La soportable levedad del ser

Amanezco y Twitter, que es como la vieja del visillo, me dice que Omar, el que pudo haber sido yerno de Isabel Pantoja, ha ganado ‘Supervivientes’. Y circula un vídeo de Carmen Calvo y Esperanza Aguirre, que parece un doblaje de ‘Muchachada Nui’ que se hace viral al son de ‘Praga y Budapest’, la misma mierda es.

He dormido regular, por si a alguien le interesa, que yo creo que no. Anoche, mientras me tomaba unos calamares al borde del Atlántico, estuve hablando de cosas de gran calado, como el patriotismo de Nati Mistral o el registro vocal de Paulina Rubio. Pequeñas levedades que te hacen la vida más llevadera, pero que mal enfocadas pueden acabar peor que aquella vez que el escritor Manuel Puig y el director de fotografía Néstor Almendros se enzarzaron porque uno de ellos, no recuerdo bien, había osado decir que Lana Turner no era buena actriz. Rompieron una amistad milenaria y se fueron al más allá sin cerrar esa herida.

No concibo mi día a día sin las trivialidades en las que dejo llevar un tiempo que podía emplear en cuestiones de más enjundia como atreverme de una vez por todas con Marcel Proust o revisitar Igmar Bergman, por quien no he tenido nunca una gran devoción. Soy mucho más Mediterráneo y superficial que el cineasta sueco que se apartó del mundo y de todo en una isla remota en la que jugaría partidas de ajedrez imaginarias con Max Von Sydow.

Sin embargo, ayer por la mañana sí que me puse sobre los hombros, como una toquilla de encaje para una procesión de Semana Santa, la causa LGTBI. Acudí a la Convención Social del Isla Bonita Love Festival, en la que departieron Topacio Fresh, Valeria Vegas, épitomes de mujeres transexuales que han logrado triunfar en sus profesiones y demostrar que ‘sí, se puede’, Fernando Armenteros, que lucha para dar visibilidad y una realidad ‘más humana, menos rara’ a la tercera edad del colectivo, y el jugador de waterpolo Víctor Gutiérrez, que abrió de par en par las puertas de la taquilla de su vestuario para demostrar que se puede ser deportista de élite y gay sin nadar contracorriente. Como invitado especial y fuera de programa, Stefano Sanino, embajador de Italia en España, quien con su labor en nuestro país ha demostrado que bajo el manto de la diplomacia también caben las transexuales que luchan por escapar de la exclusión social.

Como llevo unos días muy sensible, en los que por nada lloro canales, ríos de pena y remordimiento, como cantaba Lola flores, me emocioné mientras hacía un ‘hormigas blancas’ de mi propia vida y pensaba que el mundo está lleno de pequeños héroes que contribuyen con su ejemplo para que tengamos un entorno más saludable y humano. Porque a veces se nos olvida que despreciando, haciendo daño, señalando y tirando piedras a los tejados de nuestra sociedad lo único que se consigue es ser un trasunto de ‘El retrato de Dorian Grey’, ser aparentemente bellos por fuera, como los Instagramers que convierten el ‘fake’ en opción vital, pero podridos por dentro. Y, amigas, el algodón no engaña.

‘Dolor y gloria’: Pedro, España entera te debe la gloria del arte de España

Dolor y Gloria Almodóvar

Hoy se estrena por fin ‘Dolor y gloria’. No la he visto aún, pero ya estoy nervioso. Como novia que se casa, como desempleado que tiene una entrevista de trabajo. Me encanta sentir esa emoción, ese cosquilleo que tan pocas cosas me provocan como un estreno de Pedro Almodóvar. Lo bueno y lo malo es que en unas horas se me habrá pasado esta desazón, aunque seguiré dándole vueltas a lo que he visto y a los detalles que se me habrán pasado por alto, lo que me obligará a repetir.

Porque sí, amigas, seré ‘pedrista’ hasta que me muera (y no me refiero a Sánchez). No me importa si sus películas son mejores, peores, maravillosas, mediocres o disruptivas. Lo que sé es que siempre salgo del cine más feliz que entré. A veces por todo el metraje, otras por un fogonazo, por un detalle, por una frase que se convierte en ‘sampling’. Por lo que sea, Almodóvar hace que mi vida sea mucho mejor.

Las críticas de Carlos Boyero

Esta mañana escuchaba una crítica de Carlos Boyero que achacaba el fenómeno Almodóvar a sus innegables cualidades para el marketing. Una actitud despreciativa que viene mostrando desde hace muchos años y que, allá él, porque su influencia sobre el espectador es posiblemente mucho menor de lo que se cree. A veces ocurre como en las películas de terror, que si acumulas los sustos dejan de surtir efecto. Por eso sus palabras son anestesia para mis sentidos, dormidina para mis noches de insomnio. Nada.

