la canción que interpretaron y con la experiencia que vivió que la que fuera su pareja. Por eso su presencia en una gala que tanto dejó que desear y defender su fracaso eurovisivo, del que, repito una vez más, ninguno de los dos fue responsable, es un gesto valiente. Otros en su lugar hubieran evitado dar la cara, sobre todo cuando ya has echado a andar y tienes el viento a favor, como es su caso.

Alfred García ha iniciado su carrera de manera muy coherente y puede ser todo un referente para los concursantes de esta nueva hornada, que parecen mucho más perdidos y hasta desmotivados. Quizás por eso la audiencia de esta edición fue mucho más baja y la gala de ayer no fue una excepción. Su ‘share’ bajó a menos de la mitad, porque desde hace semanas se ha publicitado que los concursantes no tenían ilusión por ir a Eurovisión y porque la mayoría de las canciones no serían ni un bonus track de cantantes de medio pelo. Merche es capaz de mucho más de lo que ayer vimos en la voz de Natalia y Morat tiene acreditados un montón de títulos que hacen palidecer al que interpretó ayer Carlos Right (muy correctos los dos en su ejecución, por cierto).

Contra los prejuicios

El cantante catalán, al que todo el rato se le recuerda su procedencia geográfica para estigmatizarle, está venciendo todos los prejuicios de los ignorantes y de los que viven instalados en el conflicto. ‘1016’ es ya disco de oro y su gira un éxito. La mejor estrategia es dejar que las polémicas se apaguen solas, no contestar y seguir tu camino, no el que te marcan los demás. Ha producido y compuesto lo que canta, así que no se le puede pedir mucho más. Por eso su esfuerzo está teniendo su recompensa.

Famous se merecía algo mejor

Y para acabar completando mi crónica de la gala de ayer (la otra parte está en el artículo de Amaia), solo decir que los concursantes de ‘Operación Triunfo’ se merecían mejores composiciones, en especial el ganador, Famous, a quien le tocó una canción muy difícil de sacar adelante. 2019 va a ser una nueva oportunidad perdida y me da pena por Miki, quien parece un chico encantador y trabajador, pero va a volver a casa con un muy mal resultado. Ojalá me equivoque.

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Amaia Romero hizo bien en no ir a la gala de Eurovisión

Foto Amaia Romero OT

No me extraña que ayer se desplomaran las audiencias a la mitad con respecto a la gala del año pasado en la que se eligió a nuestro representante de Eurovisión. Es consecuencia de varios elementos, el más claro es que los concursantes de esta última edición de ‘Operación Triunfo’ no han generado ni filias ni fobias. Simplemente indiferencia.

La canción elegida, ‘La venda’ de Miki Núñez nos situará posiblemente a la altura de Manel Navarro, porque peor no se puede. Le tocó defender un tema que parece más apropiado para un pub de borrachera de los 90 que para pretender ganar un certamen en el que, pese a lo ‘demodé’ que le parezca a algunos, se siguen mandando artistas y canciones de calidad. De hecho, la mayoría de los representantes de muchos países acaban convertidos en estrellas, pero en España sirve precisamente para lo contrario. Para sepultar en el olvido. O para arruinar carreras. Sobran los ejemplos.

[LEE MÁS: Famous, su incomprensible situación respecto a Eurovisión]

La realización de ayer fue desastrosa, el sonido defectuoso y las actuaciones eran más propias de artistas ‘amateur’ que de profesionales. La puesta en escena en algunos casos de todo a cien, como aquella enredadera de plástico que le pusieron a Julia. Por cierto, la que mejor defendió su tema fue Julia, con una eficaz canción de India Martínez que, bien producido, puede convertirse en un éxito.

Amaia Romero en Eurovisión

Fue la gala un momento para echar la vista atrás, pero solo un año. Así que ahí estuvo Alfred García, hecho un campeón, defendiendo su más que digno papel el año pasado al lado de la que entonces era su novia Amaia Romero. Ella se ausento y es lo mejor que pudo hacer. Habrá quien lo considerará un feo, que qué se habrá creído, pero cuando estás intentando fraguarte una imagen lo mejor es romper con el pasado. Además, se hubiera acabado haciéndose una exégesis del más mínimo movimiento, de sus palabras, de sus miradas… Todo menos su música, que es por lo que están peleando.

