Elena Furiase, a la mentira se responde con verdad

Foto Elena Furiase

Estos días leía con cierto estupor y pena cómo algún medio publicaba que Elena Furiase no tenía trabajo y que estaba ‘desesperada’, como una gran amiga de la familia, Marta Sánchez. Y al igual que escribía aquí hace unos días sobre los artículos que se escriben sobre Amaia Romero, en los que parece que se desea que le vayan mal las cosas, me pregunto qué nos lleva a elaborar ese tipo de informaciones que no solo pueden causar dolor a las personas afectadas sino que también pueden convertirse en profecías que se cumplen a sí mismas.

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En el caso de Elena Furiase, es evidente que no está trabajando con Steven Spielberg ni con Pedro Almodóvar, pero es una mujer que se está abriendo camino como puede y con honestidad. Su propia madre confesaba en su programa de televisión ‘Lolita tiene un plan’ que se presentaba a muchos castings pero que no resultaban muy fructíferos. Sin embargo, señalar a alguien como si tuviera la letra escarlata por no estar en la cresta de la ola no es responsable ni ético.

¿Cómo medir el éxito?

Elena Furiase sí tiene trabajo, como ha demostrado ella misma en sus redes sociales. Y no todos tienen por qué ser Penélope Cruz o Javier Bardem. Hay muchas maneras dignas de ganarse la vida, pero si nos ponen palos en las ruedas es muy probable que nos resulte aún más difícil, porque pueden hacer creer a nuestros hipotéticos contratadores que no merecemos la pena o forjarnos una reputación que no se corresponda con la realidad.

El daño de las habladurías

Sufrir las habladurías no es algo que solo sufra la nieta de Lola Flores, pero la he elegido como ejemplo, porque quizás nos sirva para entender que nuestras opiniones o nuestras calumnias pueden hacer mucho daño. Siempre he desconfiado de las personas que no hacen otra cosa que criticar a los demás porque es bastante probable que lo que encierren sus afirmaciones sean la envidia, la propia frustración o simplemente una maldad que va buscando maneras de propagarse como un virus que necesita la sangre para replicarse. Por eso, en la era de las ‘fake news’ es muy relevante saber separar el grano de la paja, no contribuir a que la maldad gane y dar la espalda a la mala praxis profesional.

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Me encanta ver a Elena Furiase feliz, convertida en madre, disfrutando de su hijo y respondiendo con naturalidad a este tipo de comentarios que más allá de buscar la rentabilidad de un ‘clickbait’ que se desmonta con hechos consumados.

Lady Gaga, la estrella indiscutible de 2018

Lady Gaga foto

Hace mucho tiempo que decidí no escribir de política, salvo que me paguen, así que no voy a comentar nada de los pactos a los que se están llegando a Andalucía. Echaría espumarajos por la boca y no es plan acabar en urgencias. Así que, aunque de refilón, he incumplido la promesa que me hice a mí mismo. Como decía el gran periodista Hilario López Millán señalándose la lengua: «A esta quien la para». O como en la fábula del escorpión y la rana: no lo he podido evitar, está en mi naturaleza.

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Así que como últimamente están pasando cosas que no me gustan, para no perder la línea argumental, voy a dedicarle mis mejores palabras a alguien que nunca me ha generado ningún tipo de sentimiento, Ni remotamente. Ya lo he desvelado en el título: Lady Gaga. No me han interesado sus discos, que he escuchado, para poder juzgarlos, ni sus actuaciones me han conmovido. Como el otro día me dijo alguien, toca más palos que la baraja española: que si hago un homenaje a Madonna (los malvados hablaban incluso de plagio), que si ahora voy de ‘crooner’ con Tony Bennett, que si exploro mi lado ‘country’, que me hago actriz…

Su éxito como actriz

Lo siento por sus detractores, que yo no me tengo entre uno de ellos, pero todo lo hace bien. Aunque a mí me remueva menos que Mónica Hoyos al borde de un ataque de nervios. Lo mismo hasta le dan un Oscar por ‘A Star Is Born‘, que igual la veo cuando la estrene Antena 3 en ‘El peliculón’ o en un AVE a Málaga cuando retome mis viajes a Torremolinos en busca de casa (aprovecharé para ir al cementerio a llevarle unas flores a Marifé de Triana, esa sí que era una grande). Si ya me aburrió la versión de Barbra Streisand y la de Janet Gaynor tampoco me entusiasmó, no voy a tropezar tres veces con la misma historia.