Ya digo que aún no he visto ‘Dolor y gloria’ y he intentado leer lo menos posible sobre la pelicula. Para llegar virgen y mártir a la sala. Mis expectativas no son ni altas ni bajas, porque no me planteo nada. Soy como un eurofan ante Eurovisón, ya estoy convencido de antemano, porque sea lo que sea no voy a salir defraudado. Como nunca lo hicieron Buñuel o García Lorca o Truman Capote. Genios que tuvieron días mejores o peores, pero que solo les parieron una vez para dejarnos un mundo mejor y más inteligente. Otros, por el contrario, parecen clonados, se mueven en la medianía, en la osadía de la mediocridad y su impronta es fugaz como hoja de calendario.

[LEE MÁS: ‘Dolor y gloria’: vamos a amar a Almodóvar de nuevo]

Por mi devoción hacia Pedro Almodóvar, a quien nunca he tenido la oportunidad de entrevistar o conocer, aunque me encantaría, voy a parafrasear a Rocío Jurado, cuando en un homenaje a Lola Flores le dijo lo que ahora le voy a aplicar al hijo de doña Francisca Caballero: «Yo no sé si esto servirá de algo, pero esto tiene que ser el comienzo del homenaje que te tiene que dar España. Porque España entera te debe la gloria del arte de España. Y ya no digo más nada».

Concha Velasco, el discreto encanto de ser una leyenda

Concha Velasco en Velvet

Hay ciertas persona que son un paradoja temporal viviente. Concha Velasco, frisando casi los 80, está más en el presente y en el futuro, que en su brillante pasado profesional, convertida en una Norma Desmond del nuevo milenio. Más en activo que nunca, porque, aunque algo hayan tenido que ver las deudas, su pasión por el trabajo la hubiera impedido retirarse, piensa ya en un monólogo que le ha escrito su hijo. Y en lo que le echen.

Con lo que voy a afirmar a continuación me siento un poco Javier Marías, ese sobrevalorado escritor y columnista que te ayudará a deprimirte con sus artículos si no lo estás ya bastante: Concha es un ejemplo para todos esos jóvenes que parecen estar ya cansados de vivir, desalentados e invadidos por un ‘alien’ que les incita a pensar que lo peor está por llegar Sin perder yo de vista que muchos otros pelean contra molinos de vientos que son gigantes porque no vivimos en el país de las oportunidades ni aquí se cumple el sueño americano. La actriz vallisoletana es el antídoto de esos sentimientos paralizadores y hasta cuando la salud se le ha ido por la puerta ella ha encontrado las energías abriendo una ventana.

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GRAN HOTEL (2011-2013) Personaje: Doña Ángela.

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En el rodaje de ‘Herederos’

Me he encontrado con Concha en unas cuantas ocasiones, y si hay algo que me gusta de ella es que se permite ser contradictoria, se perdona, se castiga, se libera y se encarcela ella sola. Cuando rodaba ‘Herderos’ fui a entrevistarla al rodaje. Teñida de rubia y sin salirse del todo su personaje, me pidió que la entrevista se ciñera lo más posible a lo profesional, pues seguían supurando las heridas de su separación de Paco Marsó. Disciplinado, como ella para lo suyo, me ceñí al guión que me había marcado, pero llegado un punto de la conversación, me agarró del brazo y me dijo: «Por el cariño que le tengo a tu revista, te tengo que contar esto…»

Lo que siguió fueron unos minutos abriéndose en canal. Cada frase un titular. Cada mirada una confesión. Fue una liturgia de generosidad, de remar a favor de obra, de solidaridad hacia alguien que podría haberse vuelto a la redacción con unas declaraciones anodinas y regresó con material casi para escribir unas memorias. Y casi no volví a intervenir hasta el momento de despedirnos. No hizo falta. Ya me había hecho ella mi trabajo, preguntarse y responderse.

Toda una diva

Concha Velasco es una de las personas más generosas que me he cruzado en mi periplo profesional y también, junto a Sara Montiel, de las más ingeniosas, ocurrentes y divonas en el buen sentido de la palabra. Estamos faltos de genios de la palabra, de relatores de sí mismo, de mujeres que como le escribió José Luis Perales a Lola Flores podrían haber dicho: «Hemos amado, dejándonos el alma en un suspiro, hemos luchado, dejándonos la piel en el camino, hemos llorado un adiós con sabor a despedida y hemos probado el sabor agridulce de la vida».

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VELVET (2016) Personaje: Petra Alcalde Vargas

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Trabajadora infatigable

Años más tarde me encontré a Concha en el hotel Barceló Formentor, donde solía veranear con su adorado Paco Valladares.  Me la encontré en el ‘lobby’, muy concentrada y con la mirada fija en unos folios que sostenía en un ángulo de 45 grados . Cuando la saludé, como en aquella entrevista de hacía unos años, me dio todo lujo de explicaciones que yo no merecía: que estaba pasando unos días de descanso con su hija y su nuera y que preparaba un ‘Cine de barrio’ que tenía que grabar esa semana con Arévalo y Bertín Osborne.

Lo hacía con la misma disciplina que si fuera a sentarse con Lawrence Olivier y Vivien Leigh, escamoteando minutos a su ocio para dar lo mejor de sí misma cuando tuviera que grabar. Una prueba más de su ética del trabajo y de su entrega a cualquier proyecto, esté por encima o por debajo de su talento.

