Chenoa vuelve a ser humana (y me alegro)

Foto de Chenoa

Cuando un artista vuelve a su verdadera vocación es una alegría inmensa. Como cuando has estudiado una carrera y no encuentras trabajo de lo tuyo y un día te pones a ganarte los garbanzos (o el caviar) con aquello a lo que siempre has querido dedicarte. Así que celebro que Chenoa regrese a la música el 1 de febrero con su nuevo sencillo, ‘A mi manera’, que parafraseando a Frank Sinatra, es lo mismo que decir que ella se lo guisa y se lo come.

Hace ya un tiempo que la cantautora (que es el término que hay que aplicarle) se autoedita la música, un camino que te da más libertad y del que nació ‘Soy humana’. Posiblemente su mejor trabajo. Ahora, tras haberse consagrado en la televisión, que está siendo el refugio de muchos músicos, le da a sus fans lo que esperan de ella: música. Lo que no significa que no estén encantados con su otra faceta ni ella misma no se sienta realizada, pero poner los tacones en un escenario ante miles de personas (o centenares si el recinto es pequeño) es otra cosa.

El caso de Lolita Flores

En ‘Tu cara me suena’ hay otro ejemplo de una cantante a la que la industria ha abandonado hace mucho tiempo y que, por suerte para ella, ha demostrado que vale para todo. Lolita Flores, sí, señores, una mujer que comenzó a cantar en los años 70 y que lleva una década sin nuevo material discográfico. En su caso, la faceta de actriz le ha dado unos reconocimientos que su profesión primigenia le ha escatimado, pero es un lujo que, por ese abandono, podamos disfrutarla en funciones como ‘La plaza del diamante’ o ‘Fedra’.

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Artistas a la fuga

La industria discográfica, al menos la de nuestro país, por su poca apertura de miras está perdiendo a artistas como Chenoa, que vuela libre, o a Miguel Poveda, que prefiere pagarse los discos de su bolsillo, musicar a Lorca o versionar a El Pescaílla, a seguir las directrices de unos señores que saben de números, pero no siempre de arte.

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Mónica Naranjo es otra artista que ha vivido en litigio con los directivos que le intentaban poner puertas al campo y al final ha acabado no solo sobreviviendo, actitud vital a la que lleva años cantando, sino trascendiendo lo efímero de un hit radiofónico.

Chenoa, por derecho

Todo el mundo sabe quién es Chenoa y eso es algo al alcance de muy pocos de esos artistas que hoy arrasan en las radiofórmulas, las plataformas de ‘streaming’ o en ‘Youtube’ y luego son arrinconados por los mismos que les encumbraron. No quiero acabar este artículo sin formular un deseo: entrevistarla algún día, porque cuando pasó por ‘Operación Triunfo’ pude hacerlo con todos sus compañeros, pero no recuerdo muy bien por qué ella ‘se me escapó’. Y nuestros caminos se han cruzado pero en la distancia, ella desde un escenario y yo entre el público. Algún día será… ¡Enhorabuena!

Miguel Poveda, valiente en lo personal y en lo profesional

Foto Miguel Poveda

Escribo estas líneas mientras Miguel Poveda debe de estar en pleno concierto en el Teatro Real de Madrid. Nada me hubiera gustado más que estar ahí y repetir la experiencia que viví en el templo de la lírica cuando presentó ‘ArteSano’ y me pasé medio espectáculo anegado de lágrimas por la emoción.

Hay artistas que te tocan las teclas de las emociones y lo mismo se te van las manos, los pies, te da por llorar, por reír. O te ensimismado como cuando hace un par de años tuve el placer de ver en directo al mítico Charles Aznavour, quien, con más de 90 años, lograba convocar todo tipo de sensaciones que me transportaban a épocas en las que yo no había nacido. Y sus canciones me hicieron creer durante un par de horas que un mundo mejor siempre será posible. Aunque seas consciente, como era su caso, de que te encuentras en el tiempo de descuento y tal vez no amanezcas la mañana siguiente.

Doble disco

Esta semana escucho en bucle el nuevo disco doble de Miguel Poveda, ‘El tiempo pasa volando’, en el que versiona algunas de las canciones que pusieron banda sonora a mi infancia, que transcurría en paralelo a la suya porque nacimos el mismo año, 1973. En un país en el que aún no se había recuperado la imperfecta democracia de la que disfrutamos hoy en día (por suerte) y aún sangraban ciertas heridas que, como se está demostrando cuarenta y cinco años después, se cerraron en falso.

Recuerdos de infancia

Con estas canciones me asaltan fogonazos de una ingenuidad que nunca volverá, de seres queridos que ya no están, pero que permanecen agazapados en mi memoria y en mis sueños, del niño perdido que aún no había encontrado su camino y que, en cierta medida, continúa buscándolo.

Sigo a Miguel Poveda desde que le descubrí en una lírica y no suficientemente ponderada película de Bigas Luna, ‘La teta y la luna’, y la primera vez que acudí a una actuación suya fue hace algo más de diez años en el Teatro Español de Madrid, donde compartió escenario con Martirio, otra de las artistas que sigo venerando, porque también canta desde las vísceras con una voz suave como terciopelo y llena de arabescos.

 

Artista versátil

El cantaor ha sido un artista valiente, que ha sabido explorar caminos nuevos dentro de su arte y nunca se ha acomodado, a veces ha acertado más que otras, pero su impronta está en cada uno de sus discos, que no han sido paridos para hacer caja sino en función de lo que ha necesitado expresar o le ha pedido el cuerpo.

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Miguel ha sido también valiente al hablar públicamente de su homosexualidad,  cuando un público muy conservador podría haberle dado la espalda, al compartir su vida con elegancia, sin estridencias ni dramatismos, para apartarse de quien no le convenía y ahora disfruta también de un hijo muy deseado, un ‘Angel que ha transformado su vida.

Cuando leo o veo sus entrevistas me gusta comprobar que se encuentra donde quiere estar y que es muy consciente de que, en efecto, el tiempo vuela, y sabe cómo sacarle partido.