Eurovisión: a ver si se nos cae la venda de una vez

Foto escenario Festival Eurovisión 2019.

Fui eurofan cuando la palabra no se había inventado y dejé de serlo cuando me di cuenta de que Eurovisión tiene la misma premisa que ‘El ángel exterminador’, una de las mejores películas de la etapa mexicana de Luis Buñuel, en la que un grupo de personas están en una fiesta y cada vez que intentan salir de la casa hay algo que se lo impide. De tal forma que entran en una espiral de degradación física y moral, al ser incapaces de escapar de un bucle como el del festival que tanto amé y al que miro con indiferencia, porque jamás duró una flor dos primaveras.

Una buena metáfora para una delegación, la española, que es capaz de mandar a pseudoadolescentes que hacen gallos bajo la sombra del tongo y de tablas de surf virtuales, chikilicuatres que se ríen del certamen, puestas en escena propias de fiesta de fin de curso, estilismos de segundo mundo y efectos de magia que convierten a Juan Tamariz en un alumno aventajado de David Copperfield.

Dos ‘top ten’

Todos los años seguimos un protocolo idéntico. Se elige a un representante, generalmente con polémica, porque Eurovisión no somos todos. O mejor dicho, no todos somos la misma Eurovisión. Luego se nos pasa la bajona y nos entra una especie de síndrome de Estocolmo con nuestro representante. Lo que nos parecía fatal, empieza a ser resultón y cuando llega el gran día estamos convencidos de que o vamos a ganar o como poco quedar entre los diez primeros. Algo que, por cierto, solo han conseguido Pastora Soler y Ruth Lorenzo en los últimos diez años. En síntesis, como esa noche de ligue en la que te vas bajando el listón. O como Aldonza Lorenzo se convertía en Dulcinea del Toboso en las ensoñaciones de Don Quijote. Apreciar belleza en la fealdad de las cosas (o algo parecido).

Las eternas candidatas

Ya digo que cada año es el mismo ritual y el resultado suele ser casi idéntico. Acabamos en la parte baja de la tabla y con la sensación de que no volveremos a ganar. Luego, ya resacosos y con un optimismo antropológico que emerge sin venir a cuento empiezan las teorías conspiratorias, las hipótesis descabelladas, los planes para hacerlo mejor al año siguiente, las quinielas de artistas. Que si Marta Sánchez, que no quiere ir. Que si Mónica Naranjo, que tampoco. Que vuelva Ruth Lorenzo. Y así ad infinitum.

Este año Miki va a quedar fatal. Ya os lo digo yo. No por demérito suyo sino porque su propuesta es como si ambientáramos una boda con una marcha fúnebre y en un funeral sonara una canción de Abba. Que no sería ni la primera vez ni la última, pero que no esperen oro de lo que es hojalata. ‘La venda’ no está mal para una medio tajada a las cinco de la mañana en un pub o en una despedida de soltera en la que ya ha actuado el stripper y las orejas de conejo de las diademas de las invitadas están lacias como las posibilidades de llevarse algo decente a casa con quien amanecer.

La actuación de Madonna

Seguramente acabaré viendo la gran final, porque es más difícil salir de la costumbre que de las drogas, pero ni la estrategia de folclórica antigua de Madonna con su actuación (que si firmo, que si no firmo) ni las actuaciones «Cirque du Soleil» de algunos representantes que he visto de soslayo me seducen más que una película iraní de los 90. Aún así, Eurovisión siempre es una siesta.

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Mientras tanto, me pondré el nuevo disco de Salvador Sobral, que él sí sabe cantar. Y con gusto.

Madonna somos todos (o lo seremos algún día)

Madonna Medellín Maluma

Ni me ha gustado ‘Medellín’ ni su videoclip. Madonna está en horas bajas a nivel artístico. O al menos esa es la conclusión que saco del primer sencillo de su disco, ‘Madame X’ que publicará en junio. Mis expectativas, visto lo visto, son muy bajas, por lo que no me decepcionaré. Sea como sea.

Al margen de mis gustos personales o de que una canción pueda ser fallida, como me parece este caso, no pudo negarle a Madonna el mérito de la osadía. La capacidad de que opinar que lo piensen los demás está de más. Que ella no se baja mentalmente de sus tacones y que la transgresión máxima, como ha declarado en alguna ocasión, es que sigue estando aquí. Como Isabel Pantoja, solo que en su caso no le hace falta tirarse de un helicóptero para seguir siendo relevante.

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Los de mi generación y las posteriores nos levantamos una mañana pensando cuándo poner una lavadora o en aquel vino que no nos deberíamos haber tomado antes de dormir porque lo hemos metabolizado mal. Fue ese el momento en que dejamos de ser jóvenes y dimos paso a lo que se dio en llamar la mediana edad o la tercera. Aunque nuestra mente siga lozana y pizpireta como cuando aún no habíamos acumulado suficientes decepciones amorosas o meteduras de pata. Todos somos o seremos Madonna. Personas que queremos ganarle la batalla al tiempo y permanecer.

Legendaria y disruptiva

Solo por los esfuerzos que la intérprete de ‘La isla bonita’ hace por aguantar el tirón, merece un homenaje en la Gran Vía de cualquier ciudad o en la aldea más remota del planeta, porque no se ha adocenado ni se ha instalado en la mediocridad del millonario que se solaza en su ‘infinity pool’ a esperar la muerte, pero sin darse cuenta.

Madonna es mucho más joven que otras que llevan años imitándola como si fueran genuinas. Porque antes de que Dios creara el mundo, ella ya debía tres recibos de la luz. Lo ha hecho todo, así que las que vienen detrás son esclavas de un legado tan superlativo y disruptivo que jamás serán ni la sombra de una artista que hizo de sus carencias virtud y de su libertad bandera.

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Mis últimas palabras son para aquellos que consideran que debería jubilarse. Para los que creen que envejecer es un demérito. Y para los que son incapaces de trascender lo que puede ser más o menos grotesco y leer entre líneas lo que es un manifiesto vital. Y solo por chuparle un dedo del pie a Maluma le ha merecido la pena este fracaso comercial y creativo. Cuántos y cuántas matarían por mucho menos.

Maluma, del machismo a la homofobia

Foto Maluma Colombia

La mejor manera de no pensar es poner etiquetas a las cosas. Así no se tiene que pensar. A Maluma le persigue desde hace años la de machista. El cantante colombiano tiene que hacer frente a este estigma en cada una de sus entrevistas, pero, visto lo visto, se ríe de los clichés y sigue con su vida. Es lo mejor que se puede hacer. No dejar que te ganen los que te estigmatizan por hacer lo que tú sí te atreves a poner en práctica. O tienen conductas que son dignas no solo de persecución social sino también judicial.

Disfrutar del cuerpo

En las canciones de Maluma y en sus videoclips lo que se hace es una exaltación del hedonismo. ¡Qué alegría! ¿Por qué no disfrutar de tres mujeres a la vez si ellas lo desean? ¿Por qué no dejarse cosificar si es tu voluntad? Las relaciones sexuales son la máxima expresión de la libertad. No dejar que te dominen si es lo que te gusta te privará del gozo. O ser dominante si es lo que te place. Lo contrario es guionizar algo que es instintivo, espontáneo e imaginativo.

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#MalaMia Lanzamiento mundial este viernes 10 de agosto

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Bajo otra de las etiquetas, la del feminismo, se demoniza situaciones como las que escenifica el cantante colombiano. Porque como dijo el ahora demonizado Woody Allen, si el sexo no es sucio no tiene ningún interés. Y si lo que te gusta es que sea romántico, aséptico o exclusivamente con fines reproductores estás en tu derecho también.

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Ataque homófobo

Maluma, la quinta esencia del macho, se ríe de los códigos que algunos atribuyen a la masculinidad en sus redes sociales. Tanto que ha recibido todo tipo de insultos homófobos por su el último look que ha lucido durante unas vacaciones en Colombia. Lo que evidencia que las líneas de la estigmatización y de la discriminación son muy delgadas. Obvio es que los extremos se tocan.

