Estrella Morente, ‘Copla’: el abismo entre la realidad y el deseo

Foto portada disco Copla Estrella Morente

Decía el poeta Luis Cernida que entre la realidad y el deseo hay un abismo. Eso es algo que he podido constatar al escuchar ‘Copla’, el último disco de Estrella Morente: me hubiera gustado que me encantara, pero no fue así. Es precisamente cuando tienes grandes expectativas y nos las ves cumplidas cuando te llevas la mayor decepción. Por el contrario, cuando no esperas nada y consigues algo te quedas con la felicidad de un niño que ha recogido caramelos a puñados en la Cabalgata de los Reyes Magos, que, como todo el mundo sabe, son Chiquetete y dos amigos suyos disfrazados.

Homenaje a Quintero, León y Quiroga

‘Copla’ pretende sonar a antiguo y lo consigue, pero no en la dirección que se pretendía. Orquestado por las tradicionales bandas de música y con un aire retro más que buscado, cada uno de los temas que Quintero, León y Quiroga que recrea la hija de Enrique Morente transitan por los auriculares como productos en serie. Son tan homogéneas en su ejecución y en su producción que no acabas quedándote con ninguna.

Sé por declaraciones de la gran artista que huyó del dramatismo de una Marifé de Triana o de una Juana Reina (sin que ella las pusiera de ejemplo), pero quizás por eso, por su exceso de contención priva a las coplas de una de sus cualidades máximas, la capacidad de conmovernos. De clavarnos una daga en el pecho. O al menos a mí, que igual estoy en un modo emocional de temperaturas nórdicas. A su favor hay que decir que no ha caído en la trampa de aflamencarlas (una tendencia que me tiene frito) ni en la grandilocuencia de las orquestaciones ‘más grandes que la vida’ de Luis Cobos para Isabel Pantoja.

Otro de los problemas conceptuales del disco es la selección del repertorio, que le lleva a recrear temas ya sublimados por las artistas que las estrenaron y por otra legión de profesionales y aficionados que las han interpretado y en otras ocasiones perpretrado porque, aunque no se seas aficionado al género, están en la memoria colectiva.

Mil y un intérpretes

‘Yo soy esa’, ‘El día que nací yo’, ‘Miedo’, ‘Triniá… Quien más quien menos sería capaz de tararearlas, por lo que ‘Copla’ es jugar sobre seguro en términos comerciales, igual que han hecho otros flamencos como Miguel Poveda, pero hubiera sido un gran ejercicio recuperar otras piezas incluso de los mismos compositores que no alcanzaron el esplendor de las mencionadas. Aplicarles el criterio del investigador que trata de encontrar joyas que han pasado inadvertidas y necesitan un buen escaparate.

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Siendo gran admirador de Estrella Morente, estoy convencido que este disco ganará mucho en el vivo y en el directo, como decía la bruja Lola. Ella es una artista de muchos quilates que pisa fuerte con la seguridad que de su garganta salen filigranas sin aparente esfuerzo y que con sus manos y sus ojos es capaz de ser mil mujeres a la vez y no estar loca. Así que espero que ese abismo entre la realidad y el deseo desaparezca la próxima vez que me siente en un patio de butacas para disfrutar de su arte.

José Coronado, el arte de elevar el listón

Vivir sin permiso foto

Hace unos días llegué por casualidad a ‘Vivir sin permiso’. Al igual que me ocurrió con ‘La casa de papel’ o ‘Fariña’ (ambas de Antena 3) no seguí esta serie cuando se emitió en Tele 5, porque hace mucho que casi solo consumo televisión en ‘streaming’. Lo he intentado con ‘Operación Triunfo’ o ‘La Voz’, pero se me hacen tan largos y repetitivos que siempre acabo dejándolo a la mitad como esos libros que no te enganchan y que llevas contigo a todas partes hasta que te aburres y lo dejas olvidado en cualquier parte.

Uno de los milagros de la democratización de los contenidos audiovisuales a través de plataformas como Netflix o HBO es que puedes administrar tus tiempos y hacer un ocio a la carta, así que, aunque con retraso respecto a su estreno, gracias a ellas he disfrutado de productos que hubiera dejado pasar de largo.

La estrella de la serie

Reconozco que el único motivo por el que me decidí a verla fue por José Coronado, porque solo que los capítulos fueran trece y duraran unos 75 minutos suponía dedicarle casi el mismo tiempo que a ver 13 películas, por lo que estuve merodeando por el menú de la plataforma hasta que me decidí a hacer un ‘clickbait’ en toda regla.

