Céline Dion: los motivos por los que ella ha sobrevivido y otras divas no


Hace unos días contaba en otro artículo que en mi adolescencia era eurofan sin saberlo, porque aún no se había inventado el término. Y, como si fuera una gripe que se cura con el tiempo, ya no lo soy. No porque tenga nada en contra de Eurovisión sino porque vivo ciertas cuestiones con menos apasionamiento que cuando me compraba discos de Azúcar Moreno o Sergio Dalma solo porque habían participado en este concurso. 

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A Céline Dion la descubrí cuando ganó en 1988 este certamen representando a Suiza, aunque, como todo el mundo sabe, es la reina oficiosa de Canadá. Al menos de la parte francófona, donde tienen devoción por su pequeño ruiseñor, a quien vieron crecer delante de las cámaras como si  su mánager y luego marido, René Angelil, hubiera descubierto, también sin ser consciente, una de las técnicas más en alza en el marketing, el ‘storytelling’.

Céline volvió al año siguiente a Suiza y estrenó su primera canción en inglés, ‘Where Does My Hear Beat Now’ y unos meses más tarde llegó el disco a mi pueblo, que compré en vinilo, y que guardo como oro en paño. En la portada, en blanco y negro, parecía una muchacha asustada que no sabía muy bien qué hacer delante de una cámara. Comenzó entonces mi devoción por una artista que nunca me ha defraudado porque tampoco he esperado de ella canciones que vayan a cambiar el mundo ni obras maestras experimentales. 

Estrellas caídas

Las modas son como las montañas rusas. Suben y bajan con tanta velocidad, que a veces vomitas de la impresión.  Desde mi niñez a la actualidad he visto tantos ídolos caídos, que podría dedicar decenas de artículos solo para enumerarlos y  contar qué pasó con ellos. Estrellas fulgurantes que habían llegado para quedarse pero se marcharon por la puerta de atrás. Sin decir adiós. Y cada día salen también artistas que, como una cerilla fallida, se apagan antes de coger fuerza para brillar.

Céline hace muchos años que dejó de ser ‘cool’. O quizás nunca lo fue. Sin embargo, cada vez que hace una gira agota sus entradas en cuestión de horas, aunque sus precios son muy altos.  El público quiere verla, escuchar sus largos parlamentos, que a veces rozan el absurdo, y sentir la calidez de una mujer que ha nunca ha ocultado ni sus miserias ni sus dramas.

La rivalidad con Mariah Carey

La audiencia ha seguido, como si se tratara de un reality, la muerte de su padre, la enfermedad de su marido, casi su agonía en directo, su funeral que parecía de Estado y ella Wallis Simpson en el entierro del  príncipe de Gales, su embarazo fallido, el nacimiento de sus gemelos, a los que se llegó a calificar de ‘bebés milagro’, su transformación en icono fashion… No ha escamoteado ningún detalle y siempre ha dado la cara. Sin caer en el ridículo, como le ha ocurrido a Mariah Carey, que es muy mala gestora de su propia imagen pública y de sus redes sociales. Aunque en el caso de la exmujer de Tommy Mottola es muy sangrante, pues es una excelente compositora que no recibe el respeto que merece.

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Céline sigue teniendo un punto naif que engancha y ahora que se va de Las Vegas, después de haberse convertido en multimillonaria, seguro que se le ocurren muchas cosas para seguir entreteniéndonos. Porque, cante o no cante, como personaje es adorable. La suya es otra manera de ser diva. Y me encanta…