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Ya nos ha quedado más que claro que Amaia Romero no quiere ser identificada como concursante de ‘Operación Triunfo’ (o al menos eso parece). Y es de bien nacido ser bien agradecido, pero en su caso es entendible. Tampoco está intentando rentabilizar su imagen con campañas publicitarias o a través de Instagram, como Aitana Ocaña, ya convertida en una ‘influencer’. Seguramente en términos comerciales no será lo más inteligente quitarse de en medio, pero solo ella sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. Además, no hay nada peor que arrepentirte por las decisiones que los demás han tomado por ti.

Cuidar más Eurovisión

Tal vez Amaia no quiere ser una súper-estrella y lo que quiere es ser artista, lo que no significa necesariamente hacer caja. Hay situaciones en las que es más gratificante otro tipo de éxito y creer en lo que haces. Se equivoque o no, mientras TVE no se decida a cuidar Eurovisión tal vez sea mejor que no se te vincule a un fracaso como lo fue su paso por el certamen, en el que tanto Alfred como ella fueron víctimas de una mediocre puesta en escena y una desvaída realización. Y también hay que tener en cuenta que su reencuentro con Alfred hubiera desviado la atención de lo que los dos quieren lograr: salir adelante como cantantes.

Aplaudo que él si acudiera, que se emocionara tanto y que diera apoyo a los chicos que como él han salido de este programa. Lo que ocurre es que lo van a tener bastante difícil, por razones que no me apetece dejar negro sobre blanco porque no quiero herir los sentimientos de nadie.

Famous: su incomprensible situación respecto a Eurovisión

Foto de Famous

A veces no hay nada peor que expresar tus deseos para que no se cumplan. Famous desveló que tenía muchas ganas de Eurovisión y a la hora de repartir las canciones solo le llegó una. Y, a priori, no de las mejores. Una situación paradójica, cuando es el artista con más cualidades de los que han pasado por la última edición de ‘Operación Triunfo’ y fue el ganador de manera abrumadora.

Tengo la sensación de que TVE no tiene interés alguno en que quedemos bien en Eurovisión. Ya saben de antemano que la gran final es un éxito asegurado de audiencia y lo demás parece importarles más bien poco. De otra forma, jamás hubiéramos mandado un candidato como Manel Navarro, a quien se tragó la tierra después de ese gallo más grande que el emblema oficioso de Portugal.

La actitud de María Villar

Durante estas semanas se ha estado inflando la candidatura de María Villar, quien no ha manifestado lo que se dice entusiasmo por ir a Israel, pero el mundo es paradójico. Igual que en España hay una cultura empresarial en el que los mediocres mandan sobre los talentosos, los menos idóneos acaban por ocupar puestos que otros sobradamente cualificados anhelan.

[LEE MÁS: Pastora Soler, la Rocío Jurado que pudo haber sido y no es]

No sé cuál será el resultado de la gala, pero por lógica debería ser él el elegido, porque se ha postulado por ello y porque atesora méritos más que suficientes para acudir al certamen. Aún así, espero equivocarme, creo que vamos abocados una vez más a un sonoro fracaso, como en los últimos años. Con las excepciones de Pastora Soler y Ruth Lorenzo, que acabaron en décima posición, más que por la calidad de sus canciones, por sus portentosas voces y el aplomo que demostraron en su actuación.

Suerte para el ganador

Como creo en la deportividad y no me va la vida en ello, acataré gane quien gane y le deseo mucha suerte. Porque quien pise el escenario de Tel Aviv, más que jugarse el orgullo patrio, se juega su carrera. Por desgracia los fracasos se suelen pagar muy caros. Remedios Amaya vivió una larga travesía en el desierto y sufrió un escarnio que nadie merece, mucho menos una artista superlativa como ella.

En cualquier caso, los que no están convencidos de querer ir tendrían que haber hablado con TVE y con Gestmusic y desvincularse de este concurso. Ignoro si tienen contratos que sean como condenas, pero hubiera sido un gesto honroso y habrían dejado lugar a los que verdaderamente quieren dejarse la piel en esta cita musical por la que sueñan todo el año los eurofans. Personas que en muchos casos se gastan los ahorros de todo el año para vivir esta experiencia y, si lo ven por la tele, lo esperan como el gran acontecimiento que vertebra los doce meses del año.

Eurovisión: preparados para una decepción gigante

Eurovsión Israel

Igual que en una competición deportiva, siempre quieres que gane el tuyo, el festival de Eurovisión debería concebirse como un concurso al que acudir con la intención de quedar lo mejor posible. Ya sabemos que lograrlo es difícil, pero da la sensación de que ni siquiera se confía en quedar de los primeros.