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Inseparables #VivirSinPermiso

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A priori el tema del narcotráfico tampoco me interesaba en exceso (no le he dado ni una oportunidad a ‘Narcos’), por lo que estuve que sí que no unos cuantos días, hasta que caí en la ‘trampa’. La serie es un híbrido de ‘Fariña’ y ‘Herederos’ que, más allá de la poca originalidad de lo que cuenta, es tan adictiva como la peor fast-food y se disfruta como cochino en una charca. En apenas tres días casi me he ventilado la primera temporada y muero de ganas por que estrenen la segunda.

Más allá de ser un entretenimiento del que dentro de unas semanas tan solo recordaré algunas ‘punch-lines’, que muy bien podría haber verbalizado la mismísima Carmen Orozco, aquel inolvidable personaje de Concha Velasco en la ya mencionada ‘Herederos’, sobresale el trabajo de José Coronado, a quien la edad sienta tan bien.

Sus primeros papeles

Aún recuerdo cuando le descubrí en ‘Brigada Central’, en la que tanto mostraban su velludo torso, como ahora el lampiño de Álex González en ‘Vivir sin permiso’ o dando el primer beso en pantalla grande a Isabel Pantoja en ‘Yo soy esa’. Era un actor que no destacaba, a mi entender, más que por su físico, que era apabullante. Siempre que pienso en él me acuerdo de Juan Luis Galiardo, quien siguió una evolución artística muy similar. De papeles de galán o granuja de poca enjundia a hombres más grandes que la vida en su madurez.

Su gran impronta

En cualquier producto, José Coronado eleva el listón de la calidad con su carisma. Con una naturalidad que parece no costarle ningún esfuerzo. No importa que esté en malas manos, que el guión que le toque en suerte sea mediocre. Siempre está bien. Su voz profunda, con destellos juveniles que a veces asoman en su excelente dicción, sus canas y arrugas son como la estructura de una casa bien construida que se mantiene sólida y firme, aunque a su alrededor proliferen edificios vigorosos en su novedad, pero de futuro más incierto, porque tal vez sean fruto de una moda pasajera y envejezcan mal.

Agoney, los límites que no deberían traspasarse

Foto de Agoney

Es casi la una de la mañana y no puedo dormir, así que me siento como uno de esos personajes de ‘Los noctámbulos’ de Edward Hopper, solo que me falta la barra del bar y otros individuos solitarios como yo, que escribo este artículo entre penumbras. Llevo un rato intercambiando tuits con mi admirada Pilar Eyre y parece que, además de compartir nuestra pasión por Francia en general, también nos une nuestra admiración por Jane Birkin, a quien a la escritora y periodista le hubiera gustado parecerse, y por Alain Delon, de quien me hubiera gustado tener un 10% de su atractivo físico en ‘A pleno sol’, la mejor adaptación de todos los tiempos de una de las novelas de la saga de Ripley de Patricia Highsmith.

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Alain delom in Plein soleil #talentedmrripley #Pleinsoleil

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Un acto lleno de vileza

En estas estaba cuando me he encontrado un mensaje de Agoney, que mostraba su estupefacción porque alguien había publicado una carta de amor suya en la misma red social. He tenido que buscar entre los tuiteros para enterarme de qué iba el asunto, pero no he querido profundizar más porque sentía que estaba vulnerando su intimidad, aunque ya he visto que, por si acaso, había un par de periódicos de tirada nacional que reproducían extractos enteros, por si a alguien se le podía escapar esta tropelía.

Aún así, me he negado a leer el contenido, porque considero que le sigue perteneciendo a él y porque no todo vale con tal de conseguir un ‘clickbait’. Por desgracia es peligroso ponerle límites a las redes sociales, porque eso puede redundar en que aprovechen para recortarnos el derecho de libertad de expresión que tanta falta nos hace en este momento histórico tan convulso. Sin embargo, sí que creo que se puede profundizar en la ética periodística, lo que redundaría también en una mayor credibilidad de los medios de comunicación.

Te aplaudo, Agoney

Agoney no tiene que avergonzarse de nada, pero sí quien ha filtrado un acto tan privado como este, y quien le ha dado difusión. No me interesan para nada los comentarios que haya podido suscitar, positivos o negativos, pero sí descubrir que todavía hay gente que es capaz de coger lápiz y papel y buscar las palabras con las que expresar sus sentimientos más recónditos. Nos hacen falta románticos como tú. Y enhorabuena por saber lo que es el amor, correspondido o no. Hay otros que morirán sin conocerlo pegados a un smartphone para tener experiencias a través de vidas ajenas. Insisto una vez más en la genialidad de la frase de Isabel Pantoja: «No tienes vida, pues cómprate una vida».

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Isabel Pantoja es lo que habría necesitado ‘Operación Triunfo’

Foto de Isabel y Anabel Pantoja

Sobre el papel parecía que TVE tenía todas las de ganar con ‘Operación Triunfo’, formato que había resucitado el año pasado y que nos ha dejado una estela de cantantes de éxito. Unos con más talento que otros, pero que parecen destinados a ser las estrellas de los próximos años. Como ya pasó en su día con Bisbal, Bustamante o Chenoa, esta última reconvertida en colaboradora televisiva. O más adelante con Manuel Carrasco o Pablo López, dos de los mayores súperventas en la actualidad.

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Otros que no mencionaré para que no se ofendan están viendo languidecer sus carreras. Muchos incluso ya se encuentran en la cuneta del olvido. Así que dudo mucho que los concursantes de esta nueva edición del programa de Gestmusic vayan a llegar a muy lejos. Siento ser tan crudo y ojalá me equivoque, porque estos chavales también tienen derecho a cumplir sus sueños. Claro que la fama cuesta, pero lo duro es mantenerse. Y una vez que se apague el fulgor del programa y acabe la gira no tengo fe en sus posibilidades.

Una cosa es lo que sublimen los jurados y los profesores y otra la realidad: el mercado está saturado de buenos artistas. Salvo sorpresas, no parece haber nadie con las capacidades de Amaia Romero, un mundo propio como el de Alfred García, o la frescura y sensualidad de Aitana Ocaña y Ana Guerra. Las pruebas de que el casting del año pasado fue excelente. Este no ha sido el caso.

Camino a Eurovisión

El ‘engagement’ del público en esta edición ha sido mucho menor que en la de 2017. Aunque las audiencias han sido correctas, y ha habido una gran actividad en las redes sociales, da la sensación que hay cierta galbana hasta con la elección de nuestro representante en Eurovisión. Quizás porque en los últimos años se ha descuidado este emblemático certamen que aglutina a veces más que una bandera. Incluso se ha llegado a mandar a individuos que no daban ni para la fiesta de fin de curso de un instituto de secundaria. Y no me refiero a Chikilicuatre, que este al menos era divertido y había un concepto artístico detrás.

El gran éxito de Antena 3

Pese al moderado éxito del programa presentado por Roberto Leal, que en la final sí llegó a un ‘share’ que consigue casi todos los días Ana Rosa Quintana, pero ella no es noticia, el espacio de entretenimiento que se ha llevado el gato al agua (no interpretéis esta frase hecha como un homenaje implícito al programa homónimo de Intereconomía) ha sido ‘Tu cara me suena’.

El programa de Antena 3 es incombustible . Aunque ha habido ediciones en las que ha flojeado, demuestra una solidez que no tiene ‘Operación Triunfo’. Por eso se va a quedar en barbecho no vaya a ser acaben de rematarlo con una nueva entrega. Está bien aprender de los errores y la televisión pública acierta con esta decisión. Lo malo es que mientras tanto van a estrenar formatos similares, por lo que la expectación de su vuelta podría verse considerablemente reducida.

Isabel Pantoja, posible gran fichaje

Así que si eres fan de este espacio, mejor será que esperes sentado. Tendrás otras alternativas: las distintas versiones de ‘La Voz’ o ‘´Factor X’, que podría tener entre sus jueces a Isabel Pantoja. Solo de pensarlo se me enamora el alma. Con ella el jurado de ‘OT’ sí que habría vibrado, habría puesto firmes a los concursantes, les habría dado consejos como la gran estrella que es, los hubiera mimado y reñido como una madre. Hubiéramos podido decir también «el fuego está encendido, la leña arde». Pero nos trajeron a Ana Torroja. Y a la vista está.