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Entiendo la devoción que le tienen los ‘little monsters’ y también la animadversión de los talifanes de Madonna, pero ya digo que a mí me es indiferente que se ponga un filete en la cabeza, que salga de un ‘cocoon’ o que cante el himno de Estados Unidos como nuestra Marta Sánchez, que además se ha metido a letrista. Ahora, no esperéis que hable mal de una artista con tantos recursos y tan valiente, porque eso no. Decía una abuela mía a la que no llegué a conocer: «Hay que darle crédito a quien lo merece».

A la espera de los Oscar

Lo siento por Katy Perry, por Beyoncé, por Miley Cyrus, por Nicky Minaj, que se puso hecha una hidra por no llegar al número 1 en Billboard. O por Taylor Swift, cuyo éxito escapa a mi comprensión. 2018 ha sido el año de Lady Gaga. Y 2019 también, me temo. Aunque yo, por justicia poética, querría que ganara el Oscar Glenn Close, quien ha sobrevivido a la espantosa permanente de ‘Atracción fatal‘ y a Meryl Streep, que haría bien hasta de Bin Laden.

Si lo logra la cantante, habrá que hablar con Almodóvar, con Lars Von Trier o con Luca Guadagnino para que le hagan una película a Madonna y que se lo lleve ella en 2020. Un ‘remake’ de ‘Sangre y arena’, por ejemplo, en el que cantara copla. Qué menos, ¿no? Otra opción es que por su nuevo disco le den 10 ó 15 Grammys, porque va a mezclar tantos géneros que podrá competir en casi todas las categorías.

Pastora Soler, la Rocío Jurado que pudo haber sido y no es

Fotografía Pastora Soler

Si por algo me gusta envejecer es porque voy acumulando vivencias que echan raíces en mi cerebro y van formando un laberinto de pensamientos que se nutren unos a otros. Por eso, cuando estoy escribiendo un artículo ya tengo en mente el siguiente.

Así que anoche, mientras terminaba uno sobre Lolita Flores ya había decidido que en cuanto encontrara un rato dedicaría unas líneas Pastora Soler, a quien he entrevistado en un par de ocasiones y a quien he visto como espectador en momentos cruciales de su carrera: su primera intervención en televisión en unos premios Fotogramas de Plata o en la presentación de algunos de sus discos.

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Pilar, que es su verdadero nombre, es un descubrimiento de uno de los ‘reyes Midas’ del mundo del espectáculo español, Luis Sanz, mentor de Rocío Dúrcal, que vio en la rebautizada Pastora el futuro de la copla. Es más, hubo quien se aventuró a decir que era la heredera natural de Rocío Jurado. Por su portentosa voz, que fluye de su garganta sin aparente esfuerzo, y su capacidad innata en un género que, si no tratas con delicadeza, puede llevar a la sobreactuación o incluso a la parodia.

Entre la copla y el flamenco

Es tal su versatilidad que, al igual que ‘la más grande’, se desenvuelve con soltura en diversos palos del flamenco. Por eso en su repertorio nunca falta ‘Qué no daría yo’, uno de los títulos más emblemáticos de la intérprete de Chipiona.

Así, sus primeros años los pasó Pastora recreando las coplas que habían sido la banda sonora de su infancia, como ‘Triniá’, que cantaba con especial maestría, para luego adentrarse en el mundo del pop y, en los últimos años, convertirse en una baladista que nada tiene que envidiar a Céline Dion, como ya evidenció en su portentosa actuación en el festival de Eurovisión.

Hace cosa de un año asistí en el Teatro Real de Madrid a la presentación de su último disco, ‘La calma’, donde, acompañada por un piano y a pulmón interpretó algunas de sus canciones. En la primera fila, su padre, delicado de salud, veía con orgullo cómo su hija estaba ya más que consagrada como la gran artista que siempre soñó ser.

Una artista versátil

Lo fácil para ella hubiera sido seguir el camino que parecía tener marcado, intentar, como tantas otras, abrirse camino en el complicado mundo de la copla, pero su ruta era otra. Y es ahora, que ya ha recogido muchos de los frutos (porque aún llegará más lejos), cuando puede desplegar en un concierto las mil y una Pastoras que hay dentro de ella.

Sus fans la quieren en todos sus registros, popera, romántica, flamenca, coplera, porque, después de todo, lo que más importa no es tanto lo que se cante sino la impronta que se le da. Pastora tiene los límites que ella se quiera poner y estoy de acuerdo con Camilo Sesto cuando en la presentación de su nuevo disco hace unos días afirmó que había tenido la suerte de contar colaborar en él con las mejores voces de España: Mónica Naranjo, Marta Sánchez, Ruth Lorenzo y Pastora.