A Concha se le adora desde hace siglos y recordar su trayectoria aquí sería como reescribir su entrada en Wikipedia, pero, a mi entender, carece quizás del reconocimiento de cierta intelectualidad que ha creado mitos con pies de barro y ha levantado carreras que luego se han defenestrado solas. Quizás no se le haya perdonado cierto pecado original de presentar programas de entretenimiento intrascendentes para pagar las facturas. Aún así, cuando esos que la puedan haber ninguneado dejen de estar en los medios o en los estamentos que les dan soporte, no serán nadie. Ella será siempre Concha Velasco.

Lo que le debo a Lola Flores

Lola Flores con sus hijos pequeños

No hay día que no encuentre ocasión para mencionar a Lola Flores por algo. En general repito alguna de sus frases como sentencias. O recreo alguna ocurrencia que se hizo viral antes de que existieran las redes sociales. Porque al igual que le ocurre a Madonna, que casi todo lo que hacen las cantantes ahora, ella ya lo había ideado décadas antes y sin adulterar por lo políticamente correcto, la Faraona fue pionera en tantas materias que es complicado que el molde se vuelva a romper.

Le debo muchas cosas a Lola, la más importante que ha hecho que mi vida sea más feliz. Y es algo que no puedo decir de mucha gente con la que he compartido miles de vivencias. Por desgracia, a la intérprete de ‘La Zarzamora’ solo la vi una vez y fue metida en su ataúd, envuelta en una mantilla blanca y descansando después de una titánica lucha contra la enfermedad que hasta a ella, que era invencible, se la llevó por delante.

Adiós a La Faraona

En aquel entonces estaba estudiando Periodismo y vivía en un Colegio Mayor, en el que se cenaba sobre las ocho, así que mi amigo Claudio y yo, tras engullir un filete empanado como perros ansiosos, enfilamos para el ahora teatro Fernán Gomez. Una cola inmensa daba la vuelta al edificio y tuvimos que esperar unas dos horas para ver durante unos segundos a una artista a la que seguimos venerando con igual intensidad. O más. Con ella moría una parte de mi infancia, en la que el torbellino de colores y las rancheras de Rocío Dúrcal ya me marcaban un camino, que ha tenido sus rosas con sus pertinentes espinas. Así que tenía que estar en ese adiós, que era mi última oportunidad de encontrarnos cara a cara.

En el caso de la que fue ‘más bonita que ninguna’ no pude hacer lo mismo, pero sigo guardando en mi corazón aquella tarde que pasamos charlando entre cervezas sobre sus obras y sus milagros (artísticos), que fueron muchos, en su chalet de Torrelodones. Pero esta es otra historia que otro día contaré, porque a Marieta también le debo un artículo en condiciones…

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Viva la Madre q me parió❤️❤️❤️❤️❤️❤️

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Los vídeos de Lola Flores

No soy dado a la nostalgia, un sentimiento que te desvía de lo que te queda por vivir, pero sí atesoro los recuerdos como esos antiguos álbumes de fotos en los que antes de la revolución digital tratábamos de mantener organizada nuestra biografía entre papeles de seda, que servían de pantalla para que el tiempo no erosionara tan deprisa esas instantáneas. De igual forma, no necesito recurrir a Youtube para recordar las actuaciones de Lola Flores en televisión, aunque sí lo suelo hacer porque verla es como un chute de endorfinas, te vienes arriba. Y cuando haces pop, ya no hay stop. Empiezas a ver vídeos y te pueden dar las cuatro de la mañana.

Ya no quedan casi artistas genuinos, que verbalicen evidencias como que el brillo de los ojos no se puede operar. Un fulgor que no se apaga, porque sus mariquitas, como se refirió a nosotros en una entrevista con Lauren Postigo, vamos a ella como las polillas a la luz. Aún así, sigo pensando que aún no se ha cumplido aquella delirante pero certera petición que hizo Rocío Jurado en una gala para honrar a la madre de Lolita, Rosario y Antonio Flores: «Yo no sé si esto servirá de algo, pero esto tiene que ser el comienzo de todo el homenaje que te tiene que dar España, porque España entera te debe la gloria del arte de España».

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Memoria histórica y afectiva

La mejor manera de rendir pleitesía a los que ya no están es recordarlos, hablar de ellos, pensar que harían si estuvieran en tu lugar, si te pudieran aconsejar. Los seres queridos no se van hasta que nosotros deseamos que así sea. La memoria es uno de los grandes dones que nos han concedido la evolución y la genética. Gracias a ella, Lola Flores no ha muerto y es esta capacidad la que nos hace más humanos, menos raros. Si atesoramos lo bueno y desechamos lo malo, eso sí.

Sara Montiel: cuando sus mentiras las convertía en verdad

Foto Sara Montiel James Dean

En abril se cumplirán seis años de la muerte de Sara Montiel, quien tuvo tan mala suerte que después de toda una vida cultivando el divismo también falleció ese día Margaret Thatcher, con lo que las noticias a cinco columnas de los periódicos españoles y la apertura de los principales informativos se los llevó la exmandataria británica. Le ocurrió lo mismo a Farrah Fawcett con Michael Jackson. A veces el ‘timing’ juega estas malas pasadas, lo que tiene también su lado bueno, porque mucha gente no se entera y sigue creyendo que estás viva. Lo contrario de lo que le sucedió a Imperio Argentina en una entrevista con Alicia Senovilla, que le preguntaba por personas que ella creía que ya habían doblado la servilleta y estaban vivos como adolescentes en plena eclosión hormonal.