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‘Tu cara me suena’ ha cosechado durante todo este año cifras muy superiores al espacio de TVE, pero, como en la parábola del hijo pródigo, se celebra más el fogonazo que la consistencia, el fenómeno momentáneo que el éxito continuado. Por eso, no voy a ser diplomático con este asunto: no tengo ninguna prisa por que vuelva ‘OT’. Algo les agradezco: ha sido mi dormidina los miércoles por la noche. Es más, ni me quedé a ver quién ganaba porque me daban igual uno que otro, aunque mi favorito era Famous. Le deseo mucha suerte, por cierto. Se lo merece.

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Felicidades, Bormujero. @famous.ot2018

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Isabel Pantoja, el misterio del último mito vivo

Foto Isabel Pantoja

Isabel Pantoja es uno de los grandes misterios de la Humanidad. Y el pantojismo un fenómeno que habría que estudiar en las universidades, porque no conozco caso igual de fidelidad inquebrantable, devoción que frisa lo místico y entrega hacia una artista que es vapuleada a diario en los medios de comunicación. Ni fans a los que la realidad les estropee sus noticias.

La intérprete de ‘Se me enamora el alma’ es el último reducto de la canción española que nos queda y tiene esa pátina de Greta Garbo, que no sabemos nunca muy bien ni qué está tramando ni qué se trae entre manos. Cantora es como Manderlay, la casa de ‘Rebeca’, un lugar en el que el pasado pesa mucho y el presente se urde a espaldas de los cotillas vocacionales y los agoreros profesionales. Porque hay muchos que dicen estar al tanto de lo que ocurre intramuros, pero la verdad es que ignoramos casi todo.

Su biografía

Isabel es muy grande en lo suyo, pero no lo sería tanto si su personaje no tuviera dimensiones épicas: se quedó viuda y con un bebé con solo 27 años, regresó vestida como una zarina rusa en un concierto presidido por la reina Sofía, vivió su epifanía pública cuando besó en la gran pantalla a José Coronado, paseó los volantes de su vestido entre ecos del Rocío de la mano de Julián Muñoz, acabó en la cárcel por una sentencia que pareció ejemplarizante, y resucitó artística y moralmente en Aranjuez con su disco de Juan Gabriel.

Resumir la vida de una persona en un párrafo es una quimera, por lo que tratar de aprehender la esencia de Isabel Pantoja en un artículo es como querer demostrar la existencia de Dios con cuatro trucos de magia. Siempre nos moveremos en el terreno de la especulación, en una nebulosa pegajosa que nos impide verla con nitidez. Ni siquiera ella se ha contado como se merece, con los cañones de luz hacia su persona.

María Teresa Campos (captura)

Terelu Campos le propuso una entrevista que supusiera, además, la despedida profesional de su madre, María Teresa Campos, y desde aquí la animo a que lo haga. Una cumbre que ni la del G-20. España y América paralizadas. No sería para menos. Una oportunidad para que respondiera a lo de «por si hay una pregunta en el aire», pero de una vez por todas. Porque a veces no sirve aquello de que no hay más desprecio que no hacer aprecio. En su caso, por desgracia, seguirán hablando, sobre todo mal, haga lo que haga. Mencionar su nombre sale rentable. Es un hecho.

Críticas en televisión

Isabel, que es nombre de reina de la copla, tiene a tanta gente especulando sobre ella a diario que su propia vida parece una leyenda urbana. Porque ya no sabes a quién creer, si a los topos, a su sobrina Anabel Pantoja, contratada por, ‘Sálvame’, uno de los programas que más contribuyen a destruir su figura, a las ex-amigas resentidas a las que se les ha negado la entrada en la finca donde vivió su amor con Paquirri,  a ella misma o al propio sentido común.

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Isabel Pantoja es irreductible y cada vez que levanta el teléfono para intervenir en un programa, algo que últimamente hace a menudo, los audímetros empiezan a vibrar y, como si fueran un termómetro de mercurio, se disparan. Como hipnotizada, la audiencia se pega al televisor como las polillas a la luz. Te guste o no, es magnética.

Ideas para regalar

Nuevo disco

Por lo visto, está preparando nuevos conciertos y me han dicho que incluso un disco con canciones de José Luis Perales, quien le compuso ‘Marinero de luces’, pero con ella nunca se sabe. El destino siempre está moviendo los hilos y en su caso se sabe cómo empiezan las cosas, pero nunca cómo acaban. Que se lo digan a sus admiradores de América que se llevaron el disgusto del milenio cuando le impidieron viajar  a Estados Unidos y hubo que cancelarlos cuando estaban ya a punto de colgar el cartel de ‘no hay billetes’.