Ana Torroja, cuando ser jurado de televisión no es la mejor idea

Ana Torroja

Mi educación sentimental, como la célebre novela de Flaubert, está unida a Ana Torroja, con y sin Mecano. En mi adolescencia atronaba a los vecinos con sus canciones, que escuchaba con una cadena musical de esas que tenían un tocadiscos por encima y una doble pletina con las que copíábamos las cintas de casette y nos las pasábamos unos a otros cuando el presupuesto no nos daba para comprar más discos.

Una época mucho más rudimentaria que la actual, en la que no te da tiempo a mimar lo que entonces se llamaba un LP cuando ya tienes otros quince para escuchar. En los 80 y 90 no, te comprabas ‘Descanso dominical’ de Mecano o ‘Like a Prayer’ de Madonna y lo machacabas hasta que la aguja tropezaba por los surcos de los vinilos. Por eso los ‘hits’ de entonces perduraban y los actuales caen como hojas de otoño barridas por el viento. ¿Quién se acordará dentro de dos años de ‘Despacito’? Luis Fonsi y sus fans. Poco más.

Los tiempos vuelan y las personas vamos quemando etapas mientras matamos tecnologías. Ana Torroja no oculta que tiene casi sesenta años y que gracias a su disciplina ha conseguido conservar sus cuerdas vocales. Ha sido una trabajadora constante que ha sacado petróleo de sus cualidades y ha sabido sobreponerse al dramático momento de desgajarte de un grupo que lo ha sido todo a emprender una carrera en solitario que, ahí están los resultados, ha sido notable.

El refugio de los cantantes

Son estos galones los que le han permitido conseguir un sobresueldo en televisión, como tantos artistas que tienen que pluriemplearse, para ganar lo que hace dos o tres décadas, ejerciendo de jurado en ‘Operación Triunfo’. Sin embargo, sus habilidades, a mi entender, están muy por debajo de la de otros cantantes que participan en formatos de entretenimiento similares.

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El problema de Ana Torroja es que se mueve en el registro de la sensatez, los aires docentes y la pausa, incluso el buenismo, y eso en televisión no funciona. Su mensaje lo transmite correctamente, lo que falla es el cómo. No te irrita como una Mónica Naranjo en plan Risto Mejide, no te hace partir de la risa como Lolita Flores con sus vetustas anécdotas ni te hace morir de ganas de abrazar y dejarte envolver por los rizos de su hermana Rosario, que es mucho más entrañable de lo que podíamos imaginar.

Ana Torroja es un mito de la música, que está envejeciendo con dignidad sobre el escenario, que no se ha convertido en una parodia de sí misma (pese a algunos errores capilares, a mi entender que no soy ni peluquero ni estilista), como otros compañeros de profesión, a los que el público ha expulsado con el sarcasmo o el olvido.

Agradecido a Ana Torroja

Jurado de 'Operación Triunfo'
El jurado de ‘Operación Triunfo’. (Captura de TVE)

Y como para mí siempre estará vigente, haga lo que haga, porque le debo muchos ratos de soñar, de pensar en el hombre en el que acabaría convirtiéndome y de revulsivo cuando me fallaba la autoestima, le voy a perdonar que en la televisión no alcance la excelencia que en la música.

 

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Hace unos días reivindicaba aquí a Marta Sánchez, quien cuenta con una de las mejores voces y más entrenadas de España (aunque sigue siendo un personaje en busca de autor: su repertorio es muy mejorable). Ana tiene un menor rango vocal, no descubro la pólvora al decirlo, pero su timbre de voz y su coloratura son tan únicos que no ha salido ni saldrá otros como los suyos. Ni de lejos.

Ana Torroja.
Ana Torroja, exsolista de ‘Mecano’ (Captura de TVE)

Como Chavela Vargas, que casi no cantaba ni falta que le hacía, como Lola Flores, que decía que mandaran a Eurovisión  a Rocío Jurado, a ella no, que no era una buena cantante (lo afirmaba La Faraona, no yo, que no estoy de acuerdo), o como Leonard Cohen, que susurraba maravillas, Ana Torroja nunca será Montserrat Caballé ni Céline Dion, ni lo pretende. Ella es grande en lo suyo.

Marta Sánchez, la Isabel Pantoja del pop: siempre metida en líos

No sé si de bueno me paso a tonto o es que soy de los que pienso que la maldad engendra maldad. Ayer, que no suelo, me tragué la gala de ‘Operación Triunfo’, sobre todo porque quería ver a Marta Sánchez, en su ‘come-back’ con Carlos Baute, después de diez años con sus desencuentros. Y salvo que mis conexiones neuronales no funcionaran adecuadamente, vi una actuación correcta. No fue la Superbowl de Madonna, pero no se merecía la tomatina digital que han recibido.

