Eurovisión y los eurofans no se merecen este maltrato

Foto Alfred García y Manel Navarro

Hace muchos años que puedo decir que no soy eurofan, pero en mi infancia y mi adolescencia, cuando aún no se había inventado el término, lo era. El año empezaba y acababa para mí no el 31 de diciembre y el 1 de enero, ni con el ritual de las campanadas sino con el festival de Eurovisión.

Entiendo la preocupación que genera las decisiones equivocadas que un año tras otro se toman para elegir a nuestros candidatos. Porque para los eurofans este certamen musical lo es todo. Muchos de ellos se pasan ahorrando todo el año para poder verlo en directo y para ellos es casi una religión. Se saben los nombres y los resultados de los participantes de todas las ediciones, apoyan a los artistas a muerte y lo viven con tanta intensidad como los forofos del fútbol una final de la Champions. Con todo su derecho, por cierto. De hecho me siento más cercano a ellos que a los que solo saben hablar de un deporte que sirve para anestesiar a las masas y mantenerlas entretenidas mientras otros van convirtiendo nuestro mundo en un lugar peor para vivir

El fenómeno Rosa López

El año pasado Amaia Romero y Alfred García merecieron mejor suerte, pero siento que la televisión pública optó más por el revuelo mediático que por conseguir un óptimo resultado. Ya me habéis podido leer anteriormente que hubiera sido más acertado que fuera ella sola con la canción de Rozalén.  Se ajustaba más a su estilo y estaba a un nivel superior de la que se escogió, según mi parecer, para explotar el lado ‘reality’ de ‘Operación Triunfo’. Induciendo los votos en la dirección en la que salieron, quisieron hacer lo mismo que con Rosa López, pero la jugada salió mucho peor.

[LEE MÁS: Rosa López va a salir adelante: siempre será una grande]

La participación del año pasado

Respecto al año anterior me voy a ahorrar los calificativos porque con la elección de Manel Navarro eché espumarajos por la boca. No me gusta revivir las malas experiencias, así que, chitón. Por cierto que se deberían haber depurado responsabilidades, pero no se hizo.  Nos tenemos que remontar a artistas de mayor fuste como Pastora Soler o Ruth Lorenzo para encontrarnos con una posición digna. Casualmente las dos colaboran ahora en el último disco de Camilo Sesto, de quien un día escribiré como se merece.

Ahora da la sensación de que TVE no tiene el más mínimo interés en que ganemos. Y ante esa tesitura, considero que tal vez no sería mala opción, como han hecho otros países anteriormente, que no nos presentáramos hasta que nos los volviéramos a tomar en serio.

[LEE MÁS: Pastora Soler, la Rocío Jurado que pudo haber sido y no es]

Desconozco las cifras de beneficio que puede generar la organización de este concurso, pero imagino que serán elevadas. Además, tanto que hemos alardeado de marca España y hemos tenido a muchísimas personas viviendo gracias a ese absurdo concepto de marketing haciendo gestiones absurdas y viajando por el mundo a costa del Estado, una excelente manera de hacer ‘branding’ es trayendo para acá Eurovisión. Sería una campaña de publicidad espléndida para la ciudad en la que lo celebráramos. Como lo fue para Lisboa, gracias a que eligieron a un gran artista, Salvador Sobral, con una  canción excepcional. Como lo va a ser este año para Tel Aviv.

Ver esta publicación en Instagram

Obrigado. Gracias. Merci. Thank you. 🙏🏻❤️

Una publicación compartida de Salvador Sobral (@salvadorsobral.music) el

La edición de este año

Por lo que he leído en Twitter hoy, que han trascendido las canciones candidatas,  no hay mucha esperanza en que lo hagamos bien de una vez. Así que no pienso prestarle más atención que ver la gran final en televisión. Es una cita que me conecta con mis años de inocencia, de descubrimiento y en los que se gestó la persona en la que me he convertido. Seguiré viéndola aunque sigamos maltratando a los nuestros o presentando candidatos que no sirven ni para una fiesta de fin de curso. Como ha pasado en algunas ocasiones que todos tenemos en la memoria.

Si tratáramos Eurovisión con el mismo respeto y cuidado como al fútbol o a los toros, una actividad que consiste en matar animales en directo con una larga agonía para los animales, nos iría mejor. También a los artistas que comprometen sus carreras por aceptar participar. Porque un mal resultado  te puede condenar al escarnio, el olvido y hasta la ruina económica. Como le ocurrió a Remedios Amaya, una de las grandes voces de nuestro país, a quien le deseo que ya esté bien de salud.

La gran olvidada

Por cierto, quiero aprovechar este artículo para reivindicar también a Anabel Conde. Quedó segunda, algo que ahora parece impensable. Una de las mejores actuaciones de todos los tiempos que TVE elimina de los resúmenes o especiales que se hacen sobre el certamen. Algo que me encantaría que me explicaran por qué.

Un país que no respeta a sus artistas no se respeta a sí mismo. Y una televisión pública que pagamos todos también debería cuidar a su audiencia. Se lo merecen los eurofans y los demás también.

Pastora Soler, la Rocío Jurado que pudo haber sido y no es

Fotografía Pastora Soler

Si por algo me gusta envejecer es porque voy acumulando vivencias que echan raíces en mi cerebro y van formando un laberinto de pensamientos que se nutren unos a otros. Por eso, cuando estoy escribiendo un artículo ya tengo en mente el siguiente.

Así que anoche, mientras terminaba uno sobre Lolita Flores ya había decidido que en cuanto encontrara un rato dedicaría unas líneas Pastora Soler, a quien he entrevistado en un par de ocasiones y a quien he visto como espectador en momentos cruciales de su carrera: su primera intervención en televisión en unos premios Fotogramas de Plata o en la presentación de algunos de sus discos.

[LEE MÁS: Lolita Flores, el triunfo de la verdad, su verdad]

Pilar, que es su verdadero nombre, es un descubrimiento de uno de los ‘reyes Midas’ del mundo del espectáculo español, Luis Sanz, mentor de Rocío Dúrcal, que vio en la rebautizada Pastora el futuro de la copla. Es más, hubo quien se aventuró a decir que era la heredera natural de Rocío Jurado. Por su portentosa voz, que fluye de su garganta sin aparente esfuerzo, y su capacidad innata en un género que, si no tratas con delicadeza, puede llevar a la sobreactuación o incluso a la parodia.

Entre la copla y el flamenco

Es tal su versatilidad que, al igual que ‘la más grande’, se desenvuelve con soltura en diversos palos del flamenco. Por eso en su repertorio nunca falta ‘Qué no daría yo’, uno de los títulos más emblemáticos de la intérprete de Chipiona.

Así, sus primeros años los pasó Pastora recreando las coplas que habían sido la banda sonora de su infancia, como ‘Triniá’, que cantaba con especial maestría, para luego adentrarse en el mundo del pop y, en los últimos años, convertirse en una baladista que nada tiene que envidiar a Céline Dion, como ya evidenció en su portentosa actuación en el festival de Eurovisión.

Hace cosa de un año asistí en el Teatro Real de Madrid a la presentación de su último disco, ‘La calma’, donde, acompañada por un piano y a pulmón interpretó algunas de sus canciones. En la primera fila, su padre, delicado de salud, veía con orgullo cómo su hija estaba ya más que consagrada como la gran artista que siempre soñó ser.

Una artista versátil

Lo fácil para ella hubiera sido seguir el camino que parecía tener marcado, intentar, como tantas otras, abrirse camino en el complicado mundo de la copla, pero su ruta era otra. Y es ahora, que ya ha recogido muchos de los frutos (porque aún llegará más lejos), cuando puede desplegar en un concierto las mil y una Pastoras que hay dentro de ella.

Sus fans la quieren en todos sus registros, popera, romántica, flamenca, coplera, porque, después de todo, lo que más importa no es tanto lo que se cante sino la impronta que se le da. Pastora tiene los límites que ella se quiera poner y estoy de acuerdo con Camilo Sesto cuando en la presentación de su nuevo disco hace unos días afirmó que había tenido la suerte de contar colaborar en él con las mejores voces de España: Mónica Naranjo, Marta Sánchez, Ruth Lorenzo y Pastora.