Amaia Romero, la arriesgada (y acertada) estrategia para lanzar su disco


Los fans siempre somos y hemos sido impacientes, por eso entiendo tan bien la inquietud de los de Amaia Romero porque no acaba de sacar su primer disco. Cuando eres fanático (ahora se diría ‘follower’) esperas con ansiedad cualquier noticia de tu artista favorito y vives sus éxitos y sus fracasos como si fueran tuyos. Es más, te crees incluso capacitado para ser su mánager o para tomar decisiones sobre cualquier faceta de su carrera.

En mi adolescencia me hice muy fan de Vicky Larraz en su etapa en solitario (Leticia Dolera le hacía un divertido guiño en su opera prima ‘Requisitos para ser una persona normal). Me encontraba en esa época en la que reniegas de tu educación sentimental, de cualquier cosa que pueda provenir de los gustos de tus mayores. En mi caso, trataba de huir de las ‘folkies’ que ahora tanto adoro: Lola Flores, Carmen Sevilla, Marife de Triana… Entonces eran para mí lo opuesto a la modernez. ¡Qué equivocado estaba!

Mis ídolos de adolescencia

Su lugar lo ocuparon Vicky (por supuesto, en aquel entonces odiaba a Marta Sánchez, su sustituta en Olé Olé), Kylie Minogue y todos los artistas de la factoría Scott, Aitken y Waterman (Jason Donovan, Banarama, Rick Astley…). Necesitaba la aprobación de la manada de mi colegio que, sin embargo, tenía otros referentes: Radio Futura, Hombres G, Loquillo y los Trogloditas… Y por cierto, de nada sirvió, porque seguí siendo igual de impopular.

[LEE MÁS: Marta Sánchez, la Isabel Pantoja del pop: siempre metida en líos]

Décadas más tarde estoy en la posición de ver desde la nostalgia (y la envidia: la juventud está infravalorada) a los fans que anhelan un disco de Amaia de España, ahora que Rosa (también de España) ha roto su contrato con Universal.

Divas antagonistas

Las motivaciones de sus fans son las mismas que tenía yo entonces: que tu artista arrase, que machaque a su antagonista (siempre hay uno: Vicky-Marta, Paulina-Thalía, Céline-Mariah). Por lo que veo en redes, para muchos resulta incomprensible que no lleve ya meses pateándose España con sus canciones nuevas, como ya lo han hecho algunos de sus compañeros de concurso, Aitana, Ana Guerra, Cepeda, Agoney… Unos con mayor fortuna que otros, pero ya se puede decir que han dado el salto cualitativo de ser ‘triunfitos’ a convertirse en artistas discográficos.

View this post on Instagram

Esta noche nos vemos Valencia 💙 97.7

A post shared by Luis Cepeda 🦖 (@cepeda) on

Amaia, por el contrario, no parece tener prisa ninguna y sigue a su ritmo sin desvelar gran cosa de qué podemos esperar de ella. Hay muchas maneras de medir el éxito: porque has ganado tres millones de euros en televisión como Rafa Mora, extronista y colaborador de ‘Sálvame’, cuyo valor intrínseco no voy a describir aquí porque no es necesario, o por realizar un trabajo con el que te identificas, te apasiona y te impele cada mañana a levantarte con ganas de más.

El peligro de un ‘talent show’

Salir de un concurso de las características de ‘Operación Triunfo’ o ‘La Voz’ ha tenido en algunos casos el mismo efecto que una cerilla: es como un fogonazo muy intenso, pero que acaba pronto.

Por eso, Amaia, tal vez por decisión propia, quizás muy bien asesorada, esté desligándose del formato que la convirtió en estrella de una manera sutil: dejando que el tiempo haga su trabajo. Para conseguir este efecto tiene como mejor arma sus cualidades artísticas, que son excepcionales, pues es capaz de reinventar un tema de Florence and the Machine o de convertirse en una mezcla perfecta de Rosalía y Ana Belén interpretando el ‘Zorongo gitano’ de Federico García Lorca.

[LEE MÁS: A Pablo Alborán no le hicieron lo mismo que a Rosalía]

Quizás si hubiera publicado su primer disco en medio del fulgor mediático hubiera tenido más impacto en las listas de ventas, pero el producto hubiera sido mucho menos personal y menos cuidado en los detalles de lo que, seguramente, nos ofrecerá. Es muy probable que por las prisas se hubiera elegido peor el repertorio e incluso se hubieran tomado decisiones artísticas que hubieran podido predeterminar sus siguientes pasos en el camino equivocado.

El error de Eurovisión

En ciertas tesituras es mejor parar en seco y darse un tiempo para reposar las ideas y, en su caso, hasta la voz. También para desligarse del fracaso en Eurovisión. Algo de lo que ni Alfred ni ella son responsables, pues tanto TVE como el público, muy inducido en sus votos por la narrativa televisiva, optaron por el ruido mediático al jugar la carta de la pareja dentro y fuera de los escenarios en lugar de haber apostado por la canción ‘Al cantar’ de Roazalén, que era la más adecuada para su registro. Por cierto, que han grabado un dúo juntas que puede ser una bomba…

View this post on Instagram

🏺

A post shared by amaia romero (@amaia) on

Tiene a su favor un talento que le llevará muy lejos si lo encauza bien y la juventud. Todos los años del mundo por delante para acertar y equivocarse, y muy poco que perder. Al final he vuelto a caer en los tics de mi adolescencia: organizarle la carrera a Amaia. 

Ella sabrá…

 


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *