Amaia Romero hizo bien en no ir a la gala de Eurovisión


No me extraña que ayer se desplomaran las audiencias a la mitad con respecto a la gala del año pasado en la que se eligió a nuestro representante de Eurovisión. Es consecuencia de varios elementos, el más claro es que los concursantes de esta última edición de ‘Operación Triunfo’ no han generado ni filias ni fobias. Simplemente indiferencia.

La canción elegida, ‘La venda’ de Miki Núñez nos situará posiblemente a la altura de Manel Navarro, porque peor no se puede. Le tocó defender un tema que parece más apropiado para un pub de borrachera de los 90 que para pretender ganar un certamen en el que, pese a lo ‘demodé’ que le parezca a algunos, se siguen mandando artistas y canciones de calidad. De hecho, la mayoría de los representantes de muchos países acaban convertidos en estrellas, pero en España sirve precisamente para lo contrario. Para sepultar en el olvido. O para arruinar carreras. Sobran los ejemplos.

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La realización de ayer fue desastrosa, el sonido defectuoso y las actuaciones eran más propias de artistas ‘amateur’ que de profesionales. La puesta en escena en algunos casos de todo a cien, como aquella enredadera de plástico que le pusieron a Julia. Por cierto, la que mejor defendió su tema fue Julia, con una eficaz canción de India Martínez que, bien producido, puede convertirse en un éxito.

Amaia Romero en Eurovisión

Fue la gala un momento para echar la vista atrás, pero solo un año. Así que ahí estuvo Alfred García, hecho un campeón, defendiendo su más que digno papel el año pasado al lado de la que entonces era su novia Amaia Romero. Ella se ausento y es lo mejor que pudo hacer. Habrá quien lo considerará un feo, que qué se habrá creído, pero cuando estás intentando fraguarte una imagen lo mejor es romper con el pasado. Además, se hubiera acabado haciéndose una exégesis del más mínimo movimiento, de sus palabras, de sus miradas… Todo menos su música, que es por lo que están peleando.

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Ya nos ha quedado más que claro que Amaia Romero no quiere ser identificada como concursante de ‘Operación Triunfo’ (o al menos eso parece). Y es de bien nacido ser bien agradecido, pero en su caso es entendible. Tampoco está intentando rentabilizar su imagen con campañas publicitarias o a través de Instagram, como Aitana Ocaña, ya convertida en una ‘influencer’. Seguramente en términos comerciales no será lo más inteligente quitarse de en medio, pero solo ella sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. Además, no hay nada peor que arrepentirte por las decisiones que los demás han tomado por ti.

Cuidar más Eurovisión

Tal vez Amaia no quiere ser una súper-estrella y lo que quiere es ser artista, lo que no significa necesariamente hacer caja. Hay situaciones en las que es más gratificante otro tipo de éxito y creer en lo que haces. Se equivoque o no, mientras TVE no se decida a cuidar Eurovisión tal vez sea mejor que no se te vincule a un fracaso como lo fue su paso por el certamen, en el que tanto Alfred como ella fueron víctimas de una mediocre puesta en escena y una desvaída realización. Y también hay que tener en cuenta que su reencuentro con Alfred hubiera desviado la atención de lo que los dos quieren lograr: salir adelante como cantantes.

Aplaudo que él si acudiera, que se emocionara tanto y que diera apoyo a los chicos que como él han salido de este programa. Lo que ocurre es que lo van a tener bastante difícil, por razones que no me apetece dejar negro sobre blanco porque no quiero herir los sentimientos de nadie.


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