Vencer el miedo a lo desconocido


Nunca me caractericé por ser un tipo valiente, de los que dejaban todo en un calentón y se liaba la manta a la cabeza. Me ha costado mucho tomar decisiones en mi vida, por el miedo a lo desconocido o por creer que si me equivocaba las consecuencias serían terribles.

En mi infancia sufrí ‘bullying’ y no desapareció porque hiciera algo, sino porque se aburrieron de mi inacción, en mi adolescencia perdí muchas oportunidades de ligar por el temor al fracaso y en mis primeros años laborales soporté situaciones que hubieran merecido acabar en los tribunales.

Van pasando los años y ese miedo se ha mitigado considerablemente. Ahora los cambios no me asustan y hasta los celebro.  Los hay de dos tipos, los que te imponen, y ante eso solo puedes reaccionar para minimizar el golpe u optimizar los beneficios, y los que tú propicias.

Aprender a decir ‘no’

Es en los de esta segunda categoría donde tenemos más margen de maniobra, porque, incluso, podemos planificarlos. aunque, de igual forma podemos equivocarnos, pero al menos nadie podrá decirnos, mucho menos nosotros mismos, que no lo hemos intentado.

¡Cuántas veces no hemos terminado relaciones en las que no estábamos bien! ¡Cuántas veces no hemos dejado un trabajo en el que nos estaban maltratando! ¡Cuántas veces no hemos dicho «no» cuando tocaba!

Cumplir años tiene más inconvenientes físicos que ventajas, pero a nivel mental y emocional es muy útil porque te despoja de prejuicios, en general te sube la autoestima y multiplica exponencialmente la seguridad en ti mismo.

La asertividad, este concepto tan manoseado por los libros de autoayuda, es, sin embargo, una cualidad básica, que hay que usar para sobrevivir, no a las primeras de cambio. Está bien reafirmarse, pero también hay que ser consciente del terreno que pisamos y de lo que ponemos en juego. Eso sí, siempre es mejor equivocarse que quedarse con la duda y sufriendo por ello.

Un paso adelante

Por eso es importante dar un paso al frente ante lo que no nos gusta, es probable que los otros den uno atrás al ver nuestro avance. Y será entonces cuando seamos conscientes de lo importante que es marcar el espacio y saber decir: «¡Basta!».

Al fin y al cabo, casi todo lo que hacemos es reversible, así que para qué darle tantas vueltas si lo que está en juego es mucho menos de lo que parece…