Lo de menos es la posición sino el lugar en el que queda el artista, que es quien se la juega. Recordemos la travesía del desierto que tuvo que atravesar Remedios Amaya, a quien se linchó durante años. A Patricia Kraus, que se la tragó la tierra. También a Lucía Pérez, que tuvo que defender una infumable ‘Que me quiten lo bailao’. A Las Ketchup, que venían de un éxito mundial con su ‘Aserejé’ y nunca más se supo.

Y el paradigma del fracaso fue el pobre Manel Navarro. Podría haberse convertido en un ídolo para ‘teenagers’ si su discográfica hubiera seguido otra estrategia. Sin embargo, que su elección estuviera bajo la sombra del tongo y su gallo, le hundieron cual Titanic.

Éxitos en Eurovisión

Casos de éxito ha habido muchos. Raphael, Julio Iglesias, Karina, la injustamente olvidada Anabel Conde, Sergio Dalma, Nina, Mocedades… Todos tenían un denominador común: son grandes artistas. Además de competir con canciones con fuste. No con subproductos esclavos de modas pasajeras. Todos, además, han tenido carreras sólidas. Incluso Rosa López, a quien muchos se empeñan en defenestrar. Eurovisión no sirvió sino para darles una mayor dimensión.

Sin ilusión por ir a Eurovisión

Este año se rezuma una particular desidia. A la espera de ver las canciones terminadas y las puestas en escena, mis expectativas son nulas. El pasado, que se habían tomado medio en serio lo de Alfred García y Amaia Romero, quedamos fatal. No por culpa de ellos, sino porque no se les arropó adecuadamente.

O, para no andarnos con rodeos, las cartas sobre la mesa: porque no era esa la canción que tenía que haber competido. Las idóneas eran ‘Lo malo’ de Aitana Ocaña y Ana Guerra, o ‘Al cantar’, la delicada composición de Rozalén para Amaia.  Se desestimó porque se aplicaron los códigos de un ‘reality’ (su relación sentimental) a un concurso de canciones. Así nos fue…

Grandes artistas españoles

Salvo Pastora Soler y Ruth Lorenzo, que quedaron en décima posición, nuestra participación en los últimos años ha sido poco más que testimonial. Me pregunto que si en nuestro país surgen artistas como Pablo Alborán, Pablo López, Manuel Carrasco, Vanesa Martín, Rosalía o la misma Rozalén, no enviamos a alguien con una canción digna de ser recordada. Pues no hay forma…

Los compositores de El sueño de Morfeo

María Villar con un electro-latino que suena a viejo es la favorita para viajar a Israel. Sin embargo, la exconcursante de ‘Operación Triunfo’ no parece entusiasmada. Y la entiendo, porque es ella quien tiene que defender la canción. No los compositores, que bien se la podían haber quedado ellos y cantarla con la que fuera su compañera de El sueño de Morfeo, Raquel del Rosario, con la que perpetraron una mediocre actuación en el mismo certamen.

[LEE MÁS: María Villar, el peligro que supone para ella ir a Eurovisión]

Recomiendo a los eurofans que se lo tomen con calma. Tal vez una buena idea sería adoptar como propio a otros países como Italia, Francia o Suecia, que siempre mandan propuestas competentes, ganen o no. O asumir que somos unos perdedores congénitos. No se me ocurre otra explicación cuando, año tras año, surgen las mismas polémicas e idénticos berrinches.

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Here is the logo design for the 64th Eurovision Song Contest in Tel Aviv! The EBU and Israeli Host Broadcaster KAN are delighted to unveil the inspirational logo for the Eurovision Song Contest 2019 – three triangles which, when united, shine together to create a golden star. It accompanies the slogan Dare to Dream, which was revealed last October in Tel Aviv by Jon Ola Sand, Eurovision Song Contest Executive Supervisor for organizers the European Broadcasting Union. KAN has revealed more details about the creative theme for this year’s contest: «The triangle, one of the world’s oldest shapes, is a cornerstone symbol found universally in art, music, cosmology and nature, representing connection and creativity. As the triangles join and combine, they become a new single entity reflecting the infinite stellar sky, as the stars of the future come together in Tel Aviv for the Eurovision Song Contest 2019.” The tag line Dare to Dream symbolises inclusion, diversity and unity, which represents the core values of the Eurovision Song Contest. Tap the link on our profile to learn more on our website. #DareToDream #Eurovision #ESC2019

