Amaia Romero y el significado de su gesto hacia Alfred García


Las redes sociales son como los tatuajes, con una ligera ventaja: podemos borrar el contenido con un solo click. Aún recuerdo el calvario que tuvo que pasar Melanie Griffith para quitarse el de Antonio Banderas y no quiero ni pensar si tu pareja tiene un nombre compuesto y le lo has decidido hacer a un cuerpo de letra enorme en una región delicada de tu cuerpo. La actriz estadounidense se lo borró en una etapa de desamor, pero seguramente que ahora no le importaría que siguiera ahí, porque cuando se cierran les heridas emergen de nuevo los rescoldos de las llamas del pasado.

Ayer, que era el Día de los Enamorados, se escribieron, ya os lo digo por adelantado, millones de mensajes que dentro de nada dejarán de tener sentido y que desaparecerán, porque ‘el invierno llega aunque tú no quieras’ cuando se rompe el amor. El desamor es como un catarro inoportuno, que aparece sigiloso hasta que se te instala en el centro del pecho. Otras es como un infarto, que de te deja tieso en el sitio. No tienes capacidad de reacción porque se ha desatado una tormenta perfecta y ya no hay quién, al borde del precipicio, pueda dar un paso atrás.

Nuevos titulares en los medios

Amaia Romero ha decidido hace unos días dar en diferido el paso de borrar uno de los pocos vestigios de su ex, Alfred García, en las redes sociales (un vídeo, aunque sigue manteniendo una foto de ambos en IG), un gesto que en el mundo digital equivale a hacer una escritura ante notario o firmar un acta de defunción. Como es lógico, ha generado un torrente de artículos, porque a falta de música, buenas son tortas. El día llegará en que ese interés disminuya y no estemos los demás haciendo exégesis de pequeños ni buscándole los tres pies al gato al que cantaba Rosario Flores.

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La exconcursante de ‘Operación Triunfo’, una etiqueta, como la letra escarlata, que va a seguir llevando mucho tiempo, por mucho que demore el lanzamiento de su primer disco, apenas utiliza las redes sociales porque es una ‘outsider’. Se mueve al margen de los cauces más trillados y convive con la fama como los presentadores con la mosca de la tele. Hasta el mismísimo Narcís Rebollo, jefazo de su discográfica, Universal, ha dejado claro que no es de las que deja nada en lo que pueda estar involucrada en manos de los demás, y que malo será que para septiembre no tengamos fumata blanca.

Los motivos de Amaia Romero

Hacer ‘delete’ o ‘unfollow’ en Instagram es como quitar todos los portarretratos de tu casa porque no te apetece ver a un ser querido que ya no está o que ha dejado de serlo, pero no sabemos qué le ha llevado a Amaia a tardar tanto a dar este paso ni por qué lo ha hecho. Y que nadie espere que lo explique, porque no lo va a hacer…

Por mi manera de ser, yo habría mantenido ese vídeo, quizás porque soy poco nostálgico ni dado a recrearme en las imágenes del pasado. O porque soy de los que pienso que si quisiste mucho a alguien y cumplió su propósito en el pasado, debería prevalecer el recuerdo de lo bueno sobre lo malo. Nunca he entendido a los que despotrican sobre sus ex, solo porque ya no se aman (no es el caso de Alfred ni de Amaia). En mi caso, me resisto a renegar de etapas enteras de mi vida, a verlas en clave melodramática o salpicadas por el odio, que es una urticaria existencial que no te deja vivir.

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Su historia de amor

Como espectador, la historia de Amaia Romero y Alfred García fue bonita mientras duró y gracias a ‘Operación Triunfo’ va a perdurar en la memoria de los fanáticos del programa. Y quizás cuando pasen los años ellos también la recordarán con la ternura con la que atesoramos los recuerdos de nuestra juventud, una época en la que todo se sobredimensiona y se vive con mayor intensidad. Unos años en los que los errores se perdonan con más facilidad y los aciertos suelen ser fruto del azar más que del conocimiento o la intuición.


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