Ana Torroja, cuando ser jurado de televisión no es la mejor idea

Ana Torroja

Mi educación sentimental, como la célebre novela de Flaubert, está unida a Ana Torroja, con y sin Mecano. En mi adolescencia atronaba a los vecinos con sus canciones, que escuchaba con una cadena musical de esas que tenían un tocadiscos por encima y una doble pletina con las que copíábamos las cintas de casette y nos las pasábamos unos a otros cuando el presupuesto no nos daba para comprar más discos.

Una época mucho más rudimentaria que la actual, en la que no te da tiempo a mimar lo que entonces se llamaba un LP cuando ya tienes otros quince para escuchar. En los 80 y 90 no, te comprabas ‘Descanso dominical’ de Mecano o ‘Like a Prayer’ de Madonna y lo machacabas hasta que la aguja tropezaba por los surcos de los vinilos. Por eso los ‘hits’ de entonces perduraban y los actuales caen como hojas de otoño barridas por el viento. ¿Quién se acordará dentro de dos años de ‘Despacito’? Luis Fonsi y sus fans. Poco más.

Los tiempos vuelan y las personas vamos quemando etapas mientras matamos tecnologías. Ana Torroja no oculta que tiene casi sesenta años y que gracias a su disciplina ha conseguido conservar sus cuerdas vocales. Ha sido una trabajadora constante que ha sacado petróleo de sus cualidades y ha sabido sobreponerse al dramático momento de desgajarte de un grupo que lo ha sido todo a emprender una carrera en solitario que, ahí están los resultados, ha sido notable.

El refugio de los cantantes

Son estos galones los que le han permitido conseguir un sobresueldo en televisión, como tantos artistas que tienen que pluriemplearse, para ganar lo que hace dos o tres décadas, ejerciendo de jurado en ‘Operación Triunfo’. Sin embargo, sus habilidades, a mi entender, están muy por debajo de la de otros cantantes que participan en formatos de entretenimiento similares.

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El problema de Ana Torroja es que se mueve en el registro de la sensatez, los aires docentes y la pausa, incluso el buenismo, y eso en televisión no funciona. Su mensaje lo transmite correctamente, lo que falla es el cómo. No te irrita como una Mónica Naranjo en plan Risto Mejide, no te hace partir de la risa como Lolita Flores con sus vetustas anécdotas ni te hace morir de ganas de abrazar y dejarte envolver por los rizos de su hermana Rosario, que es mucho más entrañable de lo que podíamos imaginar.

Ana Torroja es un mito de la música, que está envejeciendo con dignidad sobre el escenario, que no se ha convertido en una parodia de sí misma (pese a algunos errores capilares, a mi entender que no soy ni peluquero ni estilista), como otros compañeros de profesión, a los que el público ha expulsado con el sarcasmo o el olvido.

Agradecido a Ana Torroja

Jurado de 'Operación Triunfo'
El jurado de ‘Operación Triunfo’. (Captura de TVE)

Y como para mí siempre estará vigente, haga lo que haga, porque le debo muchos ratos de soñar, de pensar en el hombre en el que acabaría convirtiéndome y de revulsivo cuando me fallaba la autoestima, le voy a perdonar que en la televisión no alcance la excelencia que en la música.

 

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Hace unos días reivindicaba aquí a Marta Sánchez, quien cuenta con una de las mejores voces y más entrenadas de España (aunque sigue siendo un personaje en busca de autor: su repertorio es muy mejorable). Ana tiene un menor rango vocal, no descubro la pólvora al decirlo, pero su timbre de voz y su coloratura son tan únicos que no ha salido ni saldrá otros como los suyos. Ni de lejos.

Ana Torroja.
Ana Torroja, exsolista de ‘Mecano’ (Captura de TVE)

Como Chavela Vargas, que casi no cantaba ni falta que le hacía, como Lola Flores, que decía que mandaran a Eurovisión  a Rocío Jurado, a ella no, que no era una buena cantante (lo afirmaba La Faraona, no yo, que no estoy de acuerdo), o como Leonard Cohen, que susurraba maravillas, Ana Torroja nunca será Montserrat Caballé ni Céline Dion, ni lo pretende. Ella es grande en lo suyo.