Lo que nadie le puede quitar es que es una gran artista y que su paso por la tierra está dejando una huella que dentro de varios milenios se estudiará ahora como las pinturas rupestres de Altamira. Los mitos nunca mueren. Y ella lo es.

 

 

 

Isabel Pantoja y Javier Marías, dos ejemplos de amargura perenne

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Uno se da cuenta de que envejece cuando sus ídolos, que generalmente eran unos años mayores que tú, se convierten en ancianos. O cuando ideas que te parecían razonables acaban rezumando resentimiento y añoranza de un mundo que no siempre fue mejor. Me refiero a esos escritores avinagrados, que algunos han dado en llamar ‘pollaviejas’, que parecen estar en este planeta para quejarse y vivir instalados en una amargura perenne.

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Hace mucho que dejé de leer a articulistas como Javier Marías, quien parece estar instalado en el epicentro del apocalipsis, o a Arturo Pérez Reverte, cuyas columnas parecen disparos sin tino de un spaghetti-western. No tienen, a mi entender, una visión de las cosas constructiva ni vitalista y ofrecen a sus lectores fórmulas que les ponen veinte años encima.

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En mi día a día intento apartarme de esos individuos que si llueve porque llueve y si hace calor porque hace calor. De esos vampiros energéticos que nunca están suficientemente saciados de calamidades. Como aquella canción de ‘Ojete Calor’, ‘Qué bien tan mal’, en la que una señora necesita que le vaya de pena para tener algo de lo que hablar.

Envejecer mentalmente

No sé si será que me pilla sin energías o sin paciencia, pero espanto como a moscas a los que me tiran para abajo, a los que me hacen creer que un mundo peor es aún posible y los que buscan achaques de los que hablar para convertirse en ancianos de forma prematura, de los que buscan los defectos de su cuerpo como metáfora de su decadencia intelectual y moral.

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StockSnap / Pixabay

Cada vez tengo menos aguante con los que buscan el cariño a través de la lástima, los que socializan verbalizando el malestar porque no han descubierto el hedonismo, y los masoquistas vocacionales. Son muy peligrosos, como perros de presa, que no te sueltan una vez te tienen pillado por el cuello.

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Poner un toque de frivolidad a la vida es un analgésico imprescindible, porque no hay necesidad de echarte el peso de la humanidad sobre la espalda, que es lo que me decía una vez Isabel Coixet que le pasaba cuando se ponía a escribir un guión. Por eso le salían historias tan tremebundas, que a mí me dejaban con muy mal cuerpo.

Ahora parece haber descubierto otros caminos en en ‘The Book Shop’, una pequeña y precisa historia de superación de una mujer que lucha por abrir una librería en un pequeño pueblo por amor a la literatura.

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MikesPhotos / Pixabay

El caso Pantoja

Si hay una figura pública que ejemplifica todo esto es Isabel Pantoja, a quien siempre parece irle mal. Cuando acaba con un conflicto empieza con otro. Y a veces hasta se le solapan. Es como un luto permanente que la cubre el pecho, como un resfriado que se queda a vivir todo el invierno.

Por alguna extraña razón (o quizás no tan extraña, ‘el dinero’), su nombre es arrastrado por el fango en las televisiones, algunos de sus familiares mantienen activos conflictos artificiales y parece siempre a la defensiva, como si esperara recibir un golpe dialéctico en cualquier momento.

El optimismo es fundamental

Me cuesta encontrar imágenes felices de esta mujer que cantaba estar cansada de ‘llevar esta estrella que pesa tanto» y, por el motivo que sea, en lugar de atraer los cañones de luz hacia su persona tiene como un imán para las desgracias, las penurias y los malos augurios. Y seguramente en la intimidad será muy divertida, en el escenario mueve divinamente la bata de cola y es una artista con un carisma arrollador. Es más, tiene un club de fans que sería capaz de ‘pedir limosna, de materme y de matar’, como ella misma cantaba.

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Qué contraste con una Lolita Flores, que se autoparodia en ‘Tu cara me suena’, o tantas personas anónimas que, como aconsejaba su madre, Lola Flores, dan por cada desengaño una sonrisa. Esas son las que tenéis que buscar, a las que os tenéis que aferrar. Porque la suerte ejerce un efecto llamada sobre la fortuna, así como el infortunio se alimenta de aquellos a los que parece gustarles vivir aferrados al lado oscuro de la vida.


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