Céline Dion: delgadísima, rica y enloquecida


Hay un vídeo en Youtube de una señora que llama a televisión para afearle a Lola Flores que hubiera estado con tantos hombres, según ella iba a contar en unas memorias. La Faraona, que no le tenía miedo ni a un toro de Mihura, le respondió con mucha sorna y sentido común: “A lo mejor a usted le hubiera gustado hacer esa vida, pero no ha podido porque no era Lola Flores”.

Algo similar está ocurriendo con Céline Dion, a quien critican su extrema delgadez y también los looks que ha lucido en la Semana de la Moda de París. Se han atrevido incluso a decir que sería anoréxica. No no hace falta que ella lo desmienta: siempre ha sido flaquísima. Y, salvo cataclismo, será así hasta el final de sus días.

No hace falta más que revisionar su actuación en el festival de Eurovisión en 1988. Sus piernas eran dos alambres y la blazer que llevaba sobre una especie de tutú le quedaba grande. Las críticas, ya se sabe, llegan en la mayoría de los casos por envidia. Y ella no tiene la culpa de ser multimillonaria, tener tipazo y millones de fans en todo el mundo que pagan el carísimo precio de las entradas de sus conciertos. Porque ella lo vale. Hace años que dejó de estar de moda, pero sigue vigente. Algo que se puede decir de muy pocos artistas de su generación. O incluso más jóvenes.

Una familia humilde

Por si alguien aún no conoce su biografía, Céline proviene de una familia humilde en la que eran casi veinte hermanos. Es la encarnación de la Cenicienta en toda la expresión del cuento. Hasta su transformación exterior le ha permitido convertirse en una mujer atractiva de 50 años. Con cuerpazo que se puede poner unos modelos que en otras se verían ridículos. Ya sufrió en sus propias carnes una especie de ‘bullying’ mediático difuso a lo largo de los años, en los que se la tachaba de hortera y se afeaba retóricamente su físico. Aún así, lo encajó con estoicismo o indiferencia. Nunca lo sabremos. Ahora ha llegado su momento…

Céline Dion llegó a París con maletas repletas de alta costura y la clara intención de pasarlo bien. Ya ha tenido que vivir en muy poco tiempo la larguísima lucha contra el cáncer de su marido y la muerte de su hermano por la misma enfermedad, así que ha encontrado en la moda el divertimento que otros descubren haciendo crucigramas. A algunos les parecerá ostentoso y no la encontrarán elegante. A mí me parece que hace lo que se le antoja que es un lujo que a todos nos gustaría permitirnos.

Como si de Carrie Bradshaw en ‘Sexo en Nueva York’ se tratase, ha hecho desde hace ya unos años una clara apuesta por el más es más. Y ella puede con los estilismos que le ha plantado Law Roach o el mismo Pepe Muñoz, el amigo fiel y guapo que toda mujer soltera o viuda, como es el caso, tiene que tener para que la acompañe a los desfiles o a las fiestas. La cantante canadiense, que sigue trabajando muy duro, dando más conciertos al año que la mayoría de las cantantes de su dimensión, ha decidido que la vida es una fiesta, como escribió Heminwgay. Y lo está pasando como nunca.

La ‘locura’ de Céline Dion

Céline Dion se ha vuelto loquísima y no me puede gustar más esa actitud. Si tiene que aplaudir en un desfile, lo hace, si se le saltan las lágrimas, llora sin ocultarlo y si le da por ponerse un zapato a modo de teléfono, hace una llamada imaginaria de larga distancia. Ojalá todos tuviéramos el mismo espíritu lúdico y su sentido del humor cuando nos vienen mal dadas. Porque es esa misma manera de encarar algo tan banal y si se quiere, frívolo y efímero, como una Semana de la moda lo que los cronistas de las cabeceras más prestigiosas del mundo lo que están aplaudiendo: que ella no finge, es genuina.

Y en cuanto a su delgadez, que la disfrute, porque está perfectamente sana. Criticarla por eso es del mismo mal gusto que afear a alguien por sobrepeso. Si Céline Dion padeciera algún trastorno alimentario habría perdido hasta la voz y ella sigue llegando a las notas más altas en cada uno de sus recitales de Las Vegas.


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