‘Dolor y gloria’: Pedro, España entera te debe la gloria del arte de España

Dolor y Gloria Almodóvar

Hoy se estrena por fin ‘Dolor y gloria’. No la he visto aún, pero ya estoy nervioso. Como novia que se casa, como desempleado que tiene una entrevista de trabajo. Me encanta sentir esa emoción, ese cosquilleo que tan pocas cosas me provocan como un estreno de Pedro Almodóvar. Lo bueno y lo malo es que en unas horas se me habrá pasado esta desazón, aunque seguiré dándole vueltas a lo que he visto y a los detalles que se me habrán pasado por alto, lo que me obligará a repetir.

Porque sí, amigas, seré ‘pedrista’ hasta que me muera (y no me refiero a Sánchez). No me importa si sus películas son mejores, peores, maravillosas, mediocres o disruptivas. Lo que sé es que siempre salgo del cine más feliz que entré. A veces por todo el metraje, otras por un fogonazo, por un detalle, por una frase que se convierte en ‘sampling’. Por lo que sea, Almodóvar hace que mi vida sea mucho mejor.

Las críticas de Carlos Boyero

Esta mañana escuchaba una crítica de Carlos Boyero que achacaba el fenómeno Almodóvar a sus innegables cualidades para el marketing. Una actitud despreciativa que viene mostrando desde hace muchos años y que, allá él, porque su influencia sobre el espectador es posiblemente mucho menor de lo que se cree. A veces ocurre como en las películas de terror, que si acumulas los sustos dejan de surtir efecto. Por eso sus palabras son anestesia para mis sentidos, dormidina para mis noches de insomnio. Nada.

Ya digo que aún no he visto ‘Dolor y gloria’ y he intentado leer lo menos posible sobre la pelicula. Para llegar virgen y mártir a la sala. Mis expectativas no son ni altas ni bajas, porque no me planteo nada. Soy como un eurofan ante Eurovisón, ya estoy convencido de antemano, porque sea lo que sea no voy a salir defraudado. Como nunca lo hicieron Buñuel o García Lorca o Truman Capote. Genios que tuvieron días mejores o peores, pero que solo les parieron una vez para dejarnos un mundo mejor y más inteligente. Otros, por el contrario, parecen clonados, se mueven en la medianía, en la osadía de la mediocridad y su impronta es fugaz como hoja de calendario.

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Por mi devoción hacia Pedro Almodóvar, a quien nunca he tenido la oportunidad de entrevistar o conocer, aunque me encantaría, voy a parafrasear a Rocío Jurado, cuando en un homenaje a Lola Flores le dijo lo que ahora le voy a aplicar al hijo de doña Francisca Caballero: «Yo no sé si esto servirá de algo, pero esto tiene que ser el comienzo del homenaje que te tiene que dar España. Porque España entera te debe la gloria del arte de España. Y ya no digo más nada».

Hoy hablaré de mí

Hace apenas un año mi vida sufría un giro esperado: me despedían de mi anterior trabajo. Una noticia que me llenaba de alivio y me permitía emprender nuevos caminos. No siempre es fácil asimilar estos cambios, sobre todo si has superado la barrera de los 40, porque todavía hay quien piensa que la edad puede ser un obstáculo, aunque para mí siempre será una bendición. Así que yo hice frente a esa situación lleno de optimismo y, en mi caso, las plegarias sí fueron atendidas. Encontré inmediatamente un nuevo reto laboral del que estoy a punto de celebrar el primer aniversario con entusiasmo y energía. Como no puede ser de otra manera, cuando estás en la fase de enamoramiento, porque te vuelve a gustar lo que haces y retas a tu mente a dar siempre una vuelta de tuerca más.

Ayer viajaba a Torremolinos para cerrar la compra de un piso después de casi diez meses de búsqueda. Era otro deseo que quería poner en pie porque este giro de guión me había dotado de las condiciones financieras para poder hacerlo realidad. Fui y vine tantas veces que más de una ocasión estuve tentado de decir, como Rocío Jurado, «no vuelvo más nunca al AVE», pero la perseverancia, una vez más, dio sus frutos. Porque, en un momento en el que me intentaban hacer creer que los precios crecían por días y que tenía que comprar cualquier cosa antes de que fuera demasiado tarde, encontré mi oportunidad y no la dejé escapar.

Ayer, en el tren de vuelta, cansado por un día de muchas emociones y las mil gestiones, pensaba que la vida me viene tratando muy bien últimamente. Estoy fenomenal de salud, tengo una familia férrea siempre a mi lado, sigo contando con amigos que me han ayudado a levantarme cuando me he caído. Y, como Antonia Dell’ Atte, de mi vida privada no hablo.

No al pesimismo

Detesto los refranes, porque no son verdaderos. Sobre todo aquel que mantiene que «dime de lo que presumes y te diré de lo que careces». Creo que estamos tan acostumbrados a quejarnos y está tan mal visto socialmente que digas que te van bien las cosas, que nos perdemos la oportunidad de hacer partícipes a los demás de nuestra felicidad. Incluso nosotros mismos nos acostumbramos más a la queja que a pellizcarnos para darnos cuenta de que lo que nos está pasando es verdad.

Estoy contento con quien soy y con cómo estoy, así que lo único que le pido a Dios (en quien no creo) es que no me siga quitando seres queridos, de forma repentina o tras largas enfermedades. Porque en esto sí tengo queja. Y mucha. En pocos años se me ha ido demasiada gente, pero el hacer tantos duelos me ha ayudado a vivir con el pie más en el presente que en el futuro. A ser consciente de que el tiempo es tan limitado que no puedo ni perderlo ni regalarlo. A elegir con quién estoy y dónde.

Lo que le debo a Lola Flores

Lola Flores con sus hijos pequeños

No hay día que no encuentre ocasión para mencionar a Lola Flores por algo. En general repito alguna de sus frases como sentencias. O recreo alguna ocurrencia que se hizo viral antes de que existieran las redes sociales. Porque al igual que le ocurre a Madonna, que casi todo lo que hacen las cantantes ahora, ella ya lo había ideado décadas antes y sin adulterar por lo políticamente correcto, la Faraona fue pionera en tantas materias que es complicado que el molde se vuelva a romper.

Le debo muchas cosas a Lola, la más importante que ha hecho que mi vida sea más feliz. Y es algo que no puedo decir de mucha gente con la que he compartido miles de vivencias. Por desgracia, a la intérprete de ‘La Zarzamora’ solo la vi una vez y fue metida en su ataúd, envuelta en una mantilla blanca y descansando después de una titánica lucha contra la enfermedad que hasta a ella, que era invencible, se la llevó por delante.

Adiós a La Faraona

En aquel entonces estaba estudiando Periodismo y vivía en un Colegio Mayor, en el que se cenaba sobre las ocho, así que mi amigo Claudio y yo, tras engullir un filete empanado como perros ansiosos, enfilamos para el ahora teatro Fernán Gomez. Una cola inmensa daba la vuelta al edificio y tuvimos que esperar unas dos horas para ver durante unos segundos a una artista a la que seguimos venerando con igual intensidad. O más. Con ella moría una parte de mi infancia, en la que el torbellino de colores y las rancheras de Rocío Dúrcal ya me marcaban un camino, que ha tenido sus rosas con sus pertinentes espinas. Así que tenía que estar en ese adiós, que era mi última oportunidad de encontrarnos cara a cara.

En el caso de la que fue ‘más bonita que ninguna’ no pude hacer lo mismo, pero sigo guardando en mi corazón aquella tarde que pasamos charlando entre cervezas sobre sus obras y sus milagros (artísticos), que fueron muchos, en su chalet de Torrelodones. Pero esta es otra historia que otro día contaré, porque a Marieta también le debo un artículo en condiciones…

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Viva la Madre q me parió❤️❤️❤️❤️❤️❤️

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Los vídeos de Lola Flores

No soy dado a la nostalgia, un sentimiento que te desvía de lo que te queda por vivir, pero sí atesoro los recuerdos como esos antiguos álbumes de fotos en los que antes de la revolución digital tratábamos de mantener organizada nuestra biografía entre papeles de seda, que servían de pantalla para que el tiempo no erosionara tan deprisa esas instantáneas. De igual forma, no necesito recurrir a Youtube para recordar las actuaciones de Lola Flores en televisión, aunque sí lo suelo hacer porque verla es como un chute de endorfinas, te vienes arriba. Y cuando haces pop, ya no hay stop. Empiezas a ver vídeos y te pueden dar las cuatro de la mañana.

Ya no quedan casi artistas genuinos, que verbalicen evidencias como que el brillo de los ojos no se puede operar. Un fulgor que no se apaga, porque sus mariquitas, como se refirió a nosotros en una entrevista con Lauren Postigo, vamos a ella como las polillas a la luz. Aún así, sigo pensando que aún no se ha cumplido aquella delirante pero certera petición que hizo Rocío Jurado en una gala para honrar a la madre de Lolita, Rosario y Antonio Flores: «Yo no sé si esto servirá de algo, pero esto tiene que ser el comienzo de todo el homenaje que te tiene que dar España, porque España entera te debe la gloria del arte de España».

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Memoria histórica y afectiva

La mejor manera de rendir pleitesía a los que ya no están es recordarlos, hablar de ellos, pensar que harían si estuvieran en tu lugar, si te pudieran aconsejar. Los seres queridos no se van hasta que nosotros deseamos que así sea. La memoria es uno de los grandes dones que nos han concedido la evolución y la genética. Gracias a ella, Lola Flores no ha muerto y es esta capacidad la que nos hace más humanos, menos raros. Si atesoramos lo bueno y desechamos lo malo, eso sí.

José Manuel Parada ha hecho tanto por el cine español como Buñuel (o casi)

Luis Buñuel

Ya me veo teniendo que salir a la calle con guardaespaldas por decir esto, pero así es: José Manuel Parada ha hecho más por el cine español que la mitad de directores vivos y muertos. Por supuesto, no más que Buñuel, que es el mayor genio que tuvimos y tendremos, por eso lo del ‘casi’.

Esta frase la dije ayer espontáneamente en una cena en el restaurante Ramsés de Madrid, donde nos reunimos un grupo de periodistas capitaneados por Santiago Alveriú, creador de los premios Yago (y nominado este año al Goya al mejor actor revelación por ‘Selfie’), para decidir a quién se lo damos este año en la categoría de honor.

Estos galardones reconocen desde hace cinco años a los eternamente olvidados por los Goya y ya los han recibido, entre otros, el irrepetible Chiquito de la Calzada, por quien brindamos ayer con un copazo de Hendrick’s (que son los patrocinadores), Ángela Molina o Mariano Ozores.

Un premio muy merecido

Os avanzo que ya tenemos veredicto y que no se puede desvelar todavía, pero os vais a tener que sentar cuando se haga público su nombre. Como decía, me vino anoche José Manuel Parada a mi mente, siempre dispersa, pero despierta, porque a él se le podría aplicar la frase que le dijo Rocío Jurado a Lola Flores en un homenaje que le hicieron a La Faraona poco antes de morir: «España entera te debe la gloria del arte de España».

Majos, que no es ironía. ¿Qué hubiera sido de ese cine español tan denostado sin él? Pues habría muerto apolillado en el baúl de los recuerdos de Karina, cuya película ‘En un mundo nuevo’ también pasó por el emblemático ‘Cine de barrio’, del que fue artífice el periodista gallego y que ahora está en manos de la no suficientemente ponderada ‘encantada de la vida’, Concha Velasco.

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José Manuel Parada, a quien hace unos días vi fugazmente en ‘Sálvame’ (creo que iba a hablar de Pepa Flores, pero me puse a leer ‘El ojo del cielo’, la espléndida novela pasiega de Manuel Gutiérrez Aragón), no ha tenido el reconocimiento público que se merece por esta labor que a priori parecía una quimera.

Hubo una época en la que yo iba a su programa para entrevistar a sus invitados para la publicación para la que trabajaba, porque por allí pasó todo el ‘who is who’ de nuestro ‘star system’ y se pusieron al piano de Pablo Sebastian a cantar canciones de Manuel Alejandro, de Augusto Algueró o del que que viniera al caso.

Una respuesta muy lógica

Aunque fui varias veces a Prado del Rey, donde se grababa el espacio, mi trato con el periodista fue poco frecuente y no hace tanto, cuando murió Marujita Díaz, me pidieron, con poco tacto, que le llamara por teléfono por si me ayudaba a localizar a la sobrina de ‘chim-pum’. Él, con mucha lógica, me respondió sin alzar la voz que agradecía mucho que después de tantos años sin que la publicación mostrara interés por su persona le pidiera ese favor.

«Te entiendo, José Manuel». Colgó. Colgué. Fin de la conversación.

Así que ahora, imbuido por el espíritu de los premios Yago, quiero hacerle este pequeño homenaje a José Manuel, a quien ya seguía de adolescente en la radio en ‘La noche de las sábanas blancas’. Gracias a él se dignificó, se contextualizó y se puso en valor una cinematografía a la que se había tratado muy mal. Él supo envolver cada película, mimarla, quitarle el polvo de tantos años arrumbada en un desván, y conseguir audiencias que muchos, que siguen vinculados a cadenas públicas y privadas, no han tenido en sus vidas.

José Manuel, never forget.