Sara Montiel era una mujer que no la pintan los pintores, como cantaba Junco. Una belleza superlativa que aguantaba el tirón, en Tokio, en Pekín o en Londón (sic), a Elizabeth Taylor o a María Félix, a Carmen Sevilla o a Sophia Loren. La actriz manchega tenía una fotogenia que no se la he visto a ninguna actriz de los tiempos actuales y que me perdone Penélope Cruz, que es lo que más se le puede acercar, pero bastante de lejos.

Una auténtica diosa

Cuando se dispone de una belleza tan estratosférica el mundo debe de verse de otra manera, en un permanente plano picado. Ser una diosa de esa magnitud, tener a hombres y a mujeres a tus pies, ser consciente de que una palabra tuya es un abracadabra, podía convertirte en alguien banal y desconsiderado, pero Saritísima era todo lo contrario: cercana, graciosa y jamás le oí decir una mala palabra de una compañera. Porque no lo necesitaba. Los superlativos no padecen el mal de la envidia.

Estos días que veía ‘El vicio del poder’, una espléndida película sobre Dick Cheney, exvicepresidente de Estados Unidos durante la administración de George Bush hijo, me acordaba de que uno de los momentos que reproduce, la caída de las Torres Gemelas. Lo compartí con la protagonista de ‘El último cuplé’, en el hotel Miguel Ángel de Madrid, donde almorzamos ese 11-S con ella un grupo de periodistas. En aquel entonces no teníamos internet en los móviles y en el salón en el que nos encontrábamos casi no había cobertura, así que nos enteramos de refilón, sin ser conscientes de la magnitud de la tragedia, que iba a cambiar el curso de la historia.

Mis encuentros con Sara

Sara, que emanaba un intenso perfume floral, llevaba el pelo suelto y rizado, había prescindido de su moño con raya al medio que tan de moda se ha puesto en los últimos años, y rezumaba juventud, aunque ya tenía 73 años. Su motivo para reunirse con nosotros era contarnos que le habían robado en casa y desvelarnos que había sido alguien árabe y mitómano, ya que al irrumpir en el salón de su casa, donde se encontraba con su hermana Elpidia (creo que también su último marido, Tony), afirmó: «Sara, alhajas». Y la desvalijó.

En otro almuerzo en el mismo hotel, la actriz nos dijo que después de que aquel spot de los MTV de Barcelona para el que acuñó aquel irrepetible ‘mar-ve-lous’, había rodado una campaña para la misma cadena en la que promocionaba, entre otras cosas, la gastronomía española. Al día siguiente, cuando llamé al gabinete de prensa me dijeron que ellos no estaban ahí para desmentir ese tipo de ocurrencias.

Dos proyectos que no vieron la luz

Sara seguía aquella premisa de Lola Flores que en una entrevista con Lauren Postigo le dijo: «Yo mis mentiras las convierto en verdad». La intérprete de ‘La violetera’ tenía una imaginación portentosa y, en otra ocasión que coincidimos en una fiesta de ‘Cine de barrio’ me dijo que tenía dos proyectos, pero que no los iba a aceptar. Uno de ellos, la adaptación de ‘Doña Bárbara’, la célebre novela de Rómulo Gallegos, para la cadena de televisión brasileña Globo. Un centenar de capítulos o más, pero ella no estaba dispuesta a separarse de sus hijos tanto tiempo. Ni por este papel ni por una biografía de los Reyes Católicos que hubiera podido rodar con Marlon Brando en Hawai, pero le suponía estar seis meses fuera de casa.

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#jamesdean y la legendaria actriz española #saramontiel

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Da igual de dónde se sacara Sara estas ideas, qué había de verdad o de falso. Era tan maravilloso escucharla con aquella prosodia tan sensual y ese acento manchego que seguía manteniendo, que por mí como si me hubiera dicho que ‘Madame Bovary’ lo había escrito Corín Tellado. Musa de intelectuales, rompecorazones, porque estaba en su naturaleza, no por voluntad, adelantada a su tiempo, emprendedora, valiente, generosa. Los adjetivos se me quedan cortos porque no hay palabras para sintetizar la esencia de una mujer que pudo haber sido estrella de Hollywood, pero prefirió ser mito en España.

Paulina Rubio: ni canta ni baila, pero no se la pierdan

Foto Paulina Rubio La Voz

Que Paulina Rubio no es Rocío Jurado ya quedó de manifiesto cuando participó en el homenaje a la más grande, en aquel entonces herida de muerte y con sus facultades vocales muy mermadas. Que la hija de Susana Dosamantes no tiene la destreza ni el sentido del ritmo que Madonna, a la vista está. Tirad de Youtube… Ahora, que, como dijo un crítico una vez de Lola Flores: «Ni canta ni bailan, pero no se la pierdan».