Así que, una vez que acabó, entré en Twitter y puse que Martísima canta como los ángeles de Charlie (porque es así). Se ve que o no estoy bien de oído o mi hipermetropía me impide no solo ver sino también pensar sin claridad, pero resulta que no, que la mencionada red social ardía pero por lo contrario.

Hay vídeos en Youtube diciendo que la actuación fue bochornosa, artículos que se empeñan en que Carlos Baute le hizo un zasca, que si se veía tensión entre ellos… El apocalipsis pop. Después de ver a la mayoría de los concursantes, a los que no sigo (ya digo que vi el programa por casualidad), la ex solista de Olé Olé es María Callas a su lado y  Carlos Baute, Frank Sinatra.

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Marta se ha convertido en una especie de Isabel Pantoja, a quien miran con lupa porque parece que hablar mal de ella es ‘cool’ y da ‘clicks’. Como siempre me gusta buscar una explicación a lo que pasa, he llegado a la conclusión de que es una incomprendida, que sus intenciones no acaban de ser entendidas por el público o que ella, tal vez, no expresa adecuadamente lo que piensa.

El himno de España

Me pasó con lo del himno de España. Un gesto que a mí me dio sarpullidos (eso es cosa mía), pero no podemos reclamar libertad de expresión para unos y para otros no. Faltaría más que Martísima no pueda ponerse, porque le sale de su melena rubia, en plan Pemán y venirse arriba de patriotismo. Como Madonna (segunda vez que la cito, juro que sin mala intención), que se envolvía a su bandera y mandaba a los estadounidenses a votar, o como Marujita Díaz sacando pecho por las esencias caducas de nuestro país.

Momentazos televisivos

Le pasó también en ‘Tu cara me suena’, donde no acabó de encajar con el sentido del humor de Ángel Llàcer, y en Argentina en ‘Bailando por un sueño’ (una especie de ‘Mira quién baila’), donde protagonizó una ‘espantá’ muy a lo Curro Romero que supuso su expulsión del concurso. Que algo de culpa tendría, no diré yo que no, pero una mala tarde (o unas cuantas) la tiene cualquiera.

Marta, le pese a quien le pese, es nuestra reina del pop (que no se ofendan las demás)  y ha sobrevivido a terremotos artísticos que para otras hubiera supuesto el fin de su carrera. Tiene además ese punto de vida antigua, que también comparte con Mónica Naranjo, que es de agradecer. Tanta corrección política es aburridísima. Y sigue siendo personaje. No necesita un disco nuevo para sobrevivir. Ni vive entre los escombros de su realidad, como cantaba la pantera de Figueras.

Un reportaje complicado

Tengo que admitir que hace unos años cuando trabajaba para una  revista del corazón fui a hacerle un posado a su casa y resultó complicadísimo: discrepaba con los criterios del fotógrafo, se empeñó en un estilismo que emulaba a Victoria Beckham que no resultaba apropiado para las circunstancias de la entrevista y conseguir un buen titular fue como ir a picar a la mina. Pero yo, como Antonio Molina, siempre he sido un minero, del periodismo.

Marta no es un billete de 500 euros, por lo tanto, no tiene que gustarle a todo el mundo. Sin embargo, nadie le puede negar su tesón, la constante lucha contra el estereotipo y los prejuicios, y su virtuosismo vocal. Por eso, siempre la tendré en buena estima como artista. Aunque pienso que su repertorio, como le pasaba a Rocío Jurado, está muy por debajo de su talento. Aunque algún día, tal vez, lo remedie, y se descuelgue con un discazo.

Respeto por los artistas

Ojalá viviéramos en un país como México, donde a sus artistas, por muy endiosados que estuvieran. como María Félix o Juan Gabriel, les tenían y les tienen devoción. Tengo muy claro que a Sara Montiel no se la respetó lo suficiente ni se tuvo en cuenta su legado en los últimos años de su vida, que Fernando Rey, un actor universal, se fue por la puerta de atrás, pese a ser una figura clave de Buñuel y haber intervenido, entre otras películas, en la emblemática ‘The French Connection’, y Ángela Molina, su coprotagonista en ‘Ese obscuro objeto del deseo’, debería tener el estatus de una Catherine Deneuve, pero no es así.

Así que hago un llamamiento (y si hace falta abro un change.org): dejemos a Marta Sánchez en paz. Desde aquí, como decía María Teresa Campos (otra grande) en ‘¡Qué tiempo tan feliz!’, un aplauso de cariño…