Cómo sobrevivir a una pareja celosa

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No siempre resulta fácil descubrir a una pareja celosa. Lo que al principio parecen muestras de cariño o de obsequiosidad son en realidad manifestaciones de posesión, pero cuesta reconocer que es así. Nuestra propia mente nos pone trampas, porque no está preparada para admitir que alguien pueda comportarse de esta manera.

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En las primeras etapas del enamoramiento, lo que esperamos es que la otra persona esté pendiente de nosotros, nos mande mensajes intempestivos, nos haga regalos inesperados, quiera saber qué hacemos en cada momento. Simplificando: que se desviva.

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Nosotros solemos hacer lo mismo, estar expectantes ante cualquier señal que nos pueda confirmar que esa persona nos desea, en la acepción sexual del término, pero también nos quiere, pretende estrechar los lazos afectivos y, quién sabe, echar raíces.

Dicho todo esto, si lo que buscamos es eso, que también podemos optar por encuentros lúdicos sin trascendencia como manera de vivir. En ese caso, cualquier gesto que busque una mayor intimidad que la de un rato de alegría para los cuerpos nos molestará muchísimo, pero ese no es el asunto que nos ocupa en este artículo.

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En los primeros meses de acercamiento es normal que nos parezcan bien todas estas manifestaciones, a veces, incluso sobreactuadas, también por nuestra parte. El problema viene después, cuando ya tenemos más o menos la certeza de que hemos formado una pareja y que estamos construyendo algo sólido.

Individuos controladores

Es entonces cuando nos tiene que preocupar que nuestro ‘partenaire’ nos llame por teléfono constantemente, que fiscalice todo lo que hacemos o que pretenda estar presente también en nuestros momentos de ocio, por ejemplo, con nuestros amigos o compañeros de trabajo.

De hecho, otra de las estrategias de este tipo de individuos es tratar de aislarte de tu entorno afectivo para evitar ser identificado como ‘celoso’. Utilizará sus recursos de persuasión para desprestigiarlos, si se viera en la necesidad, buscar sus puntos débiles e intentarte hacer ver que no te convienen. Una estrategia también del maltratador psicológico, una tipología aún más complicada.

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Si estás viviendo una situación así, huye. Esa persona es un peligro para ti, porque sin que te des cuenta estará construyendo una cárcel con rejas invisibles de la que cada vez te costará más salir.

Un caso real

Yo mismo tuve una experiencia de este tipo y me costó mucho darme cuenta de que habían tejido a mi alrededor una telaraña de la que solamente había una manera de escapar: cortar de raíz. Cuando vi que la situación era irreversible y me encontré con fuerzas, al igual que en la canción «No More Tears (Enough is Enough)» de Barbra Streisand y Donna Summer, dije, mucho más castizo: «Hasta aquí hemos llegado».

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El celoso nunca cambia, cederá terreno cuando se sienta entre la espada y la pared, pero esperará a que te relajes para, como cantaba Rocío Jurado, volver al punto de partida. Por desgracia para este tipo de individuos, no pueden evitarlo, está en su naturaleza.

Una fábula popular

En ‘Juego de lágrimas’ (Neil Jordan, 1992), una película que marcó mucho mi juventud, se cuenta la fábula de la rana y el escorpión (atribuida a Esopo, aunque su origen es desconocido), en la que el artrópodo, tras mucho insistir, consigue que el anfibio le cruce a la otra orilla. A mitad de camino le clava su aguijón y, con una lógica aplastante, le dice antes de morir: «Está en mi naturaleza».

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Esa es la realidad, quien es celoso, salvo que se someta a una intensa terapia y acepte con humildad su condición para que sea efectiva, acabará sus días así.

En ocasiones sin sufrimiento y otras torturadísimo, como muy bien ejemplifica Luis Buñuel en ‘Èl’, una de sus películas más brillantes de su etapa mexicana, en la que Francisco, un joven de buena posición arruina su vida y la de Gloria, la novia de un amigo suyo, que acaba conquistando, por su irracional afán de posesión.

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Como todo en la vida, habrá quién esté encantado con este perfil de pareja, que no se sienta atrapado y no le importe carecer de libertad. Si es por decisión propia y nadie resulta dañado en esa dinámica, nada que objetar.

Si no, mejor buscar a alguien que respete tus espacios, que te de tiempo a que le eches de menos, que no trate de convertirte en alguien acorde a sus expectativas, sino que fomente las tuyas. Solo así lograrás un equilibrio necesario para que el afecto crezca sano y sin taras.