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Céline Dion: los motivos por los que ella ha sobrevivido y otras divas no

Foto de Céline Dion

Hace unos días contaba en otro artículo que en mi adolescencia era eurofan sin saberlo, porque aún no se había inventado el término. Y, como si fuera una gripe que se cura con el tiempo, ya no lo soy. No porque tenga nada en contra de Eurovisión sino porque vivo ciertas cuestiones con menos apasionamiento que cuando me compraba discos de Azúcar Moreno o Sergio Dalma solo porque habían participado en este concurso. 

[LEE MÁS: Eurovisión y los eurofans no se merecen este maltrato]

A Céline Dion la descubrí cuando ganó en 1988 este certamen representando a Suiza, aunque, como todo el mundo sabe, es la reina oficiosa de Canadá. Al menos de la parte francófona, donde tienen devoción por su pequeño ruiseñor, a quien vieron crecer delante de las cámaras como si  su mánager y luego marido, René Angelil, hubiera descubierto, también sin ser consciente, una de las técnicas más en alza en el marketing, el ‘storytelling’.

Céline volvió al año siguiente a Suiza y estrenó su primera canción en inglés, ‘Where Does My Hear Beat Now’ y unos meses más tarde llegó el disco a mi pueblo, que compré en vinilo, y que guardo como oro en paño. En la portada, en blanco y negro, parecía una muchacha asustada que no sabía muy bien qué hacer delante de una cámara. Comenzó entonces mi devoción por una artista que nunca me ha defraudado porque tampoco he esperado de ella canciones que vayan a cambiar el mundo ni obras maestras experimentales. 

Estrellas caídas

Las modas son como las montañas rusas. Suben y bajan con tanta velocidad, que a veces vomitas de la impresión.  Desde mi niñez a la actualidad he visto tantos ídolos caídos, que podría dedicar decenas de artículos solo para enumerarlos y  contar qué pasó con ellos. Estrellas fulgurantes que habían llegado para quedarse pero se marcharon por la puerta de atrás. Sin decir adiós. Y cada día salen también artistas que, como una cerilla fallida, se apagan antes de coger fuerza para brillar.

Céline hace muchos años que dejó de ser ‘cool’. O quizás nunca lo fue. Sin embargo, cada vez que hace una gira agota sus entradas en cuestión de horas, aunque sus precios son muy altos.  El público quiere verla, escuchar sus largos parlamentos, que a veces rozan el absurdo, y sentir la calidez de una mujer que ha nunca ha ocultado ni sus miserias ni sus dramas.

La rivalidad con Mariah Carey

La audiencia ha seguido, como si se tratara de un reality, la muerte de su padre, la enfermedad de su marido, casi su agonía en directo, su funeral que parecía de Estado y ella Wallis Simpson en el entierro del  príncipe de Gales, su embarazo fallido, el nacimiento de sus gemelos, a los que se llegó a calificar de ‘bebés milagro’, su transformación en icono fashion… No ha escamoteado ningún detalle y siempre ha dado la cara. Sin caer en el ridículo, como le ha ocurrido a Mariah Carey, que es muy mala gestora de su propia imagen pública y de sus redes sociales. Aunque en el caso de la exmujer de Tommy Mottola es muy sangrante, pues es una excelente compositora que no recibe el respeto que merece.

[LEE MÁS: Mariah Carey, una artista infravalorada por la imagen que da de sí misma]

Céline sigue teniendo un punto naif que engancha y ahora que se va de Las Vegas, después de haberse convertido en multimillonaria, seguro que se le ocurren muchas cosas para seguir entreteniéndonos. Porque, cante o no cante, como personaje es adorable. La suya es otra manera de ser diva. Y me encanta…

Eurovisión y los eurofans no se merecen este maltrato

Foto Alfred García y Manel Navarro

Hace muchos años que puedo decir que no soy eurofan, pero en mi infancia y mi adolescencia, cuando aún no se había inventado el término, lo era. El año empezaba y acababa para mí no el 31 de diciembre y el 1 de enero, ni con el ritual de las campanadas sino con el festival de Eurovisión.

