Amaia Romero, verdades y mentiras sobre una artista de solo 19 años


Definitivamente creo que me urge ir a ver la nueva versión de ‘Mary Poppins’ al cine. Eso o darme a las drogas duras. Porque estamos viviendo una época de tanta maldad, tanta ‘fake news’ y tantos valores pisoteados que me encantaría exiliarme de mí mismo. Teletrasportarme al 2080, en el que la televisión será ya un anacronismo y ‘Operación Triunfo’ el equivalente a las pinturas rupestres de Altamira. O volver al siglo XIX convertido en una de las hermanas Bronte o en Jane Austen. En el peor de los casos, reencarnarme en Flaubert o Leopoldo Alas ‘Clarín’, que tenían vidas mucho más interesantes que las del 99% de los que escribo habitualmente.

Igual no me vendría mal un apagón digital y hasta informativo. Leo y escucho cada cosa que hoy, que me acabo de hacer un plan de pensiones, me da pánico imaginarme en un futuro donde la crispación y el odio se hayan impuesto a la concordia y el respeto. No me quiero visualizar devenido un anciano en un mundo apocalíptico como en las novelas de Cormac McCarthy, pero en ese plan estoy hoy. Y como ya he dicho que de política no voy a hablar, que ya hay otros dedicados en cuerpo, porque alma no la tienen, y si la tienen está podrida, a vocear los argumentarios de los partidos, no me queda más remedio que volver a uno de mis temas más recurrentes: Amaia Romero.

Las exigencias de la cantante

No es amor ni obsesión, pero de repente acabo pinchando en cada artículo que no me queda otra alternativa que intentar poner luz donde otros solo ven tinieblas. Ayer leí una información, que estaría muy bien documentada, no lo discuto, en la que se citaban a fuentes de la discográfica Universal para decir que el disco de la exconcursante de ‘Operación Triunfo’ está no verde sino verdísimo. Que es complicado trabajar con ella porque cualquier decisión que toma pasa por el tamiz de su hermano y que cada paso que da lo consulta con su abogado. Esos eran los argumentos para hacer un retrato de la artista en el que se podía sacar la conclusión de que es imposible en el trato. Que igual es así, pero como no la conozco, no puedo ni confirmar ni desmentir.

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Aún así, hay algunos detalles que sería importantes tener en cuenta antes de sacar conclusiones sobre cómo es Amaia. Primero, solo tiene 19 años y es lógico que cuente con las opiniones de su gente de confianza porque por muy inteligente que sea le falta la sabiduría que da la experiencia. Segundo, seguro que está siguiendo el consejo de Mónica Naranjo, quien en una visita a los concursantes de ‘Operación Triunfo’ en una edición anterior les recomendó que lo primero que tenían que hacer al salir de la Academia era contratar un abogado. Y tercero, se puede tomar el tiempo que le apetezca en hacer un disco, porque es ella quien tiene que defenderlo en público.

La libertad creativa

He visto a tantos artistas fracasar por ceder a las imposiciones de sus discográficas que, a priori, no me parece mal intentar que prevalezcan tus ideas, aunque estés equivocado. Siempre se es más indulgente con uno mismo cuando ha asumido el riesgo que cuando ha permitido que otros lleven el timón.

De hecho, ¿cuántos ‘triunfitos’ grabaron el disco que les pusieron encima del tapete y nunca más se supo de ellos? Más de los que sobrevivieron al tsunami del olvido, una bestia como aquella lavadora de Mecano que no distinguía tejidos.

Como MIss Universo

También os digo una cosa, cariños míos, que mal está el mundo para le dediquemos tantas líneas y energías a hacer una exégesis de cada palabra que dicen los extriunfitos, que analicemos plano por plano de una gala televisiva para buscar interpretaciones en algunos casos torticeras de los gestos o las miradas. Y, sobre todo, que no estemos añadiendo nuestro granito de arena para conseguir el objetivo por el que tanto luchan las aspirantes a Miss Universo: la paz en el mundo.

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En cuanto al disco de Amaia, si es cierto lo que dicen, esperaremos sentados. Llevo anhelando cuatro años el nuevo de Céline Dion (sí, soy fan, lo admito, podéis defenestrarme) y otros tantos el de Madonna y no me he muerto. Porque la música no para. Mucho menos la vida.


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