Madonna ha dado la cara por ti mil veces (y no te has dado cuenta)

Madonna en Stonewall Nueva York

Me ponga como me ponga mi educación sentimental está ligada a Madonna, a quien no puedo menos que idolatrar. Es la mujer que más ha hecho por el movimiento LGTBI, donde está el máximo caladero de sus fans, pero también el mayor nido de víboras que la ridiculizan porque tiene 60 años y aseguran que se ha hecho más operaciones que cornadas da el hambre. No solo eso, la cantante ha sido el epítome de la liberación sexual, del disfrute de los sentidos, quien más ha puesto en evidencia a los que consideran que el cuerpo es un instrumento de mortificación y no de placer.

Por eso no me queda más remedio que denunciar la ingratitud de ciertos gays que cuando sus divas envejecen y las convierten en objeto de escarnio, que es proporcional a su ignorancia de lo que ha costado conquistar unos derechos que con el ascenso de los partidos extremistas de derechas vuelven a estar en peligro.

Transgresora

Cuando llegué a Madrid en los años 90 era improbable encontrarse una pareja de hombres o mujeres que se besaran en público. Chueca no había eclosionado como el barrio gay más importante de España, y se estaba muy lejos de conseguir el matrimonio igualitario. En aquel entonces, Madonna se rodeaba de hombres que disfrutaban de otros hombres, simulaba una masturbación en sus conciertos, otro de los grandes tabúes femeninos hasta hace no tanto, y convertía la cruz en un objeto decorativo. No en una excusa para pisotear las libertades ajenas.

Por eso es especialmente relevante que Madonna apareciera esta Nochevieja en Stonewall, el emblemático bar de Nueva York donde comenzó la lucha por los derechos de la comunidad homosexual hace cincuenta años. No puede decirse en su caso que sea oportunismo, porque lleva peleando por esta causa desde que empezó su carrera. No es lo único por lo que ha dado la cara cuando los integristas se la podían haber roto. También ha tenido que ganarse a pulso la supervivencia como artista pop en un mundo machista en el que Mick Jagger puede seguir dando tumbos por los escenarios sin que nadie ponga en cuestión su edad, mientras que a las mujeres se les califica de momias cuando siguen comportándose como las grandes estrellas que que fueron y que siguen siendo.

El machismo en el mundo de la música

Madonna denunció en su momento el ‘ageism’ y algunos lo achacaron a que no asumía no estar tan en primera línea como Lady Gaga, Taylor Swift o Katy Perry, que sí,tienen muchos logros, pero veamos cómo progresan sus carreras. En el caso de la reina del pop, de la más grande, la Rocío Jurado de América, aunque su voz no sea precisamente la de Maria Callas, podemos hablar de hechos consolidados. Más allá de las cifras, la intérprete de Ray of Light es un icono. Y eso, cariños míos, pasa solo unas cuantas veces en un siglo. Cada país tiene sus mitos, pero ella es universal.

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Mis líneas son solo un pequeño aplauso en un mar de personas que nos sentimos agradecidos de que haya puesto banda sonora a nuestras vidas, de que haya removido conciencias y de que siga evidenciando que uno deja de ser joven cuando lo decide, no cuando lo marca el reloj biológico.

Lady Gaga, la estrella indiscutible de 2018

Lady Gaga foto

Hace mucho tiempo que decidí no escribir de política, salvo que me paguen, así que no voy a comentar nada de los pactos a los que se están llegando a Andalucía. Echaría espumarajos por la boca y no es plan acabar en urgencias. Así que, aunque de refilón, he incumplido la promesa que me hice a mí mismo. Como decía el gran periodista Hilario López Millán señalándose la lengua: «A esta quien la para». O como en la fábula del escorpión y la rana: no lo he podido evitar, está en mi naturaleza.

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Así que como últimamente están pasando cosas que no me gustan, para no perder la línea argumental, voy a dedicarle mis mejores palabras a alguien que nunca me ha generado ningún tipo de sentimiento, Ni remotamente. Ya lo he desvelado en el título: Lady Gaga. No me han interesado sus discos, que he escuchado, para poder juzgarlos, ni sus actuaciones me han conmovido. Como el otro día me dijo alguien, toca más palos que la baraja española: que si hago un homenaje a Madonna (los malvados hablaban incluso de plagio), que si ahora voy de ‘crooner’ con Tony Bennett, que si exploro mi lado ‘country’, que me hago actriz…

Su éxito como actriz

Lo siento por sus detractores, que yo no me tengo entre uno de ellos, pero todo lo hace bien. Aunque a mí me remueva menos que Mónica Hoyos al borde de un ataque de nervios. Lo mismo hasta le dan un Oscar por ‘A Star Is Born‘, que igual la veo cuando la estrene Antena 3 en ‘El peliculón’ o en un AVE a Málaga cuando retome mis viajes a Torremolinos en busca de casa (aprovecharé para ir al cementerio a llevarle unas flores a Marifé de Triana, esa sí que era una grande). Si ya me aburrió la versión de Barbra Streisand y la de Janet Gaynor tampoco me entusiasmó, no voy a tropezar tres veces con la misma historia.

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Entiendo la devoción que le tienen los ‘little monsters’ y también la animadversión de los talifanes de Madonna, pero ya digo que a mí me es indiferente que se ponga un filete en la cabeza, que salga de un ‘cocoon’ o que cante el himno de Estados Unidos como nuestra Marta Sánchez, que además se ha metido a letrista. Ahora, no esperéis que hable mal de una artista con tantos recursos y tan valiente, porque eso no. Decía una abuela mía a la que no llegué a conocer: «Hay que darle crédito a quien lo merece».

A la espera de los Oscar

Lo siento por Katy Perry, por Beyoncé, por Miley Cyrus, por Nicky Minaj, que se puso hecha una hidra por no llegar al número 1 en Billboard. O por Taylor Swift, cuyo éxito escapa a mi comprensión. 2018 ha sido el año de Lady Gaga. Y 2019 también, me temo. Aunque yo, por justicia poética, querría que ganara el Oscar Glenn Close, quien ha sobrevivido a la espantosa permanente de ‘Atracción fatal‘ y a Meryl Streep, que haría bien hasta de Bin Laden.

Si lo logra la cantante, habrá que hablar con Almodóvar, con Lars Von Trier o con Luca Guadagnino para que le hagan una película a Madonna y que se lo lleve ella en 2020. Un ‘remake’ de ‘Sangre y arena’, por ejemplo, en el que cantara copla. Qué menos, ¿no? Otra opción es que por su nuevo disco le den 10 ó 15 Grammys, porque va a mezclar tantos géneros que podrá competir en casi todas las categorías.