Entiendo la preocupación que genera las decisiones equivocadas que un año tras otro se toman para elegir a nuestros candidatos. Porque para los eurofans este certamen musical lo es todo. Muchos de ellos se pasan ahorrando todo el año para poder verlo en directo y para ellos es casi una religión. Se saben los nombres y los resultados de los participantes de todas las ediciones, apoyan a los artistas a muerte y lo viven con tanta intensidad como los forofos del fútbol una final de la Champions. Con todo su derecho, por cierto. De hecho me siento más cercano a ellos que a los que solo saben hablar de un deporte que sirve para anestesiar a las masas y mantenerlas entretenidas mientras otros van convirtiendo nuestro mundo en un lugar peor para vivir

El fenómeno Rosa López

El año pasado Amaia Romero y Alfred García merecieron mejor suerte, pero siento que la televisión pública optó más por el revuelo mediático que por conseguir un óptimo resultado. Ya me habéis podido leer anteriormente que hubiera sido más acertado que fuera ella sola con la canción de Rozalén.  Se ajustaba más a su estilo y estaba a un nivel superior de la que se escogió, según mi parecer, para explotar el lado ‘reality’ de ‘Operación Triunfo’. Induciendo los votos en la dirección en la que salieron, quisieron hacer lo mismo que con Rosa López, pero la jugada salió mucho peor.

[LEE MÁS: Rosa López va a salir adelante: siempre será una grande]

La participación del año pasado

Respecto al año anterior me voy a ahorrar los calificativos porque con la elección de Manel Navarro eché espumarajos por la boca. No me gusta revivir las malas experiencias, así que, chitón. Por cierto que se deberían haber depurado responsabilidades, pero no se hizo.  Nos tenemos que remontar a artistas de mayor fuste como Pastora Soler o Ruth Lorenzo para encontrarnos con una posición digna. Casualmente las dos colaboran ahora en el último disco de Camilo Sesto, de quien un día escribiré como se merece.

Ahora da la sensación de que TVE no tiene el más mínimo interés en que ganemos. Y ante esa tesitura, considero que tal vez no sería mala opción, como han hecho otros países anteriormente, que no nos presentáramos hasta que nos los volviéramos a tomar en serio.

[LEE MÁS: Pastora Soler, la Rocío Jurado que pudo haber sido y no es]

Desconozco las cifras de beneficio que puede generar la organización de este concurso, pero imagino que serán elevadas. Además, tanto que hemos alardeado de marca España y hemos tenido a muchísimas personas viviendo gracias a ese absurdo concepto de marketing haciendo gestiones absurdas y viajando por el mundo a costa del Estado, una excelente manera de hacer ‘branding’ es trayendo para acá Eurovisión. Sería una campaña de publicidad espléndida para la ciudad en la que lo celebráramos. Como lo fue para Lisboa, gracias a que eligieron a un gran artista, Salvador Sobral, con una  canción excepcional. Como lo va a ser este año para Tel Aviv.

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Obrigado. Gracias. Merci. Thank you. 🙏🏻❤️

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La edición de este año

Por lo que he leído en Twitter hoy, que han trascendido las canciones candidatas,  no hay mucha esperanza en que lo hagamos bien de una vez. Así que no pienso prestarle más atención que ver la gran final en televisión. Es una cita que me conecta con mis años de inocencia, de descubrimiento y en los que se gestó la persona en la que me he convertido. Seguiré viéndola aunque sigamos maltratando a los nuestros o presentando candidatos que no sirven ni para una fiesta de fin de curso. Como ha pasado en algunas ocasiones que todos tenemos en la memoria.

Si tratáramos Eurovisión con el mismo respeto y cuidado como al fútbol o a los toros, una actividad que consiste en matar animales en directo con una larga agonía para los animales, nos iría mejor. También a los artistas que comprometen sus carreras por aceptar participar. Porque un mal resultado  te puede condenar al escarnio, el olvido y hasta la ruina económica. Como le ocurrió a Remedios Amaya, una de las grandes voces de nuestro país, a quien le deseo que ya esté bien de salud.

La gran olvidada

Por cierto, quiero aprovechar este artículo para reivindicar también a Anabel Conde. Quedó segunda, algo que ahora parece impensable. Una de las mejores actuaciones de todos los tiempos que TVE elimina de los resúmenes o especiales que se hacen sobre el certamen. Algo que me encantaría que me explicaran por qué.

Un país que no respeta a sus artistas no se respeta a sí mismo. Y una televisión pública que pagamos todos también debería cuidar a su audiencia. Se lo merecen los eurofans y los demás también.