Paulina Rubio tiene algo difícil de encontrar, ‘star quality’, una cualidad intangible que otras con mayores atributos artísticos nunca poseerán. La chica dorada emana un magnetismo extraño que hace que no puedas quitar los ojos de ella si se cruza en tu camino. Yo mismo lo experimente en Marina D’Or, un marco incomparable (porque no se me ocurre un monumento al ‘kitsch’ sobre la faz de la tierra que pueda igualar ese atropello estético).

Presentadora en España

La cantante mexicana iba a presentar una gala para la elección de Miss España, que, además, era en directo. Jesús Vázquez estaba desesperado, porque no aparecía en el escenario cuando se la esperaba y se liaba con las provincias y las que pasaban a la siguiente fase y las que quedaban eliminadas. Un disparate maravilloso.

Todo se arregló cuando Pau se echó a cantar (o a hacer un ‘play-back’, no me acuerdo muy bien) y se convirtió en una gata que se contoneaba por el suelo con voz rasposa y garras afiladas. Pues eso lo lleva haciendo años y siempre sale bien parada. Ir a su aire, sin importarle la perfección ni buscarla. Dejándose llevar por la intuición de las que se saben ganadoras. Y ella es una ‘winner’ total. ‘Comme il faut’, que dirían los pedantes.

Estrella en ‘La Voz’

Cuando supe que había fichado por ‘La Voz’, que ahora recala en Antena 3, supe que tendría que ver el programa. No por los concursantes, que en cada esquina siempre hay alguien que canta bien, sino por ella. Porque estoy seguro que nos tiene reservados momentos surrealistas, genialidades espontáneas, miles de memes en ciernes. Es como Belén Esteban, bombas de relojería que estallan y te dejan como hipnotizado. En un mundo polarizado, aunque me gusta mucho Thalía, su eterna rival, confieso que siempre seré más de Pau-Latina. Por genuina. Por estrella.

Como todavía queda un año para que lleguen los Reyes Magos, voy a formular mi deseo para los de 2020: conocer a Paulina. No soy muy mitómano y, salvo a Lola Flores, que hubiera muerto por pasar quince minutos con ella, he tenido la suerte de entrevistar a muchas de las ‘celebrities’ que admiro. De ella, soy muy fan. Como todos los amores, es irracional. De momento, no correspondido, porque no se ha dado el caso, pero os diré una cosa: «Conocerme es quererme».

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Mónica Naranjo: sus dos grandes apuestas para 2019

Foto de Mónica Naranjo en París.

Hubo una época en la que España se paralizaba cuando Isabel Pantoja salía en televisión. De repente desaparecía un par de años, quizás oculta entre los misteriosos muros de Cantora, una finca con más intrahistoria que Manderley, la mansión de ‘Rebecca’, la mítica película de Alfred Hitchcock. La tonadillera se quitaba de en medio entre disco y disco. Cuando emergía de entre las tinieblas de la tragedia que le había tocado vivir, millones de espectadores se quedaban petrificados con sus nuevas canciones compuestas por Juan Gabriel o por su transformación física. Porque siempre reaparecía renovada, con un vestuario sofisticado y diferente, con su melena refulgiendo y con las manos listas para caracolear en el aire.

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‘Mónica y el sexo’

Sin tenerla a ella de referente, la estrategia, que igual ni siquiera lo es, de Mónica Naranjo es similar. Durante un tiempo no sabes nada de ella. O recibes información con cuentagotas, porque la intérprete de ‘Pantera en libertad’ sube imágenes a Instagram o te avanza algo de sus proyectos, pero te mantiene en vilo: nunca acabas de tener muy claro lo que va a sacar. Es como los cebos de ‘Sálvame’, pero en su caso no decepcionan: siempre hay un premio al final del camino. Ya lo hizo con su anterior disco, ‘Lubna’, del que había hablado mucho, pero que sorprendió por lo insólito del planteamiento. Ahora sabemos que está preparando música nueva y un programa de televisión, ‘Mónica y sexo’, cuyo título lo dice todo, pero al mismo tiempo nada… Es como el humor, hay miles de manera de abordarlo, así que habrá que esperar a que se emita para desentrañar su esencia y su intención.

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En estos días han proliferado, además con aparente mala intención, artículos sobre si Amaia Romero está tardando mucho en sacar su disco y quizás Mónica sea un buen ejemplo para ella en este sentido. Es más, creo que podría darle unos cuantos consejos. Siempre que ha seguido su instinto, como cuando rompió la baraja y lanzó ‘Minage’, le ha ido mucho mejor que cuando se ha dejado presionar por su casa discográfica. No es lo mismo grabar canciones para llenar un CD que producir un trabajo en el que crees, en el que estás implicado artísticamente y que vas a defender como si te fuera la vida en ello.

Tomarse su tiempo

No siempre se puede uno permitir el lujo de elegir a lo que quiere dedicarse o escoger los trabajos para ganarse la vida (de hecho, casi nunca), pero si se tiene esa suerte, porque se han hecho bien los deberes financieros, o simplemente porque tu ambición no pasa por forrarte sino por sacar adelante tu proyecto sería un delito no hacerlo. No podemos privarnos de sentirnos realizados y orgullosos del fruto de nuestros esfuerzos. Presumir del resultado es más reconfortante que el dinero fácil o el aplauso efímero y promiscuo, que hoy te acompaña y mañana te abandona.

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Me gustan los artistas que nos hacen esperar, los escritores que eligen cada palabra para que cuando leas su libro sientas que está escrito para que lo goces no para cobrar un anticipo de una editorial, los directores de cine que no se han plegado a las multinacionales ni a los cantos de sirena, que no se han ido a Hollywood a juguetear con dinosaurios y han preferido quedarse aquí a contar historias de transexuales que dejan embarazadas a monjas. Prefiero una Lola Flores que un Luis Miguel, que lleva veinte años perpetrando los mismos boleros y rancheras, a una Mónica Naranjo que a esas cantantes que se pasan al reggeton para que las pinchen en las radiofórmulas.

Ya lo decía la Agrado en ‘Todo sobre mi madre’, ser auténtica es muy difícil.

Nicole Kidman ha recuperado su cara y su carrera

Foto Nicole Kidman

No sé si todos, pero yo al menos tengo cierto miedo a envejecer. Envuelvo de retórica mi día a día con un discurso que parece sacado de un libro de autoayuda: que ya no tienes complejos, que te gustas más que antes, que tu autoestima es mayor que cuando eres joven, que tienes más seguridad en tus decisiones, que sabes decir que no y también que sí. Esas cosas que los jóvenes escuchan encantados porque ellos tienen lo que tú envidias: juventud. Y tú te sientes mejor porque les puedes aportar una pátina de sabiduría que alcanzas no por inteligencia natural sino por la experiencia, que a veces suele ser útil. Aunque no siempre.

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Woody Allen decía que a partir de cierta edad, creo que 35 años, todo era una catástrofe. Una hipérbole con un poso de verdad, porque el cuerpo comienza a darte menos prestaciones y el tiempo que te queda por delante empieza a menguar exponencialmente. Por eso entiendo la lucha contra los síntomas del envejecimiento de ciertas mujeres que viven de su imagen. En una sociedad machista en las que las canas dan impronta y clase a los hombres, a ellas no se les permite no tener la lozanía de sus nietas. Salvo que decidas no plegarte a ciertas exigencias y demuestres que con tus arrugas eres más de verdad y hasta más guapa.

Un rostro sin expresión

Hubo un tiempo en el que Nicole Kidman estaba más estirada que un tambor y su espectacular belleza se estaba convirtiendo en una imagen congelada, fría y sin ángel. Por suerte se dio cuenta antes de que fuera demasiado tarde y dejó de utilizar el bótox, que era pan para hoy hambre para mañana.

Actrices españolas como Carmen Maura o Ángela Molina o francesas como Juliette Binoche o Isabelle Huppert tienen una merecida continuidad laboral porque no han sucumbido a quitarse quince minutos de encima con tratamientos que no rejuvenecen sino que te dan un aspecto atemporal que en realidad avejenta, aunque a primera vista no lo parezca. Porque, como dijo Lola Flores, el brillo de los ojos no se puede operar. Ni la forma de moverse, que indica mucho más sobre la edad que un rostro terso y brillante.

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Nicole Kidman es una de las actrices más superlativas de Hollywood y tiene una carrera mucho más completa que la de su exmarido, Tom Cruise, quien, mientras se acerca peligrosamente a los 60 años, sigue ejerciendo de héroe de acción en películas que arrasan en taquilla y se olvidan según has salido del cine. Una pena de cualidades desaprovechadas, que han mermado una trayectoria que podría estar a la altura de Brad Pitt o George Clooney, actores de su generación que han desarrollado sus cualidades artísticas e intelectuales en proyectos más arriesgados y destinados a perdurar en la memoria.

En un gran momento

Nicole Kidman trabaja más que nunca, los directores europeos mueren por trabajar con ella y en sus proyectos elige personajes con un pantone emocional que nos permite disfrutarla en toda la extensión de sí misma. Por suerte el día que decidió recuperar su cara, recuperó también su carrera. Y si el tiempo nos alcanza, es inevitable. Pelarnos contra lo inexorable es malgastar las oportunidades que se nos puedan presentar. Quizás no las mejores de nuestras vidas, pero lo suficientemente buenas como para querer llegar a una tercera edad tan espléndida como la de Jane Fonda o sir Ian McKellen, que el día que se vayan se irán sin haber sentido el peso del ocaso.

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Puppies feel gooooddddd. 🐶❤️ Xx #fbf #NationalPuppyDay

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Janet Jackson, machacada viva y resucitada

Foto Janet Jackson

Ser familiar de un mito es una siempre una suerte y de eso puede presumir Janet Jackson. Te permite disfrutar de alguien excepcional que no está al alcance del resto de la humanidad y ser parte de su vida. Por eso, cuando en muchas entrevistas se han empeñado en que Lolita Flores tenía que afirmar que la sombra de su madre, Lola Flores, había sido demasiado alargada para ella, siempre contestaba que hubiera estado encantada de haber sido un volante de su bata de cola el resto de su vida con tal de tenerla a su lado.