Estos días en los que ha llegado al poder en Brasil un presidente excluyente y claramente antigay, se necesitan más hombres como Maluma. Que rompan asociaciones tan perversas como que el azul les pertenece a los niños y el rosa a las niñas. Camisas de fuerza que encorsetan ya desde la infancia y que no contribuyen a crear personas sino a individuos de lo que antes se llamaba ‘el sexo opuesto’, que no se ven como complementarios sino como enemigos. O como mínimo, individuos sobre los que hay que tener recelos porque son de otro género.

Azul y rosa

Ojalá cunda el ejemplo también de Caetano Veloso que se ha vestido de rosa para luchar contra los peligros del nuevo milenio que están enraizando en Brasil, el país del que es el mejor embajador. Riesgos que asumimos con nuestros votos y que no contribuyen a crear un mundo mejor. Así que ya sea de azul, para que te llamen Marimar, como han hecho los machistas congénitos con Maluma, o de rosa, hay que dar la cara y demostrarles que no les tenemos miedo. Que sepan que estamos vigilantes y que no lo vamos a consentir. El sexo y las cosas buenas de la vida son para gozarlas.

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Juan Del Mar.

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«Pobre es el hombre cuyos placeres dependen del permiso de los otros», ya lo dijo Madonna, que de estas cosas sabe. Y por fortuna las nuevas generaciones son más libres en estos sentidos. Buscan el placer como fin en sí mismo, que no tiene nada de malo. El cuerpo es para gastarlo, como decía Bibiana Fernández. Triste sería llegar a anciano como nuevo.

Madonna ha dado la cara por ti mil veces (y no te has dado cuenta)

Madonna en Stonewall Nueva York

Me ponga como me ponga mi educación sentimental está ligada a Madonna, a quien no puedo menos que idolatrar. Es la mujer que más ha hecho por el movimiento LGTBI, donde está el máximo caladero de sus fans, pero también el mayor nido de víboras que la ridiculizan porque tiene 60 años y aseguran que se ha hecho más operaciones que cornadas da el hambre. No solo eso, la cantante ha sido el epítome de la liberación sexual, del disfrute de los sentidos, quien más ha puesto en evidencia a los que consideran que el cuerpo es un instrumento de mortificación y no de placer.

Por eso no me queda más remedio que denunciar la ingratitud de ciertos gays que cuando sus divas envejecen y las convierten en objeto de escarnio, que es proporcional a su ignorancia de lo que ha costado conquistar unos derechos que con el ascenso de los partidos extremistas de derechas vuelven a estar en peligro.

Transgresora

Cuando llegué a Madrid en los años 90 era improbable encontrarse una pareja de hombres o mujeres que se besaran en público. Chueca no había eclosionado como el barrio gay más importante de España, y se estaba muy lejos de conseguir el matrimonio igualitario. En aquel entonces, Madonna se rodeaba de hombres que disfrutaban de otros hombres, simulaba una masturbación en sus conciertos, otro de los grandes tabúes femeninos hasta hace no tanto, y convertía la cruz en un objeto decorativo. No en una excusa para pisotear las libertades ajenas.

Por eso es especialmente relevante que Madonna apareciera esta Nochevieja en Stonewall, el emblemático bar de Nueva York donde comenzó la lucha por los derechos de la comunidad homosexual hace cincuenta años. No puede decirse en su caso que sea oportunismo, porque lleva peleando por esta causa desde que empezó su carrera. No es lo único por lo que ha dado la cara cuando los integristas se la podían haber roto. También ha tenido que ganarse a pulso la supervivencia como artista pop en un mundo machista en el que Mick Jagger puede seguir dando tumbos por los escenarios sin que nadie ponga en cuestión su edad, mientras que a las mujeres se les califica de momias cuando siguen comportándose como las grandes estrellas que que fueron y que siguen siendo.

El machismo en el mundo de la música

Madonna denunció en su momento el ‘ageism’ y algunos lo achacaron a que no asumía no estar tan en primera línea como Lady Gaga, Taylor Swift o Katy Perry, que sí,tienen muchos logros, pero veamos cómo progresan sus carreras. En el caso de la reina del pop, de la más grande, la Rocío Jurado de América, aunque su voz no sea precisamente la de Maria Callas, podemos hablar de hechos consolidados. Más allá de las cifras, la intérprete de Ray of Light es un icono. Y eso, cariños míos, pasa solo unas cuantas veces en un siglo. Cada país tiene sus mitos, pero ella es universal.

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Mis líneas son solo un pequeño aplauso en un mar de personas que nos sentimos agradecidos de que haya puesto banda sonora a nuestras vidas, de que haya removido conciencias y de que siga evidenciando que uno deja de ser joven cuando lo decide, no cuando lo marca el reloj biológico.

Amaia Romero, verdades y mentiras sobre una artista de solo 19 años

Foto Amaia Romero

Definitivamente creo que me urge ir a ver la nueva versión de ‘Mary Poppins’ al cine. Eso o darme a las drogas duras. Porque estamos viviendo una época de tanta maldad, tanta ‘fake news’ y tantos valores pisoteados que me encantaría exiliarme de mí mismo. Teletrasportarme al 2080, en el que la televisión será ya un anacronismo y ‘Operación Triunfo’ el equivalente a las pinturas rupestres de Altamira. O volver al siglo XIX convertido en una de las hermanas Bronte o en Jane Austen. En el peor de los casos, reencarnarme en Flaubert o Leopoldo Alas ‘Clarín’, que tenían vidas mucho más interesantes que las del 99% de los que escribo habitualmente.

Igual no me vendría mal un apagón digital y hasta informativo. Leo y escucho cada cosa que hoy, que me acabo de hacer un plan de pensiones, me da pánico imaginarme en un futuro donde la crispación y el odio se hayan impuesto a la concordia y el respeto. No me quiero visualizar devenido un anciano en un mundo apocalíptico como en las novelas de Cormac McCarthy, pero en ese plan estoy hoy. Y como ya he dicho que de política no voy a hablar, que ya hay otros dedicados en cuerpo, porque alma no la tienen, y si la tienen está podrida, a vocear los argumentarios de los partidos, no me queda más remedio que volver a uno de mis temas más recurrentes: Amaia Romero.

Las exigencias de la cantante

No es amor ni obsesión, pero de repente acabo pinchando en cada artículo que no me queda otra alternativa que intentar poner luz donde otros solo ven tinieblas. Ayer leí una información, que estaría muy bien documentada, no lo discuto, en la que se citaban a fuentes de la discográfica Universal para decir que el disco de la exconcursante de ‘Operación Triunfo’ está no verde sino verdísimo. Que es complicado trabajar con ella porque cualquier decisión que toma pasa por el tamiz de su hermano y que cada paso que da lo consulta con su abogado. Esos eran los argumentos para hacer un retrato de la artista en el que se podía sacar la conclusión de que es imposible en el trato. Que igual es así, pero como no la conozco, no puedo ni confirmar ni desmentir.

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Aún así, hay algunos detalles que sería importantes tener en cuenta antes de sacar conclusiones sobre cómo es Amaia. Primero, solo tiene 19 años y es lógico que cuente con las opiniones de su gente de confianza porque por muy inteligente que sea le falta la sabiduría que da la experiencia. Segundo, seguro que está siguiendo el consejo de Mónica Naranjo, quien en una visita a los concursantes de ‘Operación Triunfo’ en una edición anterior les recomendó que lo primero que tenían que hacer al salir de la Academia era contratar un abogado. Y tercero, se puede tomar el tiempo que le apetezca en hacer un disco, porque es ella quien tiene que defenderlo en público.

La libertad creativa

He visto a tantos artistas fracasar por ceder a las imposiciones de sus discográficas que, a priori, no me parece mal intentar que prevalezcan tus ideas, aunque estés equivocado. Siempre se es más indulgente con uno mismo cuando ha asumido el riesgo que cuando ha permitido que otros lleven el timón.

De hecho, ¿cuántos ‘triunfitos’ grabaron el disco que les pusieron encima del tapete y nunca más se supo de ellos? Más de los que sobrevivieron al tsunami del olvido, una bestia como aquella lavadora de Mecano que no distinguía tejidos.

Como MIss Universo

También os digo una cosa, cariños míos, que mal está el mundo para le dediquemos tantas líneas y energías a hacer una exégesis de cada palabra que dicen los extriunfitos, que analicemos plano por plano de una gala televisiva para buscar interpretaciones en algunos casos torticeras de los gestos o las miradas. Y, sobre todo, que no estemos añadiendo nuestro granito de arena para conseguir el objetivo por el que tanto luchan las aspirantes a Miss Universo: la paz en el mundo.

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En cuanto al disco de Amaia, si es cierto lo que dicen, esperaremos sentados. Llevo anhelando cuatro años el nuevo de Céline Dion (sí, soy fan, lo admito, podéis defenestrarme) y otros tantos el de Madonna y no me he muerto. Porque la música no para. Mucho menos la vida.

Lady Gaga, la estrella indiscutible de 2018

Lady Gaga foto

Hace mucho tiempo que decidí no escribir de política, salvo que me paguen, así que no voy a comentar nada de los pactos a los que se están llegando a Andalucía. Echaría espumarajos por la boca y no es plan acabar en urgencias. Así que, aunque de refilón, he incumplido la promesa que me hice a mí mismo. Como decía el gran periodista Hilario López Millán señalándose la lengua: «A esta quien la para». O como en la fábula del escorpión y la rana: no lo he podido evitar, está en mi naturaleza.

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#LookWhatIFound #AStarIsBorn

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Así que como últimamente están pasando cosas que no me gustan, para no perder la línea argumental, voy a dedicarle mis mejores palabras a alguien que nunca me ha generado ningún tipo de sentimiento, Ni remotamente. Ya lo he desvelado en el título: Lady Gaga. No me han interesado sus discos, que he escuchado, para poder juzgarlos, ni sus actuaciones me han conmovido. Como el otro día me dijo alguien, toca más palos que la baraja española: que si hago un homenaje a Madonna (los malvados hablaban incluso de plagio), que si ahora voy de ‘crooner’ con Tony Bennett, que si exploro mi lado ‘country’, que me hago actriz…

Su éxito como actriz

Lo siento por sus detractores, que yo no me tengo entre uno de ellos, pero todo lo hace bien. Aunque a mí me remueva menos que Mónica Hoyos al borde de un ataque de nervios. Lo mismo hasta le dan un Oscar por ‘A Star Is Born‘, que igual la veo cuando la estrene Antena 3 en ‘El peliculón’ o en un AVE a Málaga cuando retome mis viajes a Torremolinos en busca de casa (aprovecharé para ir al cementerio a llevarle unas flores a Marifé de Triana, esa sí que era una grande). Si ya me aburrió la versión de Barbra Streisand y la de Janet Gaynor tampoco me entusiasmó, no voy a tropezar tres veces con la misma historia.

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#AStarIsBorn

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Entiendo la devoción que le tienen los ‘little monsters’ y también la animadversión de los talifanes de Madonna, pero ya digo que a mí me es indiferente que se ponga un filete en la cabeza, que salga de un ‘cocoon’ o que cante el himno de Estados Unidos como nuestra Marta Sánchez, que además se ha metido a letrista. Ahora, no esperéis que hable mal de una artista con tantos recursos y tan valiente, porque eso no. Decía una abuela mía a la que no llegué a conocer: «Hay que darle crédito a quien lo merece».

A la espera de los Oscar

Lo siento por Katy Perry, por Beyoncé, por Miley Cyrus, por Nicky Minaj, que se puso hecha una hidra por no llegar al número 1 en Billboard. O por Taylor Swift, cuyo éxito escapa a mi comprensión. 2018 ha sido el año de Lady Gaga. Y 2019 también, me temo. Aunque yo, por justicia poética, querría que ganara el Oscar Glenn Close, quien ha sobrevivido a la espantosa permanente de ‘Atracción fatal‘ y a Meryl Streep, que haría bien hasta de Bin Laden.

Si lo logra la cantante, habrá que hablar con Almodóvar, con Lars Von Trier o con Luca Guadagnino para que le hagan una película a Madonna y que se lo lleve ella en 2020. Un ‘remake’ de ‘Sangre y arena’, por ejemplo, en el que cantara copla. Qué menos, ¿no? Otra opción es que por su nuevo disco le den 10 ó 15 Grammys, porque va a mezclar tantos géneros que podrá competir en casi todas las categorías.

Quincy Jones, Bibiana Fernández, Mick Jagger: la vida es para gastarla hasta que no quede nada

Quincy Jones, el célebre productor que convirtió a Michael Jackson en la megastar que tan pronto perdería su brillo, calculó que vivir 80 años era el equivalente a 29.000 días y que iba a exprimirlos al máximo, no iba a desperdiciar ninguno. Y ahí sigue, aferrándose antes de doblar la servilleta definitivamente y decir: «La fiesta terminó·, como cantaba Paloma San Basilio.

 

Hombre hecho a sí mismo, hijo de la miseria y de una mujer con problemas mentales, ausente y una sombra que todavía le sigue persiguiendo, superó sus propias expectativas de resistencia y salió indemne de situaciones límite en las que, como en ‘Match Point’ la pelota acabó en su lado de la red en el último segundo.

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Excesivo en todos los aspectos, se bebió la vida, sometió a su cerebro y a su cuerpo a una presión que les hubiera podido hacer estallar (sobrevivió a un aneurisma contra todo pronóstico), pero como si todos los ángeles de la guarda de los Kennedy estuvieran trabajando para él, ha ido despidiendo a todos los de su generación, que han sido uno tras otro carne de necrológica, mientras él ha seguido construyendo una biografía que da para mucho más que ‘Quincy’, el documental de dos horas disponible en Netflix.

Bibiana Fernández, otro ejemplo

La vida es para gastarla, me decía una noche hace un par de años Bibiana Fernández en un acto promocional de Torremolinos, ciudad, por cierto, donde algún día podría acabar paseando mi tercera y mi cuarta edad hasta que también yo haya consumido los días que me queden y que también intentaré sean los máximos posibles.

«¡Qué pena habría sido llegar a los 62 y estar como nueva¡», me espetaba la actriz con una lógica aplastante. Los apologistas de la vida sana y saludable, que se privan de todo, que convierten su día a día en un catálogo de privaciones para conseguir objetivos tan espurios como tener un cuerpo perfecto, a veces se olvidan de algo tan básico como vivir.

Quincy Jones nunca ocultó haber sido todo un ‘fucker’, como Bibiana reconocía en Vanity Fair que se había metido tanto como para haberse muerto unas cuantas veces. Otros como Mick Jagger se han llevado a sí mismos al filo de lo imposible, mientras que Whitney Houston, Amy Winehouse, Prince o MIchael Jackson se quedaron por el camino de forma prematura.

Exprésate, no te reprimas

No hay una fórmula para asegurar la longevidad combinada con el hedonismo, bien o mal entendido, pero renunciar a los placeres demonizados por algunas religiones no han generado sino frustración, rictus amargados y envidia hacia el que se ha puesto reglas tan laxas que es casi como no tener ninguna. «Exprésate, no te reprimas» cantaba Madonna, otra mujer que ha encontrado en el placer carnal de los cuerpos jóvenes, de los que intenta inocularse el virus de la lozanía eterna, una manera de luchar contra el tiempo como otra cualqiera.

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Soup du Jour…………..🍷 #midnightsnack

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Cada uno va eligiendo su camino, muchas veces sin ser conscientes de los pasos que va dando, pero siempre preferiré a los vividores, no en la acepción que estáis pensando, sino en la de los que la devoran hasta quedarse sin resuello, que  a los que huelen a sacristía, a los moralizantes y  a los que se quedan instalados en la queja porque no saben vivir.