‘GH Vip’: cuando lo más bajo del ser humano te hace feliz

«No sé qué tiene la telebasura, pero engancha»,  dice uno de los personajes femeninos de ‘Volver’, la última gran película de Pedro Almodóvar (las siguientes han sido más flojas). Es un término, ‘telebasura’, que, como a Jorge Javier Vázquez, el presentador de ‘GH Vip’, me parece muy demodé y clasista. Pero si os empeñáis y para simplificar, vamos a dar por bueno englobar a este formato en esta categoría…

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Esta semana me ha dado por poner la tele generalista (últimamente solo consumo Netflix y HBO). Ya os contaba hace un par de días que me había tragado una gala de ‘Operación triunfo’ y ayer vi por primera vez el espacio que más alegrías le ha dado a Mediaset España en los últimos años. Y, qué queréis que os diga, que entre haberme puesto a leer un ratito a Borges o a Pessoa, a quienes ayer reivindicaba Jorge Drexler en los Latin Grammy, y ver este programa, me quedé con lo segundo.

Cultura y televisión

Me imagino al cantautor y a su mujer, Leonor Watling (su último disco con Marlango es espléndido, por cierto), sentados cada uno en un sillón de orejas en su salón, uno con ‘El Aleph’ y el otro con ‘Libro de desasosiego’, paladeando cada párrafo de estos dos genios de la literatura universal mientras escuchan un disco de Gustavo Santaolalla. Me entra una bajona que me tengo que acostar. Que igual no han hecho algo así nunca, pero cada uno escribimos ciencia ficción hasta donde nos dan nuestra imaginación y nuestros recursos lingüísticos…

Por el contrario, también los visualizo rodeado de amigos, comiendo unas pizzas precalentadas, bebiendo cerveza en lata y destripando ‘GH Vip. La cosa cambia (y no es incompatible). Seguro que ambos son muy divertidos (hace unos meses trabajé con Leonor y me pareció encantadora) y que se lo pasarían fetén viendo a Miriam Saavedra y a Mónica Hoyos en su existencialista lucha por Carlos Lozano como si fuera Marlon Brando, al Koala, que, en efecto, estaría muy bien en un corral, y a Makoke, rememorando noches de bailoteo en Pachá.

Los concursantes de ‘GH Vip’

Todo esto no para demonizar la alta literatura, que yo soy el más culto de mi bloque, aunque no tenga mucho mérito. Solo para evidenciar no está reñido leer a Marcel Proust o a Cervantes con disfrutar del lado frívolo de la vida. Estos programas deberían estar recetados por la Seguridad Social, porque seguro que a más de uno le sacaba de la depresión, de la modorra vital y suben la autoestima: siempre eligen a concursantes que están mucho peor que tú. Y no doy ejemplos por no ofender.

Jorge Javier Vázquez en 'GH Vip'
Gran Hermano Vip.

Ver lo más vil del ser humano en directo, bien  guionizado y orquestado por Jorge Javier Vázquez, que tiene mucho más talento del que la mayor parte de sus detractores juntos, es desengrasante. Tanto como el Fairy de Villarriba, que dejaba en evidencia a Villabajo. De vez en cuando viene divinamente darse un baño de realidad.

Terapéutico

Sin ir más lejos, después de apagar la tele me metí bajo el edredón nórdico y no recuerdo nada más. Hasta ahora, que acabo de desayunar, me he puesto Arusitys (enhorabuena por la audiencia), que me ayuda a desperezarme, y me he lanzado a escribir este artículo antes de irme a la redacción del medio para el que trabajo (estos artículos no están vinculados a él, advierto).

Por eso, os doy un consejo que podría cambiar vuestras vidas más que las obras completas de Paulo Coelho: que consumáis más televisión de este tipo y que no reneguéis de los ‘guilty pleasures’.