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La hermana de Michael Jackson ha sido comparada hasta la saciedad con él e incluso se le ha acusado de ser una imitación, aunque los hechos son muy tenaces y ella demostró que podía tener una carrera por sí misma, mucho más notable que la de otros artistas en los que las casas discográficas se han gastado millones de euros, pero no han sobrevivido al paso del tiempo y de las modas.

Claro que se pueden encontrar muchas similitudes con el intérprete de ‘Thriller’, son hermanos: en el timbre de voz, en la manera de cantar, en la de bailar… Hasta Camarón de la Isla y José Mercé tienen muchos elementos en común como artistas (hasta si nos ponemos, un cierto parecido físico) y no son familia. La clave estriba en cómo combinas esos elementos y te conviertes en alguien genuino. Por eso Janet Jackson ha sobrevivido a la criba de los gustos cambiantes, las filias, las fobias y hasta los complots para acabar con ella.

Su nuevo hit

Janet Jackson ha vuelto a lo grande con 52 años con un tema pegadizo, ‘Made for Now’, junto a Daddy Yankee. Y por si hay alguna duda en el aire, en los MTV que se celebraron en Bilbao demostró que la que tuvo, retuvo, con una coreografía espectacular que, como es lógico, a nivel mediático quedó eclipsada por Rosalía, que es la artista del momento.

La cantante estadounidense ha podido con todo, con la depresión, con el racismo, con los problemas de sobrepeso y, sobre todo, con un país que le dio la espalda porque, por un accidente o por lo que fuera, enseñó un pezón con un piercing en su actuación en la Superbowl de 2004 junto a Justin Timberlake. Él pudo seguir con su carrera como si tal cosa, pero a ella no se le perdonó. Hasta ahora…

El boicot

A partir de ese momento, sus canciones desaparecieron de las emisoras de radio y le hicieron el vacío. Recientemente, además, trascendía que un ejecutivo de la CBS se había dedicado con todas sus energías a hundirle la vida a la artista. Que digo yo que no hay que estar muy bien de lo tuyo para levantarte de la cama pensando en cómo machacar a alguien.

Lo importante es que no lo consiguió y que Janet sigue aquí, que ha escapado también de un matrimonio que le hacía muy infeliz y que parece ser que era como una cárcel, y que ha encontrado en la maternidad y en la música dos motivos más que suficientes para poder seguir diciendo que la vida es bella.

Su lucha personal

Janet Jackson, de quien me hice fan en mi adolescencia gracias a un maravilloso disco, ‘Rhythm Nation’, nunca se ha victimizado ni ha convertido sus dramas en un ‘reality’. Tampoco ha intentado rentabilizar las etiquetas ni se ha erigido en causa de nada ni en ejemplo para nadie. Por eso es por lo que su mensaje es creíble y sigue vigente.

En un mercado musical saturado de estrellas intercambiables, su regreso es la clara demostración de que el talento se acaba imponiendo a los productos de marketing.

¡Viva tú!

Lolita Flores: el triunfo de la verdad, su verdad

Cuando yo tenía cuatro años, Lolita lanzó ‘Amor amor‘. Han pasado cuatro décadas y ni soy la misma persona ni ella tampoco. En mi infancia, cuando mis gustos eran viscerales e intuitivos, porque no tenía cultura de ningún tipo ni me había formado un criterio sobre las cosas, me fascinaban su madre y su manera hipnótica de estar en un escenario, pero ella me pasaba inadvertida. Era lógico, porque, ante un torbellino de colores, cuya bata de cola hacía sombra a cualquiera que se pusiera a su lado, resultaba difícil destacar.

Los años fueron pasando y, aunque la fascinación por La Faraona no mermó, sí fui tomando consciencia de que sus tres hijos eran grandes artistas también. Ya se encargaba ella misma de decirlo en las entrevistas y era criticada a veces por eso, pero no era amor de madre sino sabiduría de una mujer que había actuado con los más grandes y había estado siempre rodeada de talento. El tiempo le dio la razón a Lola Flores, porque los tres triunfaron, aunque sus ‘timings’ fueron muy distintos.

El pelazo de Antonio Flores

Yo, que siempre tuve un pelo feísimo (ahora que estoy calvo no lo echo para nada de menos), me quedaba fascinado con la larga y sedosa melena negro azabache de Antonio Flores, que se mecía mientras cantaba el que acabó convirtiéndose en el himno de la familia, ‘No dudaría’, y Rosario aparecía en algunas películas que no me atrevía a alquilar en el videoclub, porque no eran para todos los públicos. Me acuerdo en especial de ‘Calé’, que rodó junto a Mónica Randall, y ‘Colegas’, en la que también intervenía Antonio, que vi muchos años más tarde.

Lolita era para mí un personaje de revistas del corazón, que ojeaba en el dentista o en casa de algún familiar (sin saber que acabaría trabajando más de veinte años para una de ellas), pero su figura como artista quedaba desdibujaba por esa faceta que le dio de comer en las vacas flacas. Algo que le perjudicó a nivel artístico porque en aquel entonces nuestro umbral para juzgar y escandalizarse era mucho más bajo que ahora: sus exclusivas eran como películas Walt Disney al lado de lo que se emite hoy en televisión y que consumimos con naturalidad.

Rosario, de actriz a cantante

De repente, Rosario sacó un disco, ‘De ley’, que compré en una cassette sin saber muy bien lo que esperar y cuando me quise dar cuenta la había machacado de tanto escucharla y tuve que adquirir una segunda copia, en esta ocasión en vinilo. Por suerte, a su madre, que falleció tres años más tarde, le dio tiempo a verla convertida en una estrella, porque la cantante era, según sus propias palabras, «como yo con veinte años».

Junto a Lina Morgan

Y a todo esto, su hermana mayor seguía ahí, sacando discos que no acababan de despuntar y trabajando en televisión, con su madre, y más tarde en ‘Hostal Royal Manzanares’ con Lina Morgan, donde se autoparodiaba y su personaje, Juncal, afirmaba que Lolita era mucho más sosa que su hermana Rosario. En el fondo era el sentir de muchos, que no acababan de ubicarla, y ella, con sentido del humor, asumía que, tal vez, tenía que seguir peleando para que llegase su momento.

Años más tarde, fui a hacerle un reportaje a ‘El Lerele’, con un fotógrafo que no atravesaba su mejor momento económico y por quien ella había aceptado posar para la revista para la que entonces trabajaba porque quería ayudarle con lo que cobrara por hacerlo. El dinero íntegro fue para él. Un gesto de generosidad como los que tenía su madre, porque, como dijo no hace tanto Juanito ‘El golosina’, «a su lado no se pasaban penas».

Y llegó su momento

Yo iba un poco asustado, porque tenía la sensación de que la artista tenía un carácter muy fuerte y me iba a dejar cuajado si alguna pregunta no le gustaba. Así se lo dije, nada más llegar, y Lolita Flores, que estaba muy resfriada y nos recibió en bata, me tranquilizó, divertida, preguntándome que si creía que tal como estaba me veía capaz de ‘comerse a nadie’.

Lolita ya había grabado ‘Somos novios’ junto a Armando Manzanero y estaba preparando el disco con el que comenzó un camino de no retorno hacia el éxito, ‘Lola, Lolita, Lola’, que incluía el emblemático ‘Sarandonga’, una canción de Compay Segundo que ya había versionado antes su padre, El Pescaílla.

La música, su primera profesión

Tras la muerte de su madre y la tan ponderada entrevista que concedió a ‘Informe Semanal’, Lolita Flores había pasado a tener voz, entidad y a ser escuchada, de repente ya no era ‘un volante de la bata de cola de Lola Flores’, sino alguien que merecía, como poco, una oportunidad. Logró varios discos de oro seguidos y no paró de trabajar desde entonces.

La música, sin embargo, se fue apartando de su vida, tras ‘Sigo caminando’, un disco producido por Javier Limón que no funcionó y que presentó en la sede de la SGAE de Madrid con la triste noticia de que El Fary acababa de fallecer esa misma mañana. Después llegó otro en directo, donde cantó con Malú, Pastora Soler y Melendi, entre otros. Y nunca más se supo, porque inexplicablemente, no tiene casa discográfica. Aunque eso sí, ella siempre será cantante.

Más tarde conseguiría su Goya por ‘Rencor’, que le entregó Javier Bardem en una noche de reivindicación contra la guerra de Irak en la que de tantos nervios casi le da un tabardillo. De repente, una industria en la que ella ha manifestado sentirse una intrusa, aunque ha demostrado de sobra que es una excelente actriz, le daba un reconocimiento mucho mayor que la canción, la otra profesión a la que le había dedicado casi toda su vida.

Éxito teatral

Hace unas semanas estuve en el Teatro de La Latina para verla convertida en una desgarradora ‘Fedra’, una obra que en su día ofrecieron a su madre, pero que Lola no llegó a hacer, así que de alguna manera también está cumpliendo los sueños de su progenitora, que se quedó con las ganas de haber puesto en escena ‘La rosa tatuada’ de Tennessee Williams.

Tras la función, gracias a mi amigo Manuel, que mantiene una relación de amistad con la artista desde hace algunos años, estuvimos hablando unos minutos sobre sus planes de futuro y el inminente nacimiento de su nieto, mientras repartía besos entre un público que ahora sí sabe apreciar su verdad, que ha acabado imponiéndose a las ideas preconcebidas que había sobre ella décadas atrás.

Su verdadero patrimonio

Lolita no tiene propiedades inmobiliarias, ni millones en el banco, pero sí un patrimonio mucho más importante que lo material, que va y viene: una familia unida y sólida, sin rencillas televisadas, unos hijos educados y responsables, y un nieto recién llegado.

Como artista cuenta con lo más importante, el favor del público, la mayor garantía de que el trabajo no le va a faltar. Y tampoco el cariño, que es una cosa que todos necesitamos, seas anónimo o tan famoso como ella desde el día